Los 5 autos con los que Carlos “Lole” Reutemann brilló en la Fórmula 1

Debido a que fue uno de los pilotos más valorados en su tiempo, Carlos Alberto Reutemann corrió en los mejores equipos de Fórmula 1 entre 1972 y 1982. Con algunos de sus autos maravilló a todos, haciendo cosas que parecían imposibles. Un repaso por sus mejores “máquinas” e inolvidables triunfos

El dedo que pedía encender el motor de un Fórmula 1. Carlos Alberto Reutemann corrió en los mejores equipos durante diez años (foto Alejandro de Brito)
El dedo que pedía encender el motor de un Fórmula 1. Carlos Alberto Reutemann corrió en los mejores equipos durante diez años (foto Alejandro de Brito)

Brabham, Ferrari, Lotus y Williams. Si un piloto de Fórmula 1 en las décadas del 70 y 80 soñaba con correr para los mejores equipos, solo faltaba que agregue McLaren y era el menú perfecto. Carlos Alberto Reutemann lo hizo, sin pagar un peso, y decidió irse de cada uno cuando quiso. Dueño de una personalidad intrigante, de más silencios que palabras, hablaba con el volante. Esa era su más elocuente declaración. Manejar como pocos sabían hacerlo. Dedicarse como pocos se dedicaban. Estudiar como muy pocos estudiaban.

Debutó oficialmente en Fórmula 1 en el Gran Premio de Argentina de 1972. Se retiró en el Gran Premio de Brasil de 1982. Corrió 146 Grandes Premios. Ganó 12. Subió 45 veces al podio. Y tuvo durante muchos años, un récord que pocos consideran. Entre Mónaco 80 y Mónaco 81, terminó en todas las carreras en los puntos, que, incluyendo Sudáfrica 81 (declarada sin puntos por problemas políticos) totalizaron 16 carreras consecutivas. Después de su retiro, lo llamaron dos veces para que vuelva. La primera fue en ese mismo 1982, y lo hizo nada menos que Enzo Ferrari, para ofrecerle el 126 C2 del fallecido Gilles Villeneuve. Reutemann casi no contestó, cortó el teléfono. Al año siguiente le ofrecieron un Ligier. Pero tampoco aceptó. Su tiempo había terminado y nunca más volvió a correr un Gran Premio.

Con esta Ferrari de 1994, Reutemann reinauguró oficialmente el Autódromo de Buenos Aires en el Gran Premio de Argentina de 1995 (foto Alejandro de Brito)
Con esta Ferrari de 1994, Reutemann reinauguró oficialmente el Autódromo de Buenos Aires en el Gran Premio de Argentina de 1995 (foto Alejandro de Brito)

Subió dos veces más a un Fórmula 1 en los años siguientes. La primera fue en nuestro país, el año que volvió a correrse el Gran Premio de Argentina, en 1995. Como homenaje, le trajeron una Ferrari 412 T1 V12 del 94 para que girara en el Autódromo de Buenos Aires. Giró el jueves y el viernes, para tomar referencias del auto y la pista. El domingo salió a reinaugurar oficialmente la pista y con su bandera argentina recogió amor, aplausos y agradecimiento de las 75.000 personas que poblaban las tribunas. Quizás fue el más emotivo y merecido tributo a su trayectoria deportiva.

El Fórmula 1 con el que Michael Schumacher ganó el título de 2004, fue también probado por Lole gracias a una invitación de Ferrari (foto Alejandro de Brito)
El Fórmula 1 con el que Michael Schumacher ganó el título de 2004, fue también probado por Lole gracias a una invitación de Ferrari (foto Alejandro de Brito)

La otra ocasión fue en Fiorano, la pista de pruebas de Ferrari, en 2004. La invitación fue para probar la Ferrari con la que Michael Schumacher ganó 13 carreras de 18 ese año. Un lujo que muy pocos pudieron darse en la vida.

Pero en su campaña, Reutemann tuvo momentos únicos, de esos que dejan huella en su recuerdo, pero además marcan a fuego su nombre en la historia. Los invitamos a recordarlos, junto a los cinco autos que le permitieron brillar al volante de un auto de Fórmula 1.

