
Un relevamiento de más de 140 países muestra que la edad mediana de los líderes mundiales ronda los 64 años, mientras que Europa y América del Sur tienen dirigentes más jóvenes. África concentra a los mandatarios de mayor edad y las mayores diferencias con sus poblaciones
Paul Biya, de 93 años, gobierna Camerún, un país cuya población tiene una edad mediana de apenas 18 años. La diferencia de 75 años entre el presidente y el ciudadano que ocupa el centro de la distribución etaria de su país representa uno de los contrastes más extremos de la política mundial. Sin embargo, su caso no es una excepción aislada: tres de cada cuatro personas viven en países dirigidos por alguien mayor de 65 años y dos de cada tres están bajo el mando de líderes que superan los 70.
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La edad de quienes ejercen el poder ejecutivo contrasta así con la de las sociedades que gobiernan. Un análisis elaborado por la investigadora Hannah Ritchie, a partir de datos de más de 140 países, muestra que la edad mediana de los líderes mundiales ronda los 64 años. El estudio incluye presidentes, primeros ministros y monarcas, según quién ejerza el principal poder ejecutivo de cada Estado.
La distribución, sin embargo, varía considerablemente según la región. África tiene a los dirigentes de mayor edad, con una mediana cercana a los 70 años. Asia y América del Norte se ubican en torno a la mitad de los 60, mientras que Europa y América del Sur presentan liderazgos más jóvenes, con edades medianas en torno a los 50 años.
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Los mayores de 80 y los líderes más jóvenes del G20
El contraste también aparece entre las principales economías del mundo. De los 19 países del G20 considerados en el relevamiento, dos tienen dirigentes mayores de 80 años: Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, de 80 años, y Donald Trump, de Estados Unidos, también de 80.
Otros siete líderes superan los 70 años. En el extremo opuesto, solo tres tienen menos de 50: la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, de 49 años; el presidente francés, Emmanuel Macron, de 48, y el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, de 41, considerado en el estudio como la figura que ejerce el principal poder ejecutivo de Arabia Saudita. Si se toma al rey Salman, de 90 años, como referencia, la cantidad de dirigentes menores de 50 años se reduce a dos.
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La edad no es el único factor que distingue a los líderes. El tiempo que llevan en el poder también muestra diferencias significativas entre los sistemas políticos. Vladimir Putin, de 74 años, acumula 27 años en el Gobierno ruso, incluidos sus períodos como primer ministro, mientras que el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, de 72 años, suma 24 años, también al contabilizar su etapa como jefe de Gobierno.
Ambos casos ilustran una característica de los liderazgos prolongados: la permanencia en el poder puede extenderse durante décadas, más allá de los ciclos políticos habituales de las democracias.
África, entre los mandatarios más longevos y las poblaciones más jóvenes
El continente africano concentra algunos de los contrastes más pronunciados entre la edad de sus dirigentes y la de sus habitantes. Paul Biya llegó a la presidencia de Camerún cuando tenía cerca de 50 años y continúa en el cargo a los 93. Otros mandatarios africanos también superan los 80 años, después de haber comenzado sus gobiernos cuando tenían poco más de 30.
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El estudio identifica, además, una relación entre la edad de los dirigentes y la naturaleza de los regímenes políticos. De los 41 países africanos incluidos en la base de datos, 31 están clasificados como autocracias. Ocho de los diez líderes de mayor edad del continente gobiernan países incluidos en esa categoría.

La diferencia generacional no se explica únicamente por la longevidad de los mandatarios. También influye la estructura demográfica de sus sociedades. En Níger, Chad y la República Democrática del Congo, por ejemplo, la edad mediana de la población es de apenas 16 años.
Aunque es esperable que los gobernantes sean mayores que el conjunto de sus habitantes —porque los niños también se incluyen en el cálculo de la edad mediana—, la distancia persiste al considerar exclusivamente a los adultos. Según el relevamiento, los líderes tienen, en promedio, 20 años más que la población adulta. En 129 de los 143 países analizados, los mandatarios superan la edad mediana de sus habitantes.
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Democracias con recambio y autocracias sin límites claros
La duración de los mandatos ayuda a explicar parte de estas diferencias. En las democracias, los límites constitucionales a la reelección y la posibilidad de que los votantes elijan a otros candidatos favorecen la renovación de los liderazgos. En los regímenes autocráticos, en cambio, los gobernantes suelen disponer de más herramientas para prolongar su permanencia.

La base de datos utiliza la clasificación de Varieties of Democracy (V-Dem), una de las fuentes internacionales empleadas para evaluar los sistemas políticos. Según el análisis, ninguna de las 25 democracias liberales incluidas en el conjunto de datos tiene un líder que haya permanecido más de diez años en el cargo. Entre las autocracias, en cambio, hay dirigentes con más de cuatro décadas en el poder.
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Europa muestra un patrón diferente al africano: sus dirigentes suelen ser más jóvenes y sus sociedades tienen poblaciones relativamente más envejecidas. Por eso, las diferencias entre la edad de los mandatarios y la mediana de sus habitantes rara vez superan los 30 años y, en la mayoría de los casos, son inferiores a 20.

En el conjunto de los países analizados, apenas dos presentan líderes más jóvenes que la edad mediana de sus poblaciones: el neerlandés Rob Jetten, de 39 años, dos años menor que esa referencia, y el montenegrino Milojko Spajić, de 39, que la supera por apenas un año.
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El relevamiento no pretende establecer que la edad, por sí sola, determine la calidad de un gobierno. Sí expone una característica extendida de la política contemporánea: mientras las sociedades presentan estructuras demográficas muy diferentes, el poder ejecutivo permanece, en la mayoría de los casos, en manos de dirigentes considerablemente mayores que el ciudadano mediano.
La brecha resulta especialmente visible en países con poblaciones muy jóvenes y liderazgos longevos. En Camerún, la diferencia de 75 años entre Biya y la edad mediana de sus habitantes resume esa distancia entre generaciones y plantea una pregunta que atraviesa a buena parte del mundo: quién gobierna y qué tan representativa es su edad respecto de la sociedad que dirige.
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