La semana que comienza será una semana especial para el arte local ya que la Argentina participará como país invitado en la tradicional feria de arte ARCO, en donde además de exhibirse la obra de decenas de artistas plásticos argentinos será una oportunidad para montar muestras de cine, teatro, música y literatura en diferentes puntos de la capital española.

En la inauguración oficial de la muestra estarán los reyes de España y el presidente Mauricio Macri, en su primera visita de Estado a España. Por todo esto, para el ministro de Cultura Pablo Avelluto es una gran responsabilidad lo que está por suceder. "Vamos a estar mostrándonos en el más alto nivel institucional y al mismo tiempo en el más alto nivel estético", dijo durante la entrevista con InfobaeTV, en donde también habló de la actual situación de la Biblioteca Nacional, volvió a asegurar que no está en estudio del gobierno quitar el impuesto de fomento al cine y aseguró que la llegada de Trump a la Casa Blanca también puede ser vista como una gran oportunidad para la región. Lo que sigue es una parte de la entrevista.

—¿Qué significado tiene para la cultura argentina participar como país invitado de ARCO?

—Significa mucho y significa mucho el hecho de estar en torno a lo contemporáneo, que es el perfil que queremos mostrar. A veces sentimos que lo mejor en la cultura argentina es lo que pasó y nosotros estamos convencidos de que lo mejor es lo que está ocurriendo. Cuando uno ve la calidad, la cantidad, la calidad de obras que van a viajar a través de los galeristas, pero también a través de una gran presencia cultural argentina y artística en más de 20 sedes en Madrid en los próximos días, es enorme. Vamos a estar además acompañando al Presidente en su primer viaje de Estado a España y que se haya elegido como oportunidad para eso la presencia argentina en Arco es una gran responsabilidad. Vamos a estar mostrándonos en el más alto nivel institucional y al mismo tiempo en el más alto nivel estético.

—Y en su opinión, ¿esta preeminencia del pasado por sobre el presente y el futuro es algo ideológico o cultural?

—Es difícil escindir una cosa de la otra. Creo que es claramente cultural. Muchas veces somos percibidos así desde el exterior como aquello que fuimos, como aquello que podríamos haber sido y no fuimos, aquello que queríamos ser, y eso un poco opresivo. No digo que no tengamos un pasado extraordinario: somos el país de Borges, Piazzolla, Ginastera, de Berni, somos el país de Sarmiento pero también somos el país de lo que está ocurriendo en este momento, en este caso, en el arte contemporáneo. Y en una visión nacional amplia que incluye a argentinos que viven en otros lugares del mundo, a los extranjeros que se formaron en la Argentina, porque la delimitación del arte argentino no puede ser territorial ni institucional, las fronteras son muy difusas. Tampoco el arte contemporáneo es solamente lo que ocurre hoy. ¿Cuándo empieza? Uno puede mirar en los 60 o en una zona de nuestro mapa estético que hoy está siendo muy recuperada que es la de los 80, con las obras de Kuropatwa o de Marcia Schvartz.

—¿La idea es algo así como que el arte argentino "tome" Madrid?

—Puede pensarse así, otros hablan de "desembarco", una palabra que no me gusta porque tiene una connotación militar… Y además hay otra cosa: en España estamos en casa. El diálogo cultural entre Argentina y España, más allá de las cuestiones políticas de los últimos años, no se ha interrumpido nunca. Venimos construyendo una relación en el campo del cine, la música popular, que lleva muchos años. Por ahí el campo de las artes visuales estaba un poco relegado y en ese sentido, más que tomar Madrid, yo siento que estamos siendo anfitriones en Madrid, estamos invitando a que el público español vea lo que está pasando, fomentarles la curiosidad con esta muestra para que se entusiasmen y se interesen y crezcan las posibilidades para nuestros artistas. En mi sueño está ocupar el centro de la escena.

—En las últimas semanas hubo una especie de terremoto en la industria del cine luego de una versión que aseguraba que el Gobierno estaba estudiando la posibilidad de quitar la tasa del 10% de las entradas de cine que sirve para el fomento de la industria…

—Eso nunca estuvo ni en estudio ni en análisis y la verdad es que nosotros creemos en el fomento del cine, con todas las garantías de transparencia pero al mismo tiempo entendemos que la ley del cine está para ser aplicada. Además este año hicimos un nuevo plan de fomento.

—Está desmentido entonces

—Completamente. Nos reunimos con el ministro Nicolás Dujovne e hicimos un comunicado para desmentir esto. A veces a los fantasmas hay que tratarlos como si fueran reales pero en este caso se trataba absolutamente de un fantasma.

