Sin carteles ni licencias, pero con comida: La economía informal como respuesta popular a la crisis alimentaria en Cuba

La crisis de abastecimiento y la inflación empujan a más cubanos a vender desde arroz importado hasta termos, cafeteras y productos de aseo. Esas operaciones informales ya forman parte de la economía cotidiana de muchos barrios

Una mujer con camiseta azul entrega una pequeña bolsa transparente con arroz a otra mujer en el interior de una casa.
Una mujer entrega una bolsa con arroz a otra durante una venta informal en una vivienda en Cuba. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

En Matanzas, la venta informal de productos básicos y objetos de uso cotidiano se afianza como una alternativa para quienes buscan ingresos y para quienes no encuentran mercancías en los comercios estatales. El arroz importado es uno de los artículos más demandados, pero no es el único: en viviendas sin carteles ni licencias también se ofrecen productos de aseo, alimentos y bienes de segunda mano.

El cereal importado se vende a 320 pesos por 0,45 kg —una libra—, equivalentes a unos USD 0,46 según el mercado informal. En algunos puntos de venta, el precio ya llegó a 350 pesos (USD $0.51) por la misma cantidad, de acuerdo con una vecina del barrio La Marina citada por 14ymedio.

PUBLICIDAD

La comercialización ocurre dentro de casas particulares, sin identificación visible ni precios exhibidos. En el barrio Los Mangos, por ejemplo, una vivienda conocida por los vecinos vende arroz procedente del exterior junto con champú y otros productos. Dos sacos abiertos permanecen en la sala, cerca de un televisor y de la puerta de un cuarto.

La fachada no anuncia el negocio, aunque vendedores ambulantes y residentes de la zona recomiendan la dirección. El dueño, identificado como El Guajiro, aseguró a 14ymedio que el barrio conoce el lugar y la disponibilidad del producto.

A comienzos de año, ese mismo arroz costaba 250 pesos (USD $0.36) por 0,45 kg. El vendedor atribuyó el aumento a la inflación y a los gastos de transporte, afectados por la escasez de combustible. Según explicó, la falta de camiones obliga a alquilar otros vehículos para trasladar la mercancía.

PUBLICIDAD

Aunque no cuenta con licencia comercial, El Guajiro sostuvo que estas ventas son parte de la subsistencia cotidiana de muchas familias.

Una mujer con blusa amarilla entrega una pequeña bolsa con arroz a otra mujer con vestido azul frente a una cortina de encaje.
Una mujer entrega una bolsa de arroz a otra dentro de una vivienda en Cuba durante una transacción informal de productos básicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El encarecimiento impacta sobre un alimento habitual en la dieta cubana, utilizado como acompañamiento de frijoles, huevos, pollo, picadillo o salsas. También ayuda a extender comidas ante la escasez de otros productos.

El consumo de arroz en Cuba cayó 41,5% entre 2005 y 2023, según recordó el economista Pedro Monreal, detalla el medio. A fines del año pasado, funcionarios y expertos propusieron reducir la ingesta de arroz y papa en favor de la “soberanía alimentaria”, una sugerencia que generó rechazo entre consumidores que consideran incompleto un plato sin ese cereal.

La producción nacional tampoco alcanza para cubrir la demanda. La Oficina Nacional de Estadística e Información registró en 2025 el procesamiento de 20.100 toneladas de arroz, 73,4% menos que cinco años antes. Las necesidades anuales del país se ubican entre 600.000 y 700.000 toneladas.

Venden lo que pueden

Pies con sandalias en el asfalto frente a un paño con una cafetera, un rastrillo pequeño, un encendedor azul y un sobre plateado.
Un joven comercializa diversos objetos usados sobre un pequeño paño extendido en una calle de La Habana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La expansión de estas redes informales no se limita a los alimentos. En mayo, Periódico Cubano documentó en La Habana la venta callejera de objetos usados y artículos domésticos, entre ellos una cafetera tipo greca, una botella de agua, un termo, frascos pequeños, un encendedor, posibles productos de aseo, accesorios y una mochila.

La escena refleja una economía en la que jubilados, amas de casa, trabajadores estatales y personas sin empleo intentan convertir cualquier objeto disponible en dinero para afrontar gastos diarios. La inflación oficial cerró 2025 en 14,07%, mientras economistas independientes estimaron una tasa cercana al 70% al incluir los precios del mercado informal. La devaluación del peso profundizó esa dinámica.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD