
Por diversos medios, algunos conscientes y otros inconscientes, desde que niños, se asocia ciertos colores de la señalética con determinados significados. El rojo suele ser asociado con algo con connotaciones negativas o prohibiciones, el amarillo con estar alerta y el verde con lo permitido o positivo.
Hay muchos ejemplos, como los carteles de peligro con señales en rojo, incluso ahora, en plena época de restricciones a la circulación por el COVID-19, con los espacios a los que no se puede acceder. Por el contrario, en color verde encontramos carteles como los de entrada a un sitio, o lugares habilitados para sentarse en un lugar público que tiene vedadas ciertas zonas.
Pero haciendo un juego de palabras, con el color amarillo, siempre hay un gris. Porque el amarillo no es contundente como el rojo, que impide hacer algo, pero alerta que se debe prestar atención. Y uno de los mejores ejemplos es la luz de giro o la baliza en un automóvil, que es de color amarillo justamente porque lo que está alertando es que delante hay otro auto que está haciendo una maniobra que debemos tener en consideración.

Con el semáforo pasa lo mismo. Por esa razón, cuando un semáforo sale de su ciclo de señalización ordenadora del tránsito, se pone en amarillo intermitente. Para decirnos que podemos pasar, pero debemos estar atentos. Aunque parezca obvio, el semáforo amarillo, no es rojo.
El Observatorio Vial de CECAITRA, la Cámara que nuclea a las empresas productoras de software vial, indagó acerca del comportamiento de los argentinos ante la luz amarilla, y sobre el conocimiento de la ley en ese aspecto.
A través de una encuesta telefónica en hogares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires se formularon las siguientes preguntas:
¿Qué acción realiza habitualmente cuando la luz del semáforo se pone en amarillo?
Como resultado se obtuvo que seis de cada 10 personas (62,8%) respondió que frenaba. Solo dos de cada 10 (20,8%) dijo que evalúa detenerse o no. Y apenas el 4,7% sostuvo que aceleraba. El resto no eligió ninguna opción.
Segmentado por edades, apareció una notoria diferencia en el comportamiento, ya que el 73% de los adultos de entre 30 a 49 años dijo que frenaba, en cambio entre los menores de 29 años, ese porcentaje bajó al 43%. Y si la discriminación es por sexo, el 27 % de los hombres encuestados expresó que evalúa si debe detenerse o no. Pero esa opción fue elegida por solo 16% de las mujeres.

¿Qué se debe hacer cuando se pone la luz amarilla del semáforo, según la Ley Nacional de Tránsito?
En esta pregunta, solamente el 22 % contestó que se debe evaluar si es posible cruzar la bocacalle. Mientras que el porcentaje subió al 68% entre quienes dijeron que se debe frenar. El resto dijo que no se debe frenar, acelerar, ni evaluar en un 2,7%; que se debe acelerar en un 0,6% y el 7,1% restante no eligió ninguna opción.
Por edades, el 78% de los adultos de entre 30 y 49 años dijo que se debía frenar. El porcentaje bajó al 52% en los menores de 29 años. Además, la respuesta correcta fue elegida por el 36,5% de los más jóvenes pero solamente por el 12,6% de los mayores de 65 años.

El artículo 44 de la Ley Nacional de Tránsito, indica que en las vías semaforizadas, los vehículos deben con luz verde a su frente, avanzar; con luz roja, detenerse antes de la línea marcada a tal efecto o de la senda peatonal, evitando luego cualquier movimiento; y con luz amarilla, detenerse si se estima que no se alcanzará a trasponer la encrucijada antes de la roja. También sostiene que los peatones no deben cruzar con luz roja o amarilla a su frente.
“Cuando se nos presenta una decisión que debemos tomar en segundos, es muy importante que tengamos todos los sentidos puestos en la conducción. Ante una luz amarilla, la atención es primordial, se debe mirar para atrás, y para adelante, para evitar un choque o atropellar a un peatón. Por eso, hay que otorgarle a la luz amarilla la importancia que tiene, al ser un instrumento de prevención”, sostuvo el vocero de CECAITRA, Facundo Jaime.

El conocimiento parcial o desconocimiento de las normas viales al detalle es una deuda pendiente en los automovilistas argentinos. En este caso puntual de la luz amarilla, hay mitigadores del peligro que conlleva no saber actuar ante esa señalización de los semáforos y una es el sistema de cuenta regresiva, que nos permite calcular con mucha mayor precisión, si llegaremos a la esquina demasiado cerca de la luz amarilla o no. Es ordenador para el rojo pero también para el verde, y especialmente para los peatones, quienes frecuentemente se ven tentados de cruzar en momentos en los que, aunque la señalización no lo habilite, su visión del panorama los invita a asumir un riesgo. La cuenta regresiva también los ayuda a ellos a evitar el peligro de un cruce poco conveniente si saben cuánto tiempo queda para poder hacer con total seguridad.
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