(Foto: Marcelo Ledesma)
(Foto: Marcelo Ledesma)

Rosario. Enviado especial. Cuando Roberto Fontanarrosa tuvo en sus manos el parte médico que decía esclerosis lateral amiotrófica, su reacción fue, en sus propias palabras, bajoneante. Pero eso no le impidió seguir contando historias ni lo bajó de ese tren que tenía como objetivo hacer humor inteligente, crear personajes y situaciones que pudieran generar un impacto en la cultura popular. Para Fontanarrosa, el arte no era propiedad de una élite ni tenía que continuar envuelto en el manto metálico de la solemnidad, podía estar al alcance de todos, como un chiste; sólo había que ser pillo. Sin embargo y pese a su optimismo, la enfermedad se agravó e hizo que perdiera el control de su brazo derecho. ¿Qué hacer cuando el cuerpo ya no puede acatar las órdenes que el cerebro le manda? A principios de 2007 anunció que dejaría de dibujar sus historietas, él, pero que continuarían saliendo: Crist fue el encargado, durante sus últimos momentos de vida, de dibujar las ideas que Fontanarrosa le explicaba. Crear hasta el final, persistir, ese era su legado. Así fue que un día murió, y todo Rosario lo lloró. Fue un día oscuro, gris, nostálgicamente malo.

Pero no hoy, que Rosario está completamente soleado. No hay una nube en el cielo y el río permanece manso. A lo lejos, pequeñas islas entrerrianas se encargan de tapar el horizonte. Todo se ve desde la puerta del Galpón 13 de la Franja Joven del Río, donde se montó la muestra Fontanarrosa …el mayor de mis afectos, un recuerdo activo a 10 años de su muerte. "La idea era no traicionar su espíritu ni su amistad, por eso no quisimos recitar la poética de la muerte", le dice a Infobae María de los Ángeles "la Chiqui" González, ministra de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe, y agrega: "Los que somos localistas jugamos con que el nombre de la ciudad está en su nombre: FontanarROSA". Al ingresar, la experiencia es igual de estridente que la tarde primaveral: mientras adultos y adolescentes recorren y leen, distintos grupos de chicos interactúan con las instalaciones que les permiten dibujar, escribir y relatar goles.

(Foto: Marcelo Ledesma)
(Foto: Marcelo Ledesma)

Un Citroën volando sobre decenas de Mendietas

Si Fontanarrosa fue —como lo pintan los que lo conocieron— un tipo alegre, divertido, irónico y pillo, entonces la muestra organizada conjuntamente por el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe y la municipalidad de Rosario no podía ser fría y desganada. Tenía que tener color y chispa. En los 1.800 metros cuadrados donde está montada, hay dispositivos lúdicos que le dan el toque interactivo y curioso. Por ejemplo, un arco de fútbol con una pantalla en el centro que muestra algunos goles con el subtitulado. Sobre césped sintético y en el punto de penal, un chico con un micrófono de pie relata lo que los subtítulos le dicen. "Ta ta ta ta, ¡gooool!", grita desaforado. A un costado, en una tribuna alta, sus compañeros de escuela lo vitorean. Hay una pequeña cola allí: es como la gran atracción de este parque de diversiones. También, a un costado, hay computadoras que permiten dibujar. Por otro lado, un pizarrón con la palabra Fontanarrosa en vertical invita a los espectadores a jugar al acróstico: forman una palabra con una letra del nombre del escritor y dibujante. En la F, por ejemplo, alguien le escribió "fenómeno" con una tiza verde.

A la izquierda, una versión de El Cairo, el Mini Cairo, lugar donde "el Negro" se juntaba con sus amigos en la ya emblemática "mesa de los galanes", reúne varias personas. En una mesa contra la pared, un grupo de chicos de no más de 11 años juega un truco de seis. Uno grita "¡truco!", algunos se atemorizan y otros se agrandan, hasta que la secuencia termina con uno que dice —riéndose y mostrando el ancho de espada—: "¡no tenías nada, mentiroso!" Hacia la derecha, bajo el nombre "No sé si he sido claro" – El mundo íntimo del creador, está una réplica de lo que sería su lugar de trabajo. Una mesa grande con una lámpara de escritorio y frascos de vidrio lleno de lápices pequeños, los restos de sus herramientas. Archivos clasificados en el piso, una máquina de escribir sobre otra mesa, un cuadro del Corto Maltés en la pared junto a una graciosa foto de Fontanarrosa con Les Luthiers. En la biblioteca se ve un libro sobre la vida de John Lennon y otro de Mafalda. Sobre un sillón antiguo, vieja pero centelleante, la camiseta de Rosario Central.