El Brabham BT34 fu el primer Fórmula 1 de Reutemann. Debutó con Pole Position en el Gran Premio de Argentina de 1972 (foto Alejandro de Brito)
El Brabham BT34 fu el primer Fórmula 1 de Reutemann. Debutó con Pole Position en el Gran Premio de Argentina de 1972 (foto Alejandro de Brito)

Brabham BT 34 - GP de Argentina de 1972

Luego de haber corrido sin puntos en Buenos Aires y en Brands Hatch en 1971, Carlos Alberto Reutemann debutaba por fin en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1, el 23 de enero de 1972. Lo hacía con un Brabham BT34 con Graham Hill como compañero de equipo. Y lo hacía justamente en su casa, el Gran Premio de Argentina. Para sorpresa de todos, Lole hacía la Pole Position para su primer Gran Premio, desatando una locura en las tribunas llenas del Autódromo de Buenos Aires. 1m12s46/100 era su tiempo, 22/100 más rápido que Jackie Stewart.

El domingo, el escocés lo pasó en la largada. En la vuelta ocho lo hizo Emerson Fittipaldi y en la vuelta 11, Denny Hulme. Reutemann caía al cuarto lugar y se quedaba estabilizado ahí hasta la mitad de la carrera, cuando sus gomas no aguantaron más. Le habían colocado neumáticos más blandos, lo que explicaba un poco mejor su performance del sábado, aunque no había sido el único, y sin embargo le había ganado la clasificación a toda la Fórmula 1. Terminó séptimo a dos vueltas, corriendo todo el resto de la carrera pegado justo al Tyrrell de Stewart, ganador. Pasarlo hubiera sido posible y recuperaba un giro, pero eso no lo iba a acercar al sexto y arriesgarse a pasar al líder podía hacer que todo terminara mal el día de su debut. Empezó usando la cabeza más que el corazón.

El día que Reutemann ganaba en Argentina y se quedó sin combustible a dos vueltas del final. Fue con el Brabham BT44 en 1974 (foto Alejandro de Brito)
El día que Reutemann ganaba en Argentina y se quedó sin combustible a dos vueltas del final. Fue con el Brabham BT44 en 1974 (foto Alejandro de Brito)

Brabham BT 44 - GP de Argentina 1974

Otra vez el Autódromo de Buenos Aires era el escenario, aunque esta vez estrenando el circuito grande, el número 15. Reutemann iniciaba su tercera temporada en Brabham, con un auto que era toda una revolución: el famoso BT 44.

En la clasificación fue sexto a 7/10 de Ronnie Peterson que domina con su Lotus. El domingo, más de 100.000 personas, incluido el Presidente General Juan Domingo Perón, se presentan en la pista para acompañar a Reutemann en su Gran Premio.

Desde la largada, Lole es tercero detrás de Peterson y James Hunt. El inglés presiona al sueco, se equivoca y se despista, dejando al argentino segundo. En su persecución busca desgastar al Lotus y es efectivo. En la tercera vuelta Reutemann logra superar a Peterson y pasa por la recta principal liderando la carrera. El Lotus no puede seguirlo, invirtiendo la situación de 1971. Con gomas que se deterioraban, el poleman no podía mantener la velocidad de clasificación. Reutemann se escapaba en punta a un ritmo demoledor. Una vez que llega a los 25 segundos, estabiliza el ritmo, y la diferencia con Denny Hulme fluctúa entre los 25 y los 30 segundos.

Entonces en la vuelta 39 la toma de aire del Brabham se afloja y se inclina hacia adelante. ¿Entrará menos aire? ¿Afectará esto el rendimiento del motor? Nada de eso ocurre en las siguientes vueltas, pero entra en acción el fantasma de un problema que podría dejar a Lole sin su victoria en Buenos Aires. Por razones completamente distintas, eso ocurrió a dos vueltas del final. El motor de Lole empieza a fallar por falta de combustible y la distancia con Hulme se reduce dramáticamente. En la última vuelta, Reutemann se queda detenido sin nafta y baja del auto en un mar de lágrimas. Lo que había ocurrido era que por un problema con una masa de rueda en las pruebas libres de ese domingo a la mañana, sus mecánicos no pudieron hacer la revisación correcta del consumo de combustible. Solo le agregaron combustible hasta el nivel acostumbrado, pero, debido a las condiciones del día y por ser aquella una pista con dos larguísimas rectas que nunca antes se había utilizado, el motor había tenido otro nivel de consumo. Lole fue llevado en andas hasta el palco presidencial, donde el General Perón lo recibió como un héroe.

La revancha llegaría dos meses después, cuando en el circuito de Kyalami, Reutemann por fin lograría su primera victoria en Fórmula 1 al quedarse sólidamente con el Gran Premio de Sudáfrica, luego de clasificar cuarto, quedar segundo en la primera vuelta y superar a Niki Lauda en el décimo giro de los 78 que tenía la carrera.