—Su gestión comenzó con problemas serios, por ejemplo en la Biblioteca Nacional, problemas que tenían que ver con cuestiones de ajuste, con despidos. ¿Cómo están las cosas hoy?

—La verdad es que la Biblioteca está funcionando a pleno. Estoy muy contento con el trabajo que está desarrollando Alberto Manguel, es extraordinario. En la Biblioteca hay personas muy capacitadas, estamos trabajando en cuestiones bibliotecológicas específicas, con procesos de digitalización. Estamos terminando nuestro catálogo, que era una de las cuentas pendientes. Y al mismo tiempo ha sido un año de muestras extraordinarias, poniendo a la cabeza la de los manuscritos de Borges. Cuando uno podía ver la pequeña caligrafía de Borges en el manuscrito del Pierre Menard decía "esto empieza acá" y eso era el grado último de la intimidad. Pero también la muestra de Girondo, la de los dibujos de Menchi Sábat, la de los irlandeses en la Argentina… Este año vamos a tener también grandes muestras por grandes eventos como el aniversario de la Revolución Rusa, el de la muerte del "Che" Guevara y también vamos a tener el recuerdo de los 50 años de la primera edición de Cien Años de soledad, que fue en Argentina.

—La gestión de Macri tenía como uno de sus objetivos hacer volver a la Argentina al mundo. Pero el mundo no es como Macri ni como muchos lo imaginábamos. Le hablo concretamente de la llegada de Trump a la Casa Blanca. Cómo está plantado el Gobierno ante esto?

—Nuestra obligación y nuestra responsabilidad es buscar las mejores oportunidades para nuestro país. Y en ese sentido hay que tener la agilidad y la visión para leer estas transformaciones que a veces son más inesperadas y otras más previsibles. En cualquier caso el presidente ya conversó con Donald Trump, se conocen, y al mismo tiempo Europa nos mira, el Reino Unido nos mira, China nos mira, la región nos mira y eso implica oportunidades. Nuestra visión es en ese sentido profundamente pragmática. Trabajamos en función de los intereses argentinos y sentimos que se abre una oportunidad única.

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—Eso es en términos económicos, pero estamos asistiendo a cambios culturales enormes. ¿Cómo los lee usted como hombre de la cultura?

—La cultura norteamericana es más poderosa que sus vaivenes históricos. Ha atravesado gobiernos más conservadores, gobiernos más liberales. Ha generado buena parte de la cultura del rock de la cual nosotros somos herederos o hijos. Lennon decía que Nueva York era Roma y sigue siendo Roma para el mundo de las artes, las consagraciones y también para el de las manifestaciones y las rupturas, las vanguardias. Y lo va a seguir siendo.

—Mire que en Roma hubo también decadencia, ministro…

—En algún momento aparece… pero también están quienes piensan que esa decadencia pueda generar un nuevo protagonismo de América Latina. La última vez que América Latina estuvo en el radar del mundo fue en los 60, en la época de las grandes transformaciones revolucionarias, pero han pasado 50 años y creo que, 50 años después, la región reúne una capacidad de irreverencia, desparpajo, diversidad, que la puede volver un polo interesante en el campo artístico y cultural. Además, creo que el diálogo cultural muchas veces pasa por debajo del radar de las tendencias más o menos hegemónicas en el campo político. Cuando Nixon era presidente, los hippies explotaban en la costa oeste norteamericana… No creo en las culturas oficiales, ni allí ni aquí. El Estado puede intervenir en el fenómeno cultural pero nunca puede dirigirlo.

—O no debería…

—Muchos lo han intentado, pero reiteradamente fracasan. No solamente está mal sino que no sirve y eso es lo que hemos aprendido, entre otros momentos, en la última década en la Argentina

—¿Ministro, cuáles son las deudas y las obsesiones, aquello que querría terminar antes del final de su gestión?

—La lista de pendientes todas las mañanas es larguísima. Pero hay dos cosas sustanciales y difíciles en especial, que no sé si lo lograré por completo, pero me gustaría que queden mejor que como las encontré. Una es la distribución tan desigual que tenemos al acceso, al consumo y la producción de bienes culturales. Y lo otro es la reducción de los prejuicios entre nosotros. Hemos llegado muy lejos en materia de mirarnos de reojo, de desconfiar y pensar que el que piensa diferente o tiene otras ideas es un enemigo. Habíamos superado eso después de mucho sufrimiento y, de pronto, en los últimos años hubo allí un retroceso. Desconfío absolutamente de una sociedad de iguales. El proyecto común nos tiene que incluir a todos, pensemos como pensemos, votemos como votemos. Se trata de transformaciones culturales muy profundas y la incidencia de las políticas públicas puede ayudar a que nos llevemos un poco mejor entre todos nosotros.