(Foto: Marcelo Ledesma)
(Foto: Marcelo Ledesma)

Colgado del techo está el Citroën verde del Negro; su mecánico se lo guardó. El detalle: en la ventanilla una calcomanía del Gauchito Gil. Por supuesto, hay muchas viñetas en las paredes del lugar, también las tapas de los diarios que, el día que murió, lo despidieron; así como dibujos de sus amigos: Liniers, Rep, Sendra, Quino y la dupla Langer y Mira. "Te digo más" – Decir amigo es el espacio más tranquilo: sillones alrededor de un plasma que proyecta entrevistas y conferencias entre las que se destaca aquella ingeniosa intervención en el Congreso de la Lengua Española de 2004. Más allá del final hay una pared donde dice, bien grande, Diez años en una carta. Todos le van dejando una carta enrollada que colocan y, todas juntas, forman la silueta de Mendieta, el perro de Inodoro Pereyra. Junto a esto, una fila de Mendietas todos iguales en tamaño pero intervenidos por diferentes artistas. La jauría misma se llama el módulo y son, en total, 32. Perros rockeros, perros revolucionarios, perros soldados, perros floreados; uno está todo tapado de cinta skotch, otro de cristales y uno tiene muchos besos marcados. El Citroën que se asoma a unos metros parece querer remontar vuelo sobre todos estos Mendietas.

Galanes en El Cairo

El Negro Centurión llegó a El Cairo cuando tenía 14 años, se acercó al bar como cualquier trabajador que busca distensión. Lo echaron de un colegio y, sin años sabáticos ni procesos reflexivos, se puso a trabajar. Fue en un mercado que había cerca de la estatua del Che Guevara. "Como el mercado del Abasto, el mismo edificio pero más chico", recuerda hoy, con 66 años, siendo el RRPP del emblemático bar donde pasaba sus tardes con Fontanarrosa, su amigo. "El Cairo era grande, tenía mesas de billar y veníamos a jugar. En esa época, los 70, aparece la Facultad de Humanidades justo a la vuelta y las chicas eran más atrevidas. Acá no entraban mujeres pero en ese entonces se mandaron, y ahí se pudrió todo. ¡Por suerte!" De su boca salen mil anécdotas y detalles importantes: por ejemplo, Fontanarrosa tomaba mate cocido. "El Negro llegaba a las siete de la tarde y ya había siete u ocho tipos. Se iban dos y entraban otros dos. Si ves las fotos somos como 30 pero nunca estuvimos los 30 juntos, salvo el día antes al Día del Amigo. Nosotros no teníamos excusa para juntarnos entre nosotros, pero el Negro decía: '¡che, estamos todos los días juntos! Festejemos el día anterior, el 19 de agosto, así el Día real del Amigo cada uno se va con sus amigos'. Porque todos teníamos amigos aparte, pero no los traíamos a la mesa. ¡Y éste se muere justo el 19, el día que nosotros lo festejábamos! ¡Una cosa de locos!", le dice a Infobae.

Portada del libro “El Negro Fontanarrosa, la biografía”, de Horacio Vargas
Portada del libro “El Negro Fontanarrosa, la biografía”, de Horacio Vargas

La mesa de los galanes era una etiqueta humorística. Todo rosarino lo aclara: en esa mesa no había ni un galán, pero el Negro tenía su encanto; era el galán de los galanes. "Muchas mujeres venían por lo que él escribía. Algunos te preguntan si el Negro era común. No, común no era; al menos no era como nosotros", comenta Centurión. Pero, ¿cómo era realmente el Negro en la intimidad de una charla de amigos? "No sacaba muchas cosas de nosotros, sacaba sólo algunas ocurrencias o pavadas que alguno decía; y el tipo, porque era un genio, hacía lo que hacía. No te creas que el Negro era famoso como después fue. Con nosotros era como fue siempre. No era de contar chistes pero cuando abría la boca era muy ocurrente. Eso que se dice de que el tiempo pasa y cura… ¡no cura nada!", agrega con un dejo de melancolía, parado en el medio del inmenso bar que suele llenarse de turistas, pero también de rosarinos que encuentran dentro de esas paredes una excusa para charlar y reír.