La Ferrari 312 T3 con la que ganó cuatro carreras en 1978, pero no pudo derrotar a los invencibles Lotus 79 de efecto suelo (foto Alejandro de Brito)
La Ferrari 312 T3 con la que ganó cuatro carreras en 1978, pero no pudo derrotar a los invencibles Lotus 79 de efecto suelo (foto Alejandro de Brito)

Ferrari 312 T3 - Gran Premio de Inglaterra de 1978

Luego de abandonar Brabham para entrar en Ferrari en 1977, Reutemann había logrado ganar en Sao Paulo en su primer año con la Scuderia sobre la Ferrari 312 T2. Pero la evolución de ese auto, llamada Ferrari 312 T3, fue el auto que le permitió ser quizás el mejor piloto de la temporada a pesar de no ganar el título. Ese año, los Lotus 79 eran inalcanzables gracias a un descubrimiento de Colin Chapman, su creador, llamado efecto suelo. Así, al llegar al Gran Premio de Inglaterra, Mario Andretti doblaba en puntos al argentino, que de todos modos había ganado tres carreras. El objetivo de Reutemann era al menos terminar tercero en el campeonato, detrás de ambos Lotus, el del italo-norteamericano y el de su compañero, Ronnie Peterson. El duelo de Reutemann por ese tercer lugar de la tabla era contra nada menos que Niki Lauda, el piloto al que habría reemplazado como primer piloto de Ferrari desde ese año.

Lole había clasificado apenas octavo, pero ya era sexto cuando se quedó el primer Lotus de Peterson, y quinto cuando le tocó abandonar a Andretti. Desde entonces comenzó el avance hasta ponerse segundo detrás de Lauda, que lideraba con el Brabham-Alfa Romeo, con medio Gran Premio aún por disputarse.

El acercamiento era lento pero constante, hasta quedar mano a mano en la vuelta 58 de las 76 pactadas para la carrera. Entonces, al alcanzar al rezagado Bruno Giacomelli, se produce la maniobra que decidirá la carrera. Lauda duda y decide ir por afuera del McLaren, y Reutemann elige, acaso con mejor visión de la situación, ir por adentro en la curva Clark. Cuando el austríaco nota la maniobra del argentino se intenta cerrar pero ya es tarde. Lole era el nuevo líder en Brands Hatch ejecutando una de sus mejores maniobras de su carrera deportiva. Gana la carrera, que será su tercera victoria del año, y aunque después vencería también en Watkins Glen a fin de año, no podría con los Lotus, aunque sí logró ser el mejor del resto, tercero en el campeonato del mundo.

Este era el Williams FW07B de 1980. Un auto eficaz como pocos, que corrió y dominó la Fórmula 1 entre 1979 y 1981. Ganó en Mónaco y fue una de sus victorias más prestigiosas
Este era el Williams FW07B de 1980. Un auto eficaz como pocos, que corrió y dominó la Fórmula 1 entre 1979 y 1981. Ganó en Mónaco y fue una de sus victorias más prestigiosas

Williams FW 07B - Gran Premio de Mónaco 1980

Tras abanonar Ferrari para ser compañero de Andretti en 1979 en un desastroso equipo Lotus que lejos estuvo del nivel que los había llevado al título, Reutemann había gastado todas sus ganancias obtenidas en Fórmula 1 desde 1972, para romper el contrato y aceptar la oferta de Frank Williams para manejar el mejor auto de Fórmula 1 de ese momento: el Williams FW07 diseñado por Patrick Head.

Sería compañero del australiano Alan Jones, el primer piloto del equipo, por contrato. Ese año 80, el FW 07 tenía la especificación B junto a la sigla. Era una evolución del auto de 1979 que ganó cuatro de las últimas seis carreras del año. Reutemann arrancó con buenos parciales pero no podía cerrar un fin de semana completo. Era cuarto en Argentina cuando su motor recalentó tras una salida de pista que llenó de pasto los radiadores. No corrió prácticamente en Brasil luego de haber clasificado mejor que Jones por un palier roto en la largada. Fue quinto en Sudáfrica frente a los arrolladores turbo y nuevamente delante de Jones en clasificación. Y era sexto en Long Beach cuando se volvió a romper la transmisión. Y recién en Bélgica pudo cerrar un fin de semana normal, llegando tercero detrás de Jones y Nelson Piquet.

