
En el océano Índico, a casi 3.000 kilómetros de la costa occidental de Australia, se encuentra un remoto archipiélago de 27 atolones coralinos conocido como las Islas Cocos (Keeling).
Este territorio, cuya mayoría de islas no supera los cinco metros sobre el nivel del mar, enfrenta una grave amenaza: la imparable subida del océano, como consecuencia del cambio climático.
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La erosión costera y la creciente frecuencia de inundaciones hicieron que el gobierno australiano planteara la reubicación de los habitantes de las islas, una medida que ya generó indignación y resistencia en la comunidad local.
Con una superficie terrestre reducida, la geografía de Cocos se compone de atolones bajos y frágiles, que dependen de los arrecifes de coral para su estabilidad.
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Desde 1955, el territorio pertenece a Australia, aunque su historia se remonta a la colonización británica en 1857 y a la llegada de trabajadores malasios en el siglo XIX para la explotación del cultivo de coco.
En la actualidad, unas 600 personas residen en el archipiélago, distribuidas principalmente entre West Island y Home Island. Esta última es el hogar de la comunidad Cocos Malay, cuyos ancestros fueron traídos como mano de obra bajo el dominio colonial británico.
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En 1984, tras un referéndum supervisado por Naciones Unidas, el archipiélago quedó plenamente integrado a Australia, aunque la población mantiene una identidad cultural distintiva.
Una amenaza inminente

El aumento del nivel del mar representa una amenaza directa para la existencia de las Islas Cocos. Datos recopilados desde 1992 por la Oficina de Meteorología australiana indican que el océano ha subido a un ritmo de cuatro milímetros por año.
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Según proyecciones oficiales, para 2030 el nivel del mar habrá aumentado entre 14 y 18 centímetros, y para 2070 la subida alcanzará entre 40 y 44 centímetros. En ese punto, un evento climático extremo con una frecuencia de una vez cada 500 años podría inundar la mayoría de los asentamientos en Home Island.
El informe gubernamental sobre el riesgo costero (CHRMAP, por sus siglas en inglés) considera que una “retirada gestionada a largo plazo” es “la opción más viable para proteger vidas de forma social, económica y ambientalmente respetuosa”.
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La propuesta contempla la reubicación progresiva de los residentes y la infraestructura clave durante los próximos 10 a 50 años, aunque no detalla dónde serían trasladados.
La población de las islas reaccionó con enojo ante el plan de reubicación. Frank Mills, director del gobierno local, calificó el informe como “lo peor que la Commonwealth ha entregado aquí”. Según sus declaraciones, el documento equivale a “un plan para deshacerse de los habitantes de Home Island”.
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Mills también denunció que el gobierno australiano prioriza inversiones en infraestructura militar en lugar de destinar recursos para proteger las viviendas locales. La comunidad teme que la reubicación forzada ponga en peligro su identidad cultural.
Un caso sin precedentes en Australia

La situación de las Islas Cocos contrasta con la reciente firma del tratado Falepili Union entre Australia y Tuvalu, una nación insular del Pacífico también amenazada por la subida del mar.
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En virtud de este acuerdo, Australia permitirá que hasta 280 personas de Tuvalu obtengan residencia cada año, además de proporcionar asistencia para mejorar la resiliencia climática de la isla.
En cambio, la población de las Islas Cocos, al ser ciudadana australiana, carece de un gobierno propio que pueda negociar un acuerdo similar. “No tenemos un gobierno estatal, así que en general la Commonwealth, la fuerza aérea o el ejército pueden hacer lo que quieran”, explicó Johnny Clunies-Ross, descendiente de los primeros colonos europeos.
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Un futuro incierto

Aunque el gobierno australiano asegura que el plan de reubicación aún no es definitivo y que se abrirá un proceso de consulta con la comunidad, los habitantes de las Islas Cocos han expresado su escepticismo.
Mientras tanto, los efectos del cambio climático ya se sienten en el archipiélago. Las tormentas cada vez más intensas erosionan las costas, destruyen las barreras de contención y causan inundaciones frecuentes en las aldeas. La comunidad de Home Island ya experimenta anegamientos durante casi cualquier episodio de lluvias.
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