
La vida de Roberto Vargas, alias "Gavilán", estuvo marcada por la sangre y el fuego. La sangre de todo aquel que se cruzara entre él y sus intereses, y el fuego de su pistola, con la que se abría camino en el mundo de la mafia.
"Gavilán" llegó a ser el segundo al mando del cártel de droga más grande de Colombia: Clan del Golfo.
Este jueves, comandos de la Policía y el Ejército, apoyados por helicópteros Blackhawk, abatieron a Vargas. La muerte del capo fue anunciada por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, a través de su cuenta de Twitter. Por su cabeza, las autoridades ofrecían 2 millones dólares.
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Su vida en el mundo del hampa se inició a los 16 años en su natal Urabá, en el departamento de Antioquia, donde ingresó a las filas de la guerrilla EPL (Ejército Popular de Liberación). Cuando el grupo insurgente se desmovilizó en 1995, pasó a las recién formadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), creadas por el desaparecido paramilitar Carlos Castaño.

Vargas pronto se hizo conocido entre sus compañeros, quienes lo consideraban un hombre sanguinario y violento. Sus superiores aprovecharon las tenebrosas cualidades del "Gavilán" -un ave rapaz de la familia del halcón- y le asignaron misiones en las que comandó masacres que causaron desplazamientos masivos.
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En 2005, con decenas y decenas de muertos sobre su espalda, se desmovilizó con los paramilitares durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Un año más tarde entró a la banda criminal de Los Urabeños, grupo que era liderado por Daniel Rendón, alias "Don Mario", quien luego fue capturado y extraditado a los Estados Unidos.
En 2012, cuando fue nombrado jefe militar de Los Urabeños, "Gavilán" empezó a demostrar su violento temple ordenando un paro armado en tres departamentos de la costa Caribe colombiana. Luego repitió la estrategia en 20 municipios donde impidió abrir colegios y comercios. La medida estaba destinada a retar y mostrar su fuerza al estado colombiano.
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En 2011, Vargas ordenó asesinar a una pareja de jóvenes universitarios que acampaban en una playa, solo porque estos -sin saberlo- estaban cerca de un lugar donde una lancha iba a ser embarcada con droga.
La naturaleza violenta de "Gavilán" también se veía reflejada en sus prácticas sexuales: las menores de edad eran sus trofeos de guerra. En los lugares donde ejercía su poder e influencia, obligaba a niñas de entre 12 y 15 años a tener sexo con él. Ni las familias ni las menores se podían negar a los deseos del narco. De lo contrario eran asesinadas.
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En 2016, la Policía le incautó 9,2 toneladas de cocaína que tenía escondidas bajo tierra en una caleta. El valor de la droga fue avaluado en más de 250 millones de dólares. Fue el decomiso de coca más grande a un solo hombre en la historia de Colombia.

Luego de esa operación, Gavilán juró tomar venganza. Fue así como puso precio, al mejor estilo de Pablo Escobar, a la cabeza de generales de la policía. Además, ordenó su llamado Plan Pistola en el país, en el que pagaba cerca de 800 dólares por policía asesinado.
Las autoridades colombianas aumentaron los operativos contra el narco, quien en noviembre de 2016 escapó milagrosamente de la muerte luego de un bombardeo en el que 12 de sus hombres fueron abatidos. Su suerte le llegó hasta el 31 de agosto de 2017: Roberto Vargas murió en su ley. Estaba en Antioquía, la tierra del narco más famoso de la historia.
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Ahora la fuerza pública va por el número uno del Clan del Golfo: Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel. Otro personaje macabro en la interminable historia de violencia colombiana.
La palabra de Santos
El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, calificó la operación en la que murió el número dos del Clan del Golfo como "el más duro golpe en los últimos dos años" contra esa banda criminal.
"En una acción muy bien planeada, quirúrgica, por parte de un cuerpo de élite de la Armada, con inteligencia de la Policía y con la ayuda táctica y estratégica de las demás fuerzas, fue dado de baja el número dos del Clan del Golfo", dijo Santos en una declaración en la Casa de Nariño.
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Acompañado de los comandantes de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, así como del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, el mandatario indicó que el ataque al campamento de Vargas, que es parte de la Operación Agamenón II, se hizo este jueves en Puerto Plata, zona rural del municipio de Turbo, en el departamento de Antioquia (noroeste).
Santos reiteró que dicha banda "es una de las organizaciones prioritarias en la acción de nuestras fuerzas" y definió al Clan del Golfo como "tal vez la organización criminal más poderosa que estamos confrontando ya desde hace algún tiempo".
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