Entonces llegaron a Mónaco, un circuito perfecto para el FW07B. Lole volvió a ser mejor que Jones en clasificación y perdió la Pole Position con el Ligier de Didier Pironi por sólo 6/100. Pero en carrera debía ser escolta de Jones por contrato, así que se puso tercero. El australiano persiguió sin poder superar al francés hasta que se rompió el diferencial y debió abandonar. Reutemann quedó escoltado al Ligier por las siguientes 30 vueltas hasta que empezó a humedecerse la pista, Pironí se accidentó y dejó el camino libre para que Lole vuelva a ganar después de un año y medio. Una victoria en Mónaco no es una victoria más, es especial, y ese día, Reutemann manejó con una sensibilidad especial, con las punta de los dedos, e incluso levantando la visera de su casco, para sentir cuando la lluvia volviera o se detuviera.

La última versión del Williams FW 07. La de 1981. Con este auto, Reutemann lideró el campeonato desde la segunda hasta la penúltima carrera. En Monza sorprendió al mundo con un auto sin alerones delanteros (foto Alejandro de Brito)
La última versión del Williams FW 07. La de 1981. Con este auto, Reutemann lideró el campeonato desde la segunda hasta la penúltima carrera. En Monza sorprendió al mundo con un auto sin alerones delanteros (foto Alejandro de Brito)

Williams FW 07C - Gran Premio de Italia de 1981

Que la temporada 81 de Carlos Alberto Reutemann fue su mejor momento en los diez años de Fórmula 1 es ya conocido. El auto y las circunstancias lo hicieron posible, aunque el resultado final no fue el merecido para el argentino.

El Williams FW 07 era tan bueno, que entre 1979 y 1981 sólo se actualizaba en cuestiones especialmente aerodinámicas. Iniciando el 81 sin puntos en Sudáfrica, Reutemann gana con el modelo B justo antes de saltar al FW07C desde Long Beach. Allí era líder hasta que tiene que dejar pasar a Jones y lo hace simulando un leve despiste en la chicana. Termina segundo y todos contentos. En Brasil, bajo la lluvia de Río de Janeiro, Lole gana aquella famosa carrera del cartel que el mundo entero vio indicándole que vuelva a dejar paso a Jones. Solo que esta vez no obedeció la orden y se llevó los 9 puntos. En Argentina fue segundo detrás de Piquet y pasó a liderar el campeonato, pero desde entonces, con el equipo Williams del lado de Jones y el australiano enfrentado con Reutemann, cada carrera fue un suplicio. Aun así siguió sumando puntos en todas las carreras hasta Mónaco, incluyendo la victoria en Bélgica en mayo. Fue allí cuando cosechó aquel récord de 16 carreras consecutivas en los puntos. Pero Williams cambió las gomas Michelín que tan bien conocía Lole por las Goodyear que se adaptaron mejor al Brabham de Piquet y los 15 puntos de ventaja que llevaba en la punta del campeonato se redujeron a cero antes del Gran Premio de Italia.

Llegaron a Monza donde Reutemann y su auto fueron una sola cosa. El argentino eligió una configuración de puesta a punto completamente descargada de alerones para poder enfrentar a los poderosos motores turbo, y lo consiguió. Quienes estuvieron el sábado de clasificación en Monza dicen que pocas veces vieron un auto deslizar con la precisión que lo llevó Lole entre sus dedos para clasificar segundo a 6/10 de René Arnoux, pero más de un segundo y medio más rápido que Piquet.

El domingo la fortuna jugó sus cartas. Primero en contra, con una llovizna que arruinó los planes de Reutemann para intentar ganar el Gran Premio de Italia, y pasó de segundo a 13ro por esa arriesgada puesta a punto que en el agua convirtió a su Williams poco menos que en inmanejable; pero después a favor, porque una vez seco el piso, llegó a ser tercero detrás de Piquet, pero el motor de su rival no aguantó y se rompíó en la última vuelta, dejando a Lole en el último escalón del podio y al brasileño tres puntos atrás en el campeonato.

El título se le escapó después en Las Vegas, por problemas con la caja de velocidades de ese Williams FW07C que no pudo sumar siquiera un punto en las últimas dos carreras. En sus diez años de Fórmula 1, Reutemann tuvo autos muy buenos y otros bastante malos. Entre estos últimos, el Brabham-Alfa Romeo de 1976 y el Lotus 79 de 1979 fueron los que más dolores de cabeza le dieron. Así y todo, siempre tuvo presente que los límites hay que respetarlos, y si un auto no acompaña, habrá cosas que no podrá conseguir.

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