Por Alejandra Herren

Infobae dialogó con el actor Osky Gusmán, la directora Penny Cherns, ty la actriz Malena Solda (Gustavo Gavotti)
Infobae dialogó con el actor Osky Gusmán, la directora Penny Cherns, ty la actriz Malena Solda (Gustavo Gavotti)

Más de cuatro largos siglos han pasado desde que William Shakespeare estrenara su impresionante obra La Tempestad el 1º de noviembre de 1611 en el palacio de Whitehall de Londres. Y desde entonces el mundo entero la ha puesto en escena una y otra vez, en todas las lenguas, en ocasiones con montajes memorables. Ahora llega una nueva ocasión para reencontrarse con estos mundos creados por el Cisne de Avón.

El viernes 18, en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, comenzará a rodar el resultado de una propuesta singular. Traducida por Marcelo Cohen y Graciela Speranza y dirigida por la directora inglesa Penny Cherns, la historia de Próspero volverá a vivir, inmortal.

Esta flamante versión teatral se produce en colaboración con el British Council a partir del programa Shakespeare Lives, desarrollado por la institución en 2016 para celebrar el 400 aniversario de la muerte de Shakespeare, cuando se inició una serie de intercambios artísticos entre Argentina y Reino Unido.

Las actores de la obra: Marcelo Xicarts, Malena Solda, Osqui Guzmán, Alexia Moyano, Iván Moschner, Gustavo Pardi y Martín Slipak
Las actores de la obra: Marcelo Xicarts, Malena Solda, Osqui Guzmán, Alexia Moyano, Iván Moschner, Gustavo Pardi y Martín Slipak

Pero el elenco y la mayor parte del staff es argentino. El elenco está conformado por Osqui Guzmán, Malena Solda, Martín Slipak, Alexia Moyano, Gustavo Pardi, Iván Moschner y Marcelo Xicarts. James Murray quedará como director adjunto cuando la directora Penny Cherns regrese a su país; el movimiento en escena y colaboración artística es de Abigail Kessel; la música original, dirección musical y diseño sonoro le pertenece a Rony Keselman; las luces de Eli Sirlin, el vestuario de Mini Zuccheri y la escenografía de Jorge Ferrari completan el equipo.

La Tempestad no está aislada del contexto geopolítico en el que fue escrita: en medio de la conquista de América, en tiempos de convulsión política y religiosa, la directora considera, en un escrito, que "la obra nos da una oportunidad para reflexionar sobre el poder, la gobernabilidad y la supremacía de la ley. Pero también nos obliga a echar una mirada sobre lo potencial de lo nuevo y la posibilidad de renacimiento. Todos tienen la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. Tiene que elegir. ¿La isla tiene un futuro o no? ¿Se pueden reconciliar hechos pasados? ¿Es posible que Miranda de Milán y Fernando de Nápoles puedan crear el maravilloso mundo nuevo?, y además, ¿un mundo que tenga futuro?".

Las intérpretes oyen a la directora Penny Cherns
Las intérpretes oyen a la directora Penny Cherns

El cuentito

Como es habitual en algunos de sus grandes dramas y tragedias, Shakespeare elige situar la acción en lugares y espacios lejanos. Próspero, duque de Milán, expulsado de su legítima posición por su hermano, ha naufragado con su buque y se encuentra en una isla desierta junto a su hija adolescente, Miranda.

La acción comienza en medio de una potente tormenta desatada por Ariel, una sílfide que se encuentra al mando de Próspero (que además de duque es mago y domina los elementos), a quien le debe haberla rescatada del cautiverio al que la sometió una bruja. La tempestad ha sido desatada por Ariel al saber que Antonio, hermano de Próspero y usurpador del trono de Milán, se encuentra en un buque próximo a la isla.

Con ayuda de Ariel, Próspero urdirá una estrategia para vengarse de su hermano. Pero la historia dará un giro copernicano.

Cómodamente instalados en el hall de la Casacuberta, Penny Cherns (que habla en fluido castellano), Malena Solda y Osqui Guzmán se prestan a la charla con Infobae Cultura y comparten el afán por indagar en los misterios de la obra del dramaturgo inglés. Los porqué, los cómo, los entramados que esconde, significados y significantes, y la infinita urdimbre de emociones y reflexiones flotan el aire.

Guzmán, Solda y Cherns (Gustavo Gavotti)
Guzmán, Solda y Cherns (Gustavo Gavotti)

-Penny, ¿La Tempestad es una historia sobre esclavistas y esclavizados? ¿Es sobre la posilidad de elegir entre el bien y el mal, o es sobre la posibilidad de empatizar con el otro?