Es que si bien su humor es ácido y atrevido, él era un hombre simple. Lo cuenta Horacio Vargas en el libro El Negro Fontanarrosa, la biografía: "No se atrevía , por ejemplo, a entrar a un kiosco a comprar caramelos". También lo cuentan sus amigos, los galanes, que narran sus ocurrencias cotidianas. Era callado —se reía mucho, eso sí— pero cada vez que hablaba decía una ocurrencia que hacía descostillar a todos.

Otro galán era Rogelio Molina, más conocido como el Chelo. "De las anécdotas que se contaban en la mesa, él agarraba una frase y la transformaba en una biblia", le dice a Infobae, y continúa: "Cada vez que sacaba un libro, venía con una pila, todos dedicados. Nosotros buscábamos las páginas donde aparecíamos. Uno le decía: '¡pero Negro, esto no lo dije yo, lo dijo aquel!' 'Es que no lo puedo poner a aquel, porque es casado', le contestaba él. Tenía esas ocurrencias, pero no era que se inspiraba sólo en El Cairo. Yo creo que era un tipo que tenía una inspiración de 24 horas. Y también una transpiración de 24 horas porque laburaba como un perro todos los días". El gobernador de Santa Fe Miguel Lifschitz también habló con Infobae sobre Fontanarrosa. Desde la sede de la Gobernación en Rosario, frente a una taza de café con el logo de la Provincia, comenta: "Lo traté mucho, sobre todo en los últimos años cuando era Intendente. Como caricaturista y humorista gráfico creó personajes que lo han trascendido. Tenía mucha profundidad para poder transmitir a través del humor la forma de ser de los argentinos en general, y en particular de los rosarinos. Los cuentos son entrañables, son esos que se leen y se releen. Además era un tipo muy querido, muy buena persona que dejó muchos amigos. Era un tipo que venía de abajo, por eso lo disfrutamos todos".

(Foto: Marcelo Ledesma)
(Foto: Marcelo Ledesma)

Un fantasma tentado

Cuando Fontanarrosa murió tenía 62 años. Fue un jueves, el 19 de julio de 2007. Entró al hospital con un cuadro de insuficiencia respiratoria aguda y en una hora llegó el desenlace: paro cardiorrespiratorio. Lo velaron durante todo el día. Asistieron escritores, historietistas, actores, dirigentes políticos pero sobre todo futboleros. Al viernes siguiente, detrás de la limusina que llevaba el cuerpo hasta el cementerio se formó una caravana larguísima de autos. Como un rito sagrado pero espontáneo, esa caravana frenó unos minutos al pasar por el Estadio Gigante de Arroyito de Rosario Central, club del cual era fanático hasta las entrañas. Finalmente fue enterrado en el Parque de la Eternidad de Granadero Baigorria, a doce kilómetros de Rosario. De todo esto hace apenas diez años.

¿Qué queda de toda esa larga obra que dejó? ¿Qué tiene para decirnos esta muestra dedicada al escritor y dibujante rosarino que utilizó el humor como forma de acercar el arte a las clases populares? ¿Cómo nos interpela su figura, tan alejada de las academias pero también del marketing barato de la pseudoliteratura? Durante agosto, Fontanarrosa …el mayor de mis afectos se puede visitar los días sábados y domingos de 14 a 19 horas con entrada libre y gratuita. Una singular picardía infantil habita el enorme Galpón 13 de la Franja Joven del Río, como si el fantasma de Fontanarrosa estuviera presente. Un fantasma muy diferente a los que aparecen en las películas de terror. No asusta ni mete miedo; se mata de risa.

(Foto: Marcelo Ledesma)
(Foto: Marcelo Ledesma)

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