Doce rinocerontes serán trasladados desde una reserva de la provincia Noroeste de Sudáfrica hasta un área protegida de Waterberg, en una operación destinada a crear y reforzar poblaciones seguras mediante su reubicación y posterior seguimiento.
La translocación, término que describe el movimiento de animales de un lugar a otro con fines de conservación, puede ayudar a recuperar especies en zonas donde escasean.
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Las experiencias previas con grandes mamíferos como los elefantes permiten anticipar los desafíos que implica este tipo de traslado. Sin embargo, el viaje representa solo una etapa de un proceso que exige planificación ecológica, seguridad y diálogo con las comunidades.
El caso de Kasungu expuso los riesgos para las comunidades
En 2022, 263 elefantes fueron reubicados desde el Parque Nacional Liwonde, en Malawi, hacia el Parque Nacional Kasungu, a unos 350 kilómetros de distancia.

Según African Parks, una organización dedicada a la conservación de áreas protegidas en África, la iniciativa buscaba reducir la presión sobre una población que había crecido en Liwonde y recuperar otra que había sido diezmada por décadas de caza furtiva.
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Adam Hart, autor del análisis publicado en The Conversation, advierte que la complejidad comienza después de la liberación y señala que lograr que los elefantes completen el viaje y se establezcan allí es solo una medida de éxito.
La decisión respondía a una necesidad de conservación: las áreas protegidas malauíes son cada vez más aisladas y Kasungu contaba con pocos ejemplares en un territorio más extenso. Sin embargo, tras la liberación, parte de los animales se desplazó fuera de las zonas previstas.
El resultado fue un aumento de los conflictos con habitantes de los alrededores de la región. Hubo daños en cultivos y propiedades, además de muertes, aunque no todas las víctimas inicialmente vinculadas al operativo fueron atribuidas a los elefantes trasladados.
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Las medidas posteriores redujeron los incidentes

Después del traslado, se destinaron recursos al monitoreo por GPS, equipos de respuesta rápida y una cerca eléctrica de 133 kilómetros. Según International Fund for Animal Welfare (IFAW), los incidentes registrados de conflicto entre personas y elefantes pasaron de 690 en 2022 a 94 en 2025.
La experiencia muestra que una medida adecuada desde el punto de vista ecológico puede adquirir dimensiones sociales y políticas cuando los individuos llegan al territorio.
Hart plantea que el conflicto entre humanos y fauna silvestre puede sonar abstracto, pero perder una cosecha a causa de los elefantes puede ser devastador para una familia.
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Estos animales suman dificultades biológicas por su inteligencia, sus lazos sociales y su capacidad de recorrer largas distancias. Por eso, la planificación no debe limitarse a determinar cuántos individuos puede sostener un ecosistema: también importa qué ejemplares se trasladan y con qué grupo social.
El traslado de rinocerontes requiere previsión a largo plazo

La operación prevista en Sudáfrica ocurre en un momento de expansión de los programas de reubicación de rinocerontes. En 2023 African Parks adquirió Platinum Rhino, un centro privado de cría de estos individuos junto con unos 2.000 rinocerontes blancos del sur.
Para finales de 2025, más de 600 de esos animales habían sido enviados a áreas protegidas de distintos puntos de África. Algunas de las operaciones involucraron a más de 100 ejemplares, una escala que vuelve más relevante el diseño de cada liberación.
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Las imágenes de ejemplares trasladados en jaulas o suspendidos bajo helicópteros suelen concentrar la atención. Según el autor, este último método podría resultar fisiológicamente más seguro de lo que parece, de acuerdo con las investigaciones como la divulgada en Journal of Wildlife Diseases.

Antes de un traslado, el área de destino debe contar con hábitat, alimento y agua suficientes. En el caso de los rinocerontes negros, se necesita vegetación adecuada, como hojas, brotes y plantas leñosas. También resulta indispensable prever la protección contra la caza furtiva, con patrullas, unidades caninas, personal armado y comunicaciones confiables.
La convivencia debe planificarse antes de la liberación
La reserva receptora debe contemplar qué ocurrirá cuando los animales se reproduzcan. Llevar una población al límite de capacidad puede dificultar la gestión futura, por lo que deben anticiparse nuevos movimientos antes de que lleguen los primeros ejemplares.
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Un estudio divulgado en Journal of Applied Ecology sobre 682 rinocerontes negros, involucrados en 191 reubicaciones, detectó más muertes durante el primer año cuando los individuos eran incorporados a conjuntos ya existentes que cuando se creaban grupos nuevos.

El dato evidencia que la composición de la comunidad puede afectar los resultados. Hart sostiene que recuperar especies desaparecidas sigue siendo necesario, especialmente ante la fragmentación de las poblaciones animales.
Además, tras analizar 550 traslados de fauna silvestre destinados a la conservación, un estudio publicado en la revista académica Trends in Ecology & Evolution concluyó que se consideraban los aspectos sociales con menos frecuencia que los biológicos.
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El investigador afirma que “una hermosa idea no basta si se espera que las personas que viven allí ahora asuman costos sustanciales o acepten riesgos para su sustento y su vida”. El trabajo de conservación continúa mucho después de que un elefante salga de su jaula o un rinoceronte se incorpore a su nuevo territorio.
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