
Los dos huesos recuperados en yacimientos públicos próximos a Richmond, en Queensland, permitieron identificar una nueva especie de ave del Cretácico en Australia, denominada Tenuicruris piscanexum.
Hasta ahora, la única especie australiana reconocida de ese período era Nanantius eos, descrita en 1986 a partir de un hueso de la pierna hallado en la misma formación geológica.
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Los restos fueron encontrados por Kevin Petersen y analizados por un equipo encabezado por Matt White, mientras que la investigación fue publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.
Una capa rica en restos marinos
Petersen, antiguo conservador del museo Kronosaurus Korner, encontró el primer hueso mientras buscaba fósiles en áreas abiertas al público. De acuerdo con Phys.org, el ejemplar apareció en una capa rica en restos de peces y dientes dispersos de depredadores marinos, entre ellos plesiosaurios e ictiosaurios.

El recolector detectó una pieza larga de color marrón claro que no se parecía a los materiales que solían aparecer en ese estrato, por lo tanto lo separó para una identificación posterior. Una semana más tarde, después de una lluvia, localizó un segundo fragmento desconocido sobre una losa de roca.
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Tras fotografiar ambos restos, Petersen envió las imágenes a White, investigador de la Universidad de Nueva Inglaterra. “Los reconocí inmediatamente como huesos de ave”, afirmó el paleontólogo.
Un registro aviar escaso
Según explicó el investigador, “estos ejemplares son especialmente importantes porque se han encontrado muy pocos en Australia, y hasta ahora ninguno era directamente comparable”.
Aunque existen más de 11.000 especies de aves vivas, el registro del Cretácico australiano contiene menos de una docena de huesos aislados, una escasez que aumenta la relevancia de los nuevos ejemplares.

White identificó uno de los elementos como un tarsometatarso, el conjunto de huesos fusionados que forma parte del pie de estos animales. El segundo correspondía a un tibiotarso, una pieza de la pierna.
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Ambos estaban bien preservados, aunque parte de su superficie permanecía cubierta por concreciones que son acumulaciones minerales endurecidas alrededor de los fósiles.
Los escaneos permitieron estudiar el interior de la roca sin dañar los ejemplares
Para evitar una excavación completa que pudiera afectar a las estructuras óseas, el equipo recurrió a una técnica de imagen no destructiva. El doctor Joseph Bevitt, de la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nuclear, escaneó los especímenes y White transformó los datos obtenidos en modelos tridimensionales.
Las mallas 3D hicieron posible observar las partes de los huesos que aún seguían dentro de la roca y compararlas con el material conocido de Nanantius eos. El estudio detectó diferencias anatómicas claras entre el tibiotarso recién hallado y la especie descrita cuatro décadas antes.
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El nombre Tenuicruris piscanexum hace referencia a dos rasgos del descubrimiento: Tenuicruris significa “pata delgada” y alude a la forma esbelta de sus extremidades; mientras que el término piscanexum vincula al animal con el estrato cargado de fósiles de peces donde aparecieron los restos.
El análisis filogenético, un método que compara características anatómicas para establecer parentescos evolutivos, ubicó a los dos ejemplares dentro de Enantiornithes, el grupo más diverso y extendido entre las aves del Mesozoico.
Los fragmentos aislados aportan nuevas pistas sobre las aves del Cretácico
Las piezas preservadas proceden de la Formación Toolebuc, un depósito de unos 105 millones de años que conserva rastros de un antiguo mar interior. Allí ya se habían identificado pliosaurios, plesiosaurios, ictiosaurios, tortugas, tiburones, quimeras, peces óseos y pterosaurios.
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Esta nueva incorporación aporta información sobre la diversidad de animales que convivieron en ese ambiente. Los restos aislados, aunque no permiten reconstruir un esqueleto completo, sirven para ampliar las comparaciones disponibles y estudiar la paleoecología.

“Aunque los restos recién descubiertos representan huesos aislados, son excepcionalmente raros”, señaló el doctor Dean Lomax, de la Universidad de Bristol, durante una visita a Richmond por la Semana de los Dinosaurios de Queensland.
“Este hallazgo proporciona información nueva y fascinante sobre el entorno antiguo y la diversidad animal que habitaba lo que hoy es Richmond”, añadió.
Los antecedentes de fósiles aviares de esa época en Australia son dispersos. Los más antiguos proceden de Victoria y tienen entre 128 y 120 millones de años. También se conocen plumas y huellas fósiles, además de restos de aves opalizadas de Lightning Ridge, una localidad de Nueva Gales del Sur, pero los huesos articulados son escasos.
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En la propia Formación Toolebuc se habían recuperado otros tibiotarsos atribuidos a Nanantius. Uno de ellos se conservó incluso junto al contenido intestinal de un ictiosaurio. Con la descripción de Tenuicruris piscanexum, los yacimientos públicos de Richmond suman un nuevo indicio de la fauna que habitó el antiguo mar.
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