Ondas Kelvin: qué son y por qué podrían elevar el riesgo de inundaciones en la costa del Pacífico

Los pulsos cálidos vinculados a El Niño avanzan desde octubre y, junto con mareas altas y tormentas, podrían duplicar los anegamientos en comunidades litorales afectadas durante décadas por la erosión

Vista aérea de olas con espuma blanca rompiendo en una playa de arena oscura junto a acantilados rocosos.
Los pulsos cálidos, asociados a El Niño y activos desde octubre, coincidirán con tormentas y mareas de primavera hasta febrero (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Una serie de pulsos de agua cálida avanza por el fondo del océano Pacífico y amenaza con elevar la cota marina hasta 30 centímetros en la costa oeste de Estados Unidos. Las llamadas ondas Kelvin —fenómeno estrechamente ligado a El Niño— no rompen sobre la playa ni se perciben a simple vista, pero su llegada, combinada con mareas altas y tormentas, podría duplicar el riesgo de anegamiento en comunidades costeras que ya acumulan décadas de erosión.

El avance comenzó en octubre y los expertos anticipan que continuará hasta febrero, periodo en que coincidirá con las mareas de primavera y el oleaje del Pacífico Norte. Según los especialistas, cada 5 a 10 centímetros de elevación adicional puede duplicar el riesgo de inundación en zonas bajas. Con El Niño que varios científicos califican como uno de los más intensos registrados, ese umbral podría superarse con relativa facilidad.

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Las ondas Kelvin son pulsos subacuáticos que elevan la línea del mar sin ser visibles

Ilustración con esquemas tridimensionales del océano, un globo terráqueo con flechas de viento y sacos de arena colocados junto al mar.
Un gráfico explica el desplazamiento de las ondas Kelvin desde el ecuador hacia la costa oeste de Estados Unidos y su impacto en el nivel del mar durante el fenómeno de El Niño (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos pulsos no se parecen al oleaje convencional. Viajan bajo la superficie y funcionan como una protuberancia sostenida de agua que empuja la cota marina a medida que avanza por la costa. Dillon Amaya, oceanógrafo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, los describió como una especie de panqueque gigante: más anchos que profundos, con entre 19 y 32 kilómetros de extensión desde la orilla y unos 200 metros de profundidad.

El fenómeno tiene origen en el ecuador. Los vientos alisios que normalmente empujan agua del Pacífico hacia Asia se debilitan o invierten durante El Niño, lo que provoca que esa masa acumulada regrese hacia el este. Al chocar con la costa de América del Sur, la energía se bifurca y viaja como corrientes costeras hacia el norte y el sur, alcanzando California, Oregón y el estado de Washington.

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“Estas ondas son, en muchos sentidos, la fuerza impulsora de El Niño. Ayudan a que el fenómeno crezca y madure a lo largo de varios meses”, indicó Amaya en declaraciones recogidas por AFP. Además de elevar el nivel oceánico, los pulsos suprimen el afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes, lo que calienta la superficie del mar y afecta la cadena alimentaria marina de la región.

Cada centímetro de aumento en la línea base del mar amplifica el impacto de tormentas y mareas

Boya metálica de color amarillo con el logo de la NOAA y paneles solares flota sobre el mar picado bajo un cielo nublado.
Los especialistas advierten que las zonas bajas sufrirán mayores desbordamientos cuando las mareas altas y las tormentas alcancen una línea base oceánica superior a la habitual (Imagen Ilustrativa Infobae)

El riesgo real no proviene de los pulsos en sí, sino de lo que alteran a su paso. Michael Jacox, oceanógrafo investigador de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, explicó que si las aguas ya están por encima de lo habitual cuando llega una tormenta o una marea alta, el agua alcanza cotas considerablemente más peligrosas. “Los efectos pueden amplificarse”, advirtió en declaraciones a AP.

La corriente en curso, combinada con el oleaje del Pacífico Norte y las mareas astronómicas de primavera —especialmente pronunciadas entre octubre y febrero—, genera condiciones para un desgaste costero de carácter excepcional. La NOAA advierte que, durante años de El Niño, el número de días con desbordamientos por mareas altas puede triplicarse en la costa del Pacífico.

Sean Vitousek, oceanógrafo del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), recordó que los grandes episodios de El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 provocaron la peor erosión registrada en las playas de la costa oeste. “La pérdida de playas protectoras también incrementa el impacto de las olas y las inundaciones costeras sobre propiedades e infraestructura”, sostuvo.

Comunidades de California colocan arena de emergencia ante el avance de los pulsos cálidos

Oleaje marino sobre una barrera de sacos de arena y rocas junto a una vía de tren bajo un cielo nublado.
Las localidades del sur de California colocan arena de emergencia ante el avance de los pulsos cálidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Varias localidades del sur de California arrastran daños previos. La erosión en las playas de San Clemente amenaza una línea ferroviaria frente al mar, y viviendas del condado de Orange sufrieron desperfectos durante el oleaje vinculado al huracán Marie.

Alyssa Napuri, subjefa de gabinete de la supervisora del condado, indicó que las autoridades colocan arena de emergencia tan rápido como es posible, ya que las proyecciones muestran que el fenómeno podría subir los niveles del agua entre 15 y 30 centímetros adicionales. “Ya estamos luchando tal como estamos”, advirtió.

El gobernador Gavin Newsom proclamó el estado de emergencia a fines de septiembre para preparar al estado ante lo que podría ser una temporada histórica. La medida busca actuar con mayor rapidez para proteger comunidades, desplegar recursos críticos y fortalecer la preparación antes de que el clima severo se intensifique.

En temporadas típicas de El Niño suelen registrarse entre cinco y seis de estos pulsos. Una primera oleada ya pasó en mayo o junio y existe evidencia de que una tercera se encuentra en formación. “Todavía es demasiado pronto para saber si esta temporada invernal será un récord, pero este El Niño va en trayectoria de ser uno de los más grandes, si no el más grande, que hayamos visto jamás”, concluyó Amaya.

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