Violeta Parra nació el 4 de octubre de 1917 y murió el 5 de febrero de 1967. Este año, el aniversario es doblemente redondo
Violeta Parra nació el 4 de octubre de 1917 y murió el 5 de febrero de 1967. Este año, el aniversario es doblemente redondo

Un largo pelo negro, a veces atado, otras suelto. La mirada hacia abajo, en el instrumento, bien clavada; luego arriba, al público, al que la escucha perdidamente hipnotizado, hasta llegar hacia arriba, casi al cielo, con el ceño fruncido, dolido, como un latido y la boca bien abierta: un canto que parece brotar de otro universo, como si un agujero negro viviera dentro de su voz. ¿Quién fue Violeta Parra, esa chilena que cambió la forma de entender el folklore y se suicidó a los 49 años, un 5 de febrero de 1967, "un mediodía de extraña luminosidad", como escribió Atahualpa Yupanqui? ¿Qué representa hoy, en pleno 2017, cuando los aniversarios se alinean como los planetas: se cumplen 50 años de su muerte y 100 de su nacimiento?

"El rol que ocupó Violeta Parra en la cultura de Chile y Latinoamérica fue de capital importancia". El que habla es el cantautor y escritor chileno Patricio Manns, quien, además de haber sido su íntimo amigo, fundó en 1965 La Peña de los Parra junto a los hermanos de Violeta, dos años antes de que se suicidara. Presentó hace unos días en la Feria del Libro de Buenos Aires Violeta Parra: la guitarra indócil, un libro de 1986 que acaba de reeditarse. Allí, en el predio de La Rural, el pabellón 9 tuvo su espacio "Homenaje a Violeta Parra", organizado por la Embajada de Chile en Argentina.

"Ella aparece en una época en que las transformaciones y los cambios son posibles. Hay movimientos renovadores en todo el mundo y los nuevos cancioneros abundan. Esto se suma al mejoramiento de las comunicaciones y a las facilidades que se abren para viajar al extranjero de modo que uno puede observar el fenómeno in situ", le dice Manns a Infobae. Su recuerdo permanece intacto, pues vivió una época trascendental junto a los hermanos Parra, Rolando Alarcón, Víctor Jara y la misma Violeta: "Nosotros la llamábamos la 'era prodigiosa'. De pronto nos vimos inmersos en un movimiento que rodaba en dirección del tiempo de la historia. Percibíamos la historia circulando en nuestro entorno. De ahí no nos quedó otra opción que seguir el impulso. Ese movimiento tenía una lógica propia y nos arrastró largo tiempo en dirección de su consumación."

La investigadora y académica Micaela Navarrete también estuvo en la Feria del Libro. Conoce de cerca la historia de la cantante porque es curadora del Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares en Chile. "No siempre se le conoció bien, se le valoró bien -le explica a Infobae-, sin embargo fue un tiempo muy fructífero, porque ella comenzó con una vida campesina, de pueblo chico, con dificultades económicas pero muy rica en tradiciones. En ese sentido tuvo una infancia muy rica. Ella se entusiasmó con cantar; Nicanor, su hermano, la impulsa a que salga por el campo a buscar las canciones, historias de hombre y mujeres, todo de tradición oral. Ya viviendo en Santiago empezó a querer cantar y difundir más lo que ella recoge. Va a cantar a las radios, hace programas en algunas universidades, arma proyectos de escuela de folklore y luego parte a Europa, invitada a cantar por la Unión Soviética".

Por su parte, Cristián Warnken, poeta, conductor televisivo y director del sello que acaba de publicar Poesía, un libro de 472 páginas que reúne toda la obra poética de Violeta Parra, le dice a Infobae: "Tengo la convicción de que verdaderamente estamos frente a una inmensa poeta que se mantiene en medio de la crisis del lenguaje y de la palabra, una artista que cree en la palabra y que la palabra poética sirve para acompañar el dolor del ser humano, del sufrimiento de los pueblos; que sirve y está al servicio del otro, algo que hemos perdido porque la poesía se ha vuelto ombliguista".

