
Un auto rústico, pequeño, 100% urbano y económico, que cumple la función de trasladar personas con el mínimo costo, podría ser la definición de un modelo eléctrico actual, pero podría ser también la de uno de los primeros autos con motor de combustión de fines del siglo XIX. Es que, salvo para los terraplanistas, el mundo es redondo, todo lo que sube baja y los ciclos empiezan, terminan y vuelven a comenzar. El auto en cuestión se llama “Luvly O” y entra en la categorías de los microautos.
El nombre deriva de la unión de las palabras “Light Urban Vehicle”, vehículo liviano y urbano en inglés, aunque su origen es Suecia. Mide 2,7 metros de largo y 1,53 de ancho, y pesa sólo 380 kg, equivalente a una quinta parte de lo que pesa un automóvil de pasajeros estándar, lo que le permite consumir muy poca energía eléctrica para desplazarse.
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Así es como necesita una batería más pequeña para moverse, le alcanza solo con una capacidad de 6,4 kWh. Y si eso no alcanza para mostrar su eficiencia, todo se ve mejor aun cuando se aprecia que la batería está compuesta por dos unidades separadas de sólo 15 kg por unidad y que además son extraíbles. De este modo, el usuario puede estacionar el auto en la calle, y aún si no tuviera un punto de carga donde enchufarlo, puede llevar la batería consigo y conectarla en el living de su casa. También gracias a su reducido peso, el auto puede alcanzar los 90 km/h y su autonomía es de 100 kilómetros.

¿Y la seguridad? Es probablemente el más dudoso de los aspectos, aunque los fabricantes aseguran que el sistema de construcción tipo sandwich, con capas de un material de espuma absorbente, asegura la protección de los ocupantes en un impacto de baja velocidad. Es cierto que por encima de los 60 km/h, los autos deben tener capacidad de absorber la energía con una estructura más elaborada, pero también están los autos que se encuadran dentro de la legislación de los cuatriciclos que podrían tener los mismos problemas. Aunque el Luvly alcance los 90 km/h de velocidad máxima, la realidad es que el uso en ciudad no lo debería llevar a más de 40 km/h.
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El precio es otro de los diferenciales. La empresa asegura que costará unos 10.000 euros cuando salga a las calles a fin de 2023, lo que lo pone en desventaja con autos como el Citroën Ami, que tiene un precio de entre 6.000 y 8.000 euros. Pero este vehículo tiene otras cualidades que lo diferencian más allá de lo estético como las baterías modulares y el peso.
Parte del costo accesible está en el modo en que se fabricará y distribuirá cada unidad, ya que no será la conocida y convencional de auto que sale rodando de una fábrica, se sube a un camión y se traslada hasta una concesionaria. Los Luvly se producirán por separado, se guardarán en caja y se enviarán en un contenedor a los puntos de entrega. Así se ahorran muchos euros, y la tarea del ensamble será la única que deberá realizarse antes de ponerlo en manos de su comprador.
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Cuál será el futuro de la movilidad todavía es un misterio. La historia del automóvil podría ser contada resumidamente en cuatro etapas. La primera, con aquellos autos que se asemejaban más a un carruaje con ruedas angostas y motores que apenas las movían. Después, con la industrialización y producción en serie, aparecieron unas verdaderas moles de acero, eran vehículos duros, robustos, pesados y potentes.
Sin embargo, las sucesivas crisis económicas y políticas que hicieron subir varias veces el precio del petróleo, obligaron a una mutación, que dio origen a automóviles más pequeños, más livianos y mucho más económicos en consumo y precio. Finalmente, con ambos tipos de vehículos dispersos por todo el mundo, termina la era del petróleo y comienza la de la movilidad sustentable, y el desafío ahora es transportar a las personas dañando al mínimo posible el medioambiente.
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A lo largo del tiempo, se fueron estableciendo ideas o prejuicios que perduraron en el tiempo y aún hoy siguen en el aire. Algunas justificadas, otras casi caprichosas. Cuando los grandes autos dieron paso a los medianos, se escuchaba decir que “ya no tienen la misma calidad de antes”, o que “son puro plástico”. Y se justificaba esa idea argumentando que si los autos son de tan buena calidad como antes, la gente no los va a cambiar, y las marcas necesitan vender más.

Mito o realidad, creencia real o comentario de charlas de amigos, el acto de cerrar una puerta y escuchar si el ruido es grave y transmite solidez o si sólo es “ruido a chapa finita”, sigue tomándose como parámetro de la calidad, incluso cuando los fabricantes en la actualidad ofrecen más de 100.000 kilómetros o tres años de garantía.
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Pero los usuarios son extraños, porque si le preguntan por calidad piden aquello de antes, pero si le preguntan por precio o consumo, quieren el más bajo posible. Peor todavía es si el tema a discernir es la contaminación. Todos quieren ahorrar, pero muchos ni siquiera cambian aceite y filtros cuando es necesario, y van por la calle echando humo y emisiones más contaminantes que las normales de su propio auto.
Por eso aparecen proyectos como el Luvly O, y como tantos otros. Nacen en Suecia, pero también en Japón o Argentina. La movilidad se está simplificado y los parámetros cambian. Aparecerán más propuestas como esta, que aunque parezca poco atractiva desde lo visual, representan una solución para la movilidad a bajo costo, con baja contaminación y la practicidad básica resuelta: trasladar a las personas.
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