-Creo que habla de todo eso (se ríe). Aunque pienso que más que empatizar es entender que se comparte una tierra, comprender que tenemos que crear entre todos algo para el futuro. Y obviamente cuestiones en torno a la esclavitud, a la tiranía, a conflictos de clase, como tenemos en Inglaterra. Siempre hemos tenido cierta idea de que tenemos el derecho de manejar los asuntos de los demás, sin darnos cuenta ni respetar la manera de operar de los habitantes de otras tierras. Y esto no solo como imperialistas sino en lo cotidiano, hemos ignorado la forma de convivir con otros. Próspero aprende que su manera de gobernar esta isla sin conocer a los habitantes quizás no sea la mejor manera de manejar las interrelaciones. Y lo aprende porque entiende que debe construir un futuro para su hija adolescente, Miranda. Comprende que tiene que perdonar y no vengarse.

-¿Por qué la humanidad sigue poniendo en escena a Shakespeare?

-Creo que porque Shakespeare, de todos los dramaturgos clásicos, es alguien que ha creado una manera completamente abierta de plantear a sus personajes. Siempre hay múltiples senderos que pueden escoger los seres humanos. Y creo que esa apertura permite abordar sus textos desde múltiples lecturas. Cualquiera, en cualquier idioma, en cualquier época y en cualquier lugar del mundo puede entrar en su universo desde un lugar diferente. Me parece que nadie ha superado eso.

Aunque el gran William es uno de los dramaturgos más representados a lo largo de las eras, existe una dificultad repetida en todos los puntos cardinales: el acartonamiento y la solemnidad suelen ser moneda corriente, con textos muchas veces agonizantes, incluso aburridos.

Tal vez eso sea lo que llevó a Al Pacino a filmar Looking for Richard, película en la que el actor estadounidense se pregunta cómo hacer Shakespeare y ensaya formas y reflexiones.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

Cherns tiene al respecto opinión propia: "Yo enseño Shakespeare todo el tiempo, porque de eso se trata mi curso en LAMDA, actuación para teatro clásico. Yo creo que esta rigidez sucede porque queda como una rémora de miedo de algo imperial. Incluso para los ingleses, Shakespeare no es el lenguaje que hablamos, ojalá lo fuera (se ríe). Pienso que no se entiende que se puede absorber el lenguaje y convertirlo en un lenguaje propio. Me parece, además, que en el mundo hemos perdido el nexo entre el lenguaje y el pensamiento. Las pantallas nos han habituado a leer los pensamientos de las personas sin palabras, y eso ha hecho que tengamos mucho miedo de las palabras como una manera de expresar pensamientos y emociones. Eso se refleja en este nuevo hábito entre los jóvenes de decir, por ejemplo, en lugar de 'Soy muy feliz', 'Soy como muy feliz', hay un distanciamiento verbal de la emoción, de la que no puedo hacerme cargo… A eso sumémosle la cuestión simbólica: los ingleses tenemos a Shakespeare y a la reina para mostrarles a los turistas (carcajadas). Hemos mantenido esa imagen de Shakespeare y la gente piensa que debe hacerlo en ese mundo propio que no le es propio".

De principio a fin

Malena Solda y Penny Cherns se conocen desde hace años. De hecho, este proyecto se ha concretado gracias a ese vínculo, nacido cuando Malena estudió en el Programa de Actuación Clásica de la London Academy of Music and Dramatic Art (LAMDA), del que Cherns es directora. "Yo conocí a Penny en la LAMDA, donde ella es profesora y directora -cuenta Solda-. Por otro lado, Penny vino hace siete años a Buenos Aires y organizamos, junto a James Murray, un seminario para actores. Así empezó ella su relación con la Argentina, que siguió después con otro seminario y un espectáculo que trajo en 2016 al Festival Shakespeare. En ese contexto, hace tres años Penny me escribió contándome que quería volver a la Argentina y mantener el vínculo, y entonces empezamos a pensar en la posibilidad de hacer una obra juntas".

La posibilidad no surgió de la casualidad. Malena fue a pedir apoyo al British Council. Se eligió La Tempestad, según explica, porque era una de las obras que tomaba la institución en toda la región para hablar de las utopías y las distopías, y porque las tentó la calidad de los personajes de la pieza. Y entonces obró la causalidad: en una reunión del British Council, donde todos los artistas que estaban comprometidos en proyectos con ellos exponían los pormenores de sus sueños, estaba el director del Teatro San Martín, Jorge Telerman. Como el destino trabaja en formas misteriosas, aquí están, a punto de estrenar.