Pintaba, tejía, cantaba, componía, era lo que podía llamarse una artista renacentista
Pintaba, tejía, cantaba, componía, era lo que podía llamarse una artista renacentista

"No puedo permanecer indiferente", dice Violeta Parra mientras le muestra a la televisión francesa el significado de una arpillera que ella misma bordó, titulada La rebelión de los campesinos. Esa obra, de gran valor costumbrista y social, expresa el dolor y la miseria de los pueblos olvidados de Sudamérica en la mitad del siglo XX. "No puedo permanecer indiferente", dice Violeta Parra en un francés perfecto dejando en claro su lugar en el mundo y el motivo de su existencia en este devenir desbocado de vidas mínimas en un mar humano de millones de años. ¿Es la política en su vida un destino inevitable? ¿Representa además el arquetipo de artista que no teme involucrarse y hacer de la cultura un arma de transformación social? Esa voz, esa pena que, hecha canto y sonido, parecía llegar desde otro universo, provenía de la más pura y concreta realidad, la de las clases trabajadoras.

"Muchas de sus composiciones se transformaron durante la dictadura en nuestras banderas de resistencia, porque al ser prohibida, escucharla era como ser comunista. Era una persona que se involucraba con los problemas del pueblo. Ella dijo lo que tenía que decir y como correspondía", comenta Navarrete y confiesa: "Me dan susto los centenarios, porque salen expertos a hablar de la Violeta por todos lados y parece como un homenaje a quien se va a jubilar". Por su parte, dice Manns: "Fue un fenómeno universal. En Europa gobernaban Los Beatles y en España Joan Manuel Serrat. En el Caribe florecía la Nueva Trova Cubana y en Brasil, Chico Buarque de Hollanda. Todos eran movimientos y músicos renovadores que no le hacían asco a las cuestiones políticas".

"Ella nunca dejó de tener un vínculo con lo tradicional -explica Warnken, tras su estadía en Argentina por la Feria-. Tiene raíces y dialoga con la tradición. Antes de crear sus propias canciones y poemas recorrió una parte importante de Chile grabando a los grandes poetas populares y desde ahí ella se lanza como poeta con un registro propio. Por eso, leerla no es solamente la emoción de leer grandes poemas de una genialidad innata y de un talento impresionante, por ejemplo 'Yo canto a la diferencia' que es una gran poética, sino que además me hace repensar la vieja pregunta del siglo XIX de Friedrich Hölderlin: '¿Para qué poetas el tiempo de miseria, de miseria espiritual, del sinsentido, del nihilismo?' Volver a leer a Violeta Parra es leer agua fresca de manantial".

Apenas un año antes de que se disparara en la sien, había presentado en público “Gracias a la vida”
Apenas un año antes de que se disparara en la sien, había presentado en público “Gracias a la vida”

Cuando Violeta Parra murió el mundo hizo crack. El terreno cultural estaba allanado para que, seis años después, Salvador Allende fuera el primer presidente socialista del mundo en llegar al poder democráticamente. Sin embargo, el mundo hizo crack. Apenas un año antes de que se disparara en la sien, había presentado en público su canción más bella: "Gracias a la vida". ¿Un final anunciado? ¿Una carta de despedida? Puede ser, todo puede ser.

"Nicanor Parra, su hermano mayor, guarda una carta de Violeta que ella le escribió antes de matarse -relata Manns-. Me dijo que no le parecía posible publicarla porque involucraba a muchas instituciones y personas. En los hechos, yo conocí algunas de aquellas cuestiones. Por ejemplo, la Universidad de Chile, según ella, le negó la cesión de un aparato de grabación que ella necesitaba para su trabajo de investigación en el campo. Son decepciones como esas que se fueron sumando y minando su paciencia y su confianza en las instituciones culturales por antonomasia, como lo ha sido la Universidad de Chile. En todo caso, yo nunca he leído esa carta". En el último tiempo se instaló en una carpa a la que llamó "La Reina". No tenía comodidades, no las necesitaba. Allí pintaba, tejía, cantaba, componía, pues era lo que podía decirse una artista renacentista. Su forma de vida fue siempre igual: crear y hacer algo, como decía Sartre, con lo que han hecho de nosotros. "Estaba con mucha frustración -comenta Navarrete-, ni siquiera iban a verla sus hijos, los que iban allí iban de puro corazón. El apoyo de las autoridades no se veía. Ella estaba cansada de tanto luchar".

Su mano derecha rasguea, la izquierda toma el mástil y lo sube alto hasta que la guitarra queda en diagonal. Los dedos se estiran y alcanza los trastes formando notas que suenan, junto a la potencia de su voz, como un corazón desgarrado que grita, que clama por libertad. Hoy Violeta, la Violeta, ya no está. Olvidada, sola, cansada de luchar, se mató. Recordarla es no perder de vista que el arte, al fin de cuentas, tiene una misión en este mundo horrible. Cada uno sabrá cual.

 

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