Un GPS, 12 mil kilómetros y 4 países: la historia del elefante que podría cambiar lo conocido sobre las migraciones en África

El seguimiento de Z16 durante dos años mostró que las barreras construidas por humanos condicionan los movimientos de la especie de forma distinta según el sexo, con consecuencias directas para su conservación

Un elefante de perfil en un terreno seco con cebras, jirafas y acacias al fondo bajo un cielo anaranjado.
El recorrido de Z16 mostró rutas repetidas entre Zambia, Namibia, Botswana y Zimbabue, y aportó datos sobre antiguos senderos naturales del sur de África (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un elefante africano equipado con un GPS recorrió cerca de 12.000 kilómetros en 2 años, cruzó 4 países y 6 parques nacionales en el sur de África.

El seguimiento fue realizado desde junio de 2023 a un joven macho identificado como Z16 en el norte del parque nacional Sioma Ngwezi, en Zambia, dentro del paisaje protegido de Kavango-Zambeze (KAZA).

De acuerdo con Xataka, el rastreo comenzó como un experimento de seguimiento para comprender mejor los desplazamientos de los ejemplares en esa gran región de conservación.

Dos años más tarde, los científicos comprobaron que el animal había completado uno de los registros más amplios obtenidos hasta ahora sobre el movimiento de esta especie.

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El recorrido destacó por la distancia y porque el animal siguió rutas constantes entre varios territorios del sur africano, lo que aportó datos sobre el uso de antiguas conexiones naturales que hoy existen junto a fronteras, carreteras, vallas y áreas de cultivo.

Un recorrido que expuso antiguos senderos

Elefante africano de perfil posterior camina sobre terreno seco rodeado de arbustos y árboles bajos bajo la luz del sol
Un elefante africano con GPS recorrió cerca de 12.000 kilómetros en 2 años a través de 4 países y 6 parques nacionales del sur de África dentro del área KAZA (Magnific)

El dispositivo permitió reconstruir el desplazamiento de Z16 a través de Namibia, Botsuana, Zimbabue y su retorno a zonas ya visitadas. Entre los pasos detectados apareció el corredor de Sobbe, una franja natural que conecta espacios protegidos de varios países.

Los investigadores observaron que el elefante no avanzó sin patrón definido. Su conducta mostró trayectos repetidos y consistentes, lo que sugiere el uso de caminos migratorios de larga data dentro del sur de África.

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Ese hallazgo plantea que estos mamíferos todavía transitan recorridos anteriores a la organización política actual de la región. El GPS no permite demostrar si esas rutas responden a una memoria colectiva transmitida entre generaciones o a otros mecanismos de orientación.

Lo que cambia al mirar a toda la especie

Un elefante gris visto de perfil camina hacia la derecha sobre tierra, con vegetación y colinas de fondo
El seguimiento de Z16 en el parque nacional Sioma Ngwezi permitió documentar uno de los registros más amplios sobre el movimiento del elefante africano en la región (Magnific)

El caso de Z16 no representa por sí solo el comportamiento general de todos los ejemplares monitoreados. Los datos recogidos de casi 300 elefantes con collares GPS en 5 países muestran una diferencia marcada entre ambos sexos que encabezan las manadas.

Los grandes desplazamientos suelen corresponder a los machos, mientras que las hembras permanecen dentro de áreas mucho más reducidas junto a sus grupos familiares.

Ese patrón coincide con resultados publicados en 2022 en la revista científica Frontiers in Conservation Science, donde un equipo de investigadores analizó datos de más de 100 elefantes con collares GPS en el área de Kavango-Zambeze.

Un elefante de perfil estira su trompa para sujetar las hojas de un árbol bajo la luz del atardecer
Los investigadores detectaron que el corredor de Sobbe conecta espacios protegidos de varios países y cumple un papel clave en la movilidad del elefante africano en KAZA (Magnific)

El trabajo concluyó que las vallas fronterizas entre Namibia y Botsuana actuaban como una barrera total para las hembras monitoreadas, mientras que los machos sí lograban cruzarlas, aunque de forma limitada.

Este contraste modifica la lectura sobre la conectividad del territorio. Una zona puede parecer conectada si algunos adultos logran atravesar largas distancias, aunque las familias completas no hagan esos recorridos.

La diferencia tiene consecuencias directas para la conservación, ya que si la mayor parte de la población se concentra en manadas lideradas por hembras con desplazamientos limitados, la existencia de corredores no garantiza por sí sola una circulación amplia de toda la especie.