Curiosamente, Malena no será Miranda (Alexia Moyano), la hija de Próspero -que será encarnado por Osqui Guzmán-, sino Ariel. "¿Por qué? Porque fue decantando solo… -responde Solda-. Aunque Miranda era muy tentadora, porque desafía al padre, se acercaba mucho a lo que yo ya había hecho. Ariel es totalmente diferente. Partiendo de la base de que no es un ser humano, me pone en un problema mucho más interesante, incluso por la relación que tiene con Próspero, el tipo de tensiones que tiene. Además, no es naturalista, y toda la búsqueda corporal que hicimos con Abi Kessel (preparadora física) fue realmente desafiante y muy distinto de lo que se ha visto de mí hasta ahora."

Guzmán y Solda, Cherns, de espalda
Guzmán y Solda, Cherns, de espalda

Penny Cherns agrega: "Es un personaje en apariencia muy cambiante, al que hay que buscarle un hilo conductor porque parecería que no tiene nada que ver lo que hace en una escena con lo que hace en otra. Y es la que nos hace preguntarnos qué quiere decir ser libre. Ella le pide repetidamente a Próspero: ¿vas a liberarme? Pero ser libre para hacer qué, es la pregunta. También nos habla de la relación entre el mundo natural, la naturaleza, con los humanos. Esto no se puede actuar, pero es una reflexión que nos indica que no podemos vincularnos con la naturaleza por asalto, porque esto puede destruir a los humanos".

Quien hará Próspero es nada menos que Osqui Guzmán, un actor muy conocido por su maleabilidad y su aire de duende. "Próspero es mi nombre", dice, juguetón, el actor, de quien la directora cuenta que la fascinó porque tiene algo de diablo y algo de santo. "Es tan grande emocionalmente, tan ancho, tiene un corazón expansivo donde entra Próspero cómodamente y podrá enfrentarse con el mundo", bromea Cherns.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

Osqui Guzmán se sonríe y cuenta que este personaje -una vez más el no azar- llega a él porque cuando se enteró de que Malena Solda, con quien lo une la amistad, andaba en busca de concretar este proyecto, la tomó de un brazo y le dijo: "Quiero estar".

"La verdad -dice Osqui- es que a mí siempre me ha pasado, en mi profesión, que me toca encontrarme trabajando con gente que me emociona, intelectualmente y afectivamente, incluso de una manera práctica. Estar acá es a causa de mis afectos, del afecto de mis amigos, como Malena. Porque Penny no me conocía…"

-Osky, ¿te sorprendió que te ofrecieran este personaje?

-Pero claro, porque además despertó un montón de resortes personales: es la primera vez que hago de padre, y también voy a ser papá en la vida. Hay una sincronía bastante particular en la que confluyen mi vida y el trabajo. Y cuando uno va a ser papá empieza a preguntarse cómo fueron sus propios padres y qué quiere hacer con sus hijos. Justamente esto se está preguntando Próspero. Esto que empieza a sacudirlo internamente lo enfrenta a su sed de venganza, y lo hace cambiar. Empieza a pensar en su hija y en construir un mundo nuevo, lleno de criaturas hermosas. Ese es el mundo que yo también le querría dejar a mi hija… Tuvimos solo dos meses para trabajar, pero ha sido tan claro hacia dónde queríamos ir y qué queríamos decir que me llena de felicidad. Poner el acento en que el hecho de que todos podemos elegir ir hacia un lado o hacia otro hizo que se abriera un camino de trabajo soñado, mucho más allá de Shakespeare. Todo el mundo suele decir: Shakespeare se hace así. Acá, en cambio, nos preguntamos por qué hay que hacerlo así (carcajadas). La forma de hacerlo es apasionadamente, que es como él escribía. Yo creo que las palabras de Shakespeare, a las que les solemos tener tanto miedo, son como un mantra: hay que repetirlas y repetirlas, para ayudar a salvar el mundo. Como dice el tema de Charly: "Es necesario cantar de nuevo esta canción".

*"La Tempestad", de William Shakespeare. Funciones: de miércoles a domingos a las 20.30. Sala Casacuberta, Teatro San Martín. Entradas: $220. Día popular (miércoles y jueves): $ 110.

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