
El caso reciente de Frisby , la reconocida marca colombiana de pollo, destacó un asunto que con frecuencia pasa desapercibido: la frágil protección de la propiedad intelectual de las empresas nacionales en el ámbito internacional. La compañía enfrenta una disputa legal con una empresa española que registró su nombre en Europa con la intención de apropiarse del mismo.
Frente a esta situación, en un análisis de la columnista Ornella Suárez Vidal, comunicadora social y periodista y especialista en marketing político y estrategias de campaña cuestionó de manera directa qué está haciendo el Estado colombiano para prevenir y enfrentar este tipo de atropellos.
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A pesar de la muestra de solidaridad que despertó este caso entre ciudadanos y empresas, Suárez Vidal explicó que la unidad emocional no es suficiente para resolver el problema. Más bien, aseguró que la situación debe servir como una alerta para que el Congreso, el Ejecutivo y las instituciones competentes actúen con rapidez y fortalezcan las herramientas legales destinadas a proteger la propiedad intelectual de las empresas colombianas en los mercados internacionales.

“Este caso debe convertirse en una alerta que obliga al Congreso, al Ejecutivo ya las instituciones competentes a revisar y fortalecer” las normativas actuales, enfatizó por medio de una columna denominada “El caso de Frisby revela el desamparo Estatal de las marcas colombianas en Europa” y publicada por Las 2 Orillas.
Ausencia de estrategias legales claras
El origen del conflicto radicó en la ausencia de estrategias legales claras y en la falta de asesoramiento para las compañías que intentan proteger sus marcas fuera del país. Expresó que siendo muy vulnerables en sectores donde la competencia es intensa y las regulaciones son distintas, “Actualmente, muchas marcas nacionales no cuentan con asesoría jurídica adecuada para registrar y defender su nombre en mercados internacionales”.
Frisby, fundada hace casi cincuenta años en Pereira (Risaralda), trascendió más allá de ser una simple marca de pollo frito y se consolidó como un emblema del emprendimiento colombiano.

“No se trata solo de pollo frito, se trata de una marca que representa el espíritu emprendedor colombiano”, afirmó la autora. El caso, remarcó, no solo resaltó el valor emocional que la población colombiana tiene hacia la marca, sino que puso en evidencia la necesidad de soluciones institucionales firmes y un respaldo gubernamental real hacia quienes representan la creatividad y el esfuerzo nacional.
Falta de acción de las instituciones del Estado
De esta manera, Ornella Suárez Vidal señaló la falta de acción de instituciones clave como el Ministerio de Comercio, la Cancillería y la Superintendencia de Industria y Comercio. Según el análisis, estas entidades deben no solo pronunciarse sobre el tema, sino implementar medidas concretas. Además, propuso que el Congreso de la República inicie un debate urgente sobre la protección internacional de las marcas colombianas.
Entre las soluciones sugeridas, la autora mencionó la creación de “un fondo estatal o una oficina especializada que brinde asesoría jurídica internacional a empresas colombianas”, en especial en procesos de registro y defensa de marcas en otros países.
Por otro lado, planteó la posibilidad de explorar “mecanismos multilaterales y acuerdos bilaterales que impidan registros de mala fe”, con el objetivo de proteger los intereses de las empresas colombianas. A su juicio , la falta de una respuesta institucional contundente enviará un mensaje desalentador a los emprendedores y startups que sueñan con expandirse más allá de las fronteras colombianas.

“Si el Estado permanece en silencio, el mensaje será devastador para cientos de startups y emprendedores”, advirtió.
Más allá de un conflicto legal
El caso de Frisby , en opinión de la autora, refleja un problema que va mucho más allá de un conflicto legal puntual. El episodio, afirmó, simboliza una deuda histórica con los empresarios nacionales que se esfuerzan por construir país y llevar la identidad colombiana a otros territorios. “El caso Frisby no es un hecho aislado, es el reflejo de una deuda pendiente con quienes apostaron por construir empresa en Colombia”, sostuvo.
Suárez Vidal concluyó su análisis con una reflexión sobre la importancia de la propiedad intelectual como símbolo de la identidad del país.
Y es que enfrentar este tipo de desafíos protege la creatividad y el esfuerzo humano detrás de las marcas y también asegura que la identidad colombiana permanezca intacta frente a litigios abusivos de terceros. “Porque sí: Frisby es más que pollo frito. Es Colombia”, resaltó en su artículo en.
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