Las barreras que sí condicionan sus movimientos

Un elefante africano de perfil bebe agua a la orilla de un estanque frente a colinas verdes
Los datos de casi 300 elefantes con collares GPS en 5 países mostraron que los machos realizan grandes desplazamientos, mientras las hembras permanecen en áreas más reducidas con sus grupos familiares (Magnific)

El seguimiento también mostró que las fronteras políticas no actúan como límites para los elefantes, pero sí las barreras construidas por las personas, en especial las antiguas vallas veterinarias instaladas en distintos puntos de la región.

Los investigadores comprobaron que muchas hembras no cruzan esas estructuras, incluso cuando se encuentran abandonadas o deterioradas. Ese dato sugiere que la presencia de la barrera mantiene su efecto aun después de perder su función original.

Entre las hipótesis mencionadas aparece el papel de los grandes ríos como límites naturales del territorio. También se considera que los cercos continúan siendo un obstáculo físico para las crías y que persiste el recuerdo de cuando estaban electrificados y bajo vigilancia.

Ese escenario muestra un paisaje dividido por obstáculos que no afectan a todos los individuos del mismo modo.

El corredor de Sobbe y la convivencia con las comunidades

Un elefante africano grande con orejas desplegadas de pie en un terreno con hierba y árboles de fondo
Un estudio citado sobre Kavango-Zambeze concluyó que las vallas fronterizas entre Namibia y Botswana bloqueaban a las hembras monitoreadas, aunque algunos machos lograban cruzarlas de forma limitada (Magnific)

Uno de los puntos clave del recorrido fue el corredor de Sobbe, utilizado varias veces por el animal monitoreado: aunque tiene apenas unos pocos kilómetros de anchura, ese paso conecta grandes áreas naturales distribuidas entre varios países.

Esa función estratégica también aparece en un estudio publicado en 2025 por la revista Review of Regional Research, que analizó el caso de Sobbe dentro del área de resguardo transfronterizo KAZA.

El trabajo señala que ese paso es clave para la movilidad de estos mamíferos entre distintos espacios del área, pero advierte que su continuidad enfrenta tensiones por el avance de los campos agrícolas, los conflictos por el uso de la tierra y la resistencia de los habitantes.

Dos elefantes están frente a frente con las trompas entrecruzadas en un terreno de hierba verde
El rastreo indicó que las fronteras políticas no frenan al elefante africano, pero las vallas veterinarias, los ríos y otros obstáculos humanos sí condicionan sus movimientos, sobre todo en hembras y crías (Magnific)

La conservación de ese tipo de vía no se limita al resguardo del hábitat. También exige acuerdos de convivencia con las comunidades que habitan en esas zonas y que conviven con una de las mayores poblaciones de elefantes del planeta.

Muchos agricultores protegen sus cultivos cada noche con tambores y hogueras para ahuyentar a los animales. A eso se suma la necesidad de compensaciones, empleo y beneficios vinculados a la protección para sostener la aceptación local.

La situación revela que mantener abierto un paso ecológico implica tanto una tarea ambiental como social. La circulación de los ejemplares depende de la continuidad del paisaje, pero también de la relación diaria entre fauna, producción rural y población local.

El desafío futuro para la preservación

Un elefante africano permanece junto al grueso tronco de un árbol, rodeado de arbustos y pastos
La conservación del corredor de Sobbe enfrenta la presión de los campos agrícolas, los conflictos por el uso de la tierra y la necesidad de acuerdos con comunidades locales para sostener la circulación de elefantes (Magnific)

El caso de Z16 mostró que todavía existen rutas capaces de conectar una parte extensa del sur africano y dejó en evidencia que esos caminos tienen un alcance limitado si solo son utilizados por machos solitarios.

La presión sobre las zonas con mayor densidad de elefantes solo podría reducirse si esos corredores también fueran transitados por hembras y crías, ese punto aparece como una de las cuestiones centrales para los investigadores.

Por esa razón, la atención científica se dirige ahora a episodios poco frecuentes, como el de una hembra que logró cruzar varias vallas en Namibia.

Si ese comportamiento dejara de ser excepcional, indicaría que esos antiguos trayectos aún conservan posibilidades de continuidad en una región marcada por divisiones humanas que alteraron el espacio histórico de la especie.

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