El "tuci", la droga sin fórmula fija que desconcierta a la salud pública y la seguridad en América

Un boletín de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, de la OEA, documenta la expansión de esta mezcla psicoactiva —conocida también como "cocaína rosa"— por nueve países del continente y advierte de que su composición cambiante debilita los sistemas de alerta y los marcos legales diseñados para sustancias específicas

La ingestión de tusi expone a los consumidores a riesgos impredecibles y graves para la salud, debido a la falta de control sobre su composición - crédito X
La ingestión de tusi expone a los consumidores a riesgos impredecibles y graves para la salud, debido a la falta de control sobre su composición - crédito X
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Cuando en octubre de 2024 el cantante británico Liam Payne murió tras caer desde el balcón de un hotel en el barrio porteño de Palermo, un informe toxicológico preliminar incluyó entre las sustancias halladas en su organismo un coctel de metanfetamina, ketamina y MDMA conocido como cocaína rosa o “tuci”. El episodio, ocurrido en Buenos Aires, expuso ante una audiencia global un producto que los organismos antidrogas de América Latina documentan desde hace más de una década: un producto vendido bajo un nombre único que rara vez contiene la sustancia que ese nombre sugiere.

Así lo confirma un boletín publicado por la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), el organismo técnico de la Organización de los Estados Americanos (OEA) especializado en política de drogas. El documento sostiene que el “tuci” no corresponde a una molécula específica, sino a una mezcla de sustancias psicoactivas de composición variable comercializada bajo una misma marca. La mayoría de las muestras analizadas en laboratorios forenses de la región no contiene 2C-B, el psicodélico con el que originalmente se asoció el nombre.

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El fenómeno se originó en Colombia a comienzos de la década de 2010, en circuitos de ocio nocturno de sectores de ingresos medios y altos, como una alternativa más económica al 2C-B, sustancia sintetizada en los años setenta. La escasez y el alto costo de ese compuesto en el mercado ilegal llevaron a los productores a sustituirlo por combinaciones más accesibles, principalmente ketamina y MDMA. El nombre comercial se mantuvo pese al cambio radical en la fórmula, lo que consolidó una marca independiente de su contenido químico real.

A diferencia de la cocaína o la heroína, que siguen una cadena de producción relativamente fija —cultivo, procesamiento, refinamiento, distribución—, el “tuci” se ensambla de forma descentralizada a partir de insumos disponibles localmente, sin un proceso único ni un control centralizado. Esa flexibilidad, señala la CICAD, facilita su rápida difusión y explica por qué el mismo nombre puede designar mezclas radicalmente distintas según el país o incluso la ciudad.

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Mesa blanca cubierta con decenas de bolsas pequeñas de cierre hermético llenas de polvo rosa (tusi), junto a balanzas, teléfonos móviles y documentos policiales
Efectivos policiales de la Comisaría de Esteban Echeverría 1ra, Monte Grande (Argentina), exhiben el 'tusi' incautado y otros estupefacientes tras un exitoso operativo antidrogas. (Policía bonaerense)

Los registros del Sistema de Alerta Temprana de las Américas (SATA), la red de la CICAD que recoge notificaciones de los observatorios nacionales, documentan detecciones vinculadas al “tuci” en nueve países entre enero de 2023 y mayo de 2026: Colombia y Estados Unidos encabezan la lista, seguidos de Chile, El Salvador, Uruguay, Argentina, Brasil, República Dominicana y Trinidad y Tobago. En Bogotá, 5 muestras vendidas como “tuci” en mayo de 2025 contenían xilacina, un sedante de uso veterinario; en Argentina se detectó en marzo de 2026 medetomidina, otro fármaco animal, junto a ketamina y MDMA.

Un estudio químico realizado en 2024 sobre 992 muestras recogidas en 22 eventos de música electrónica en Santiago de Chile identificó 48 como “tuci”, con una composición heterogénea: alrededor del 42% contenía solo ketamina, un tercio combinaba ketamina y MDMA, y el resto incluía otras sustancias o resultó imposible de identificar. Un informe posterior, de febrero de 2026, halló que el 82% de la ketamina incautada en el país estaba mezclada con otros compuestos. En Estados Unidos, la Administración para el Control de Drogas (DEA) reportó la incautación de 960 muestras de “tuci” entre 2020 y 2025, de las que solo una proporción mínima contenía 2C-B. En Australia se decomisaron 133 kilos de “cocaína rosa” entre marzo y julio de 2024.

La variabilidad química multiplica los riesgos clínicos. Un estudio en entornos nocturnos de Nueva York encontró que el 41,7% de quienes declararon consumir “tuci” subestimaba su exposición real a la ketamina, cuyo uso frecuente en dosis altas puede provocar daño urológico y un cuadro de dependencia con síndrome de abstinencia. En Chile, una investigación sobre adolescentes del sistema de justicia juvenil detectó que el 29% presentaba riesgo de suicidio, en un contexto de alto consumo de drogas sintéticas, entre ellas el “tuci”.

Representación de la cocaína rosa o también conocida como Tusi
De acuerdo a los expertos, el color y el aroma vuelven atractiva a esta droga - crédito ARK Behavioral Health

El fenómeno tampoco es ajeno a Europa. La Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA) reportó en su informe de 2026 que España concentró, junto con Alemania, la mayor parte de las incautaciones de ketamina del continente en 2024, y que el número de muestras presentadas como ketamina a los servicios de análisis de sustancias en siete países comunitarios casi se triplicó entre 2023 y 2025. La agencia registró además un aumento de los residuos de ketamina en las aguas residuales de la mayoría de las ciudades europeas con datos disponibles, y confirmó la circulación de cócteles de ketamina y estimulantes bajo la etiqueta de cocaína rosa.

Para la CICAD, creada en 1986 en el marco del Programa de Acción de Río de Janeiro y en la que España participa como observador, existen vacíos regulatorios: la ketamina no está sujeta a control internacional y su inclusión en las listas nacionales varía de un país a otro, lo que abre vacíos legales ante mezclas no contempladas explícitamente por la ley. El organismo recomienda reforzar los sistemas nacionales de alerta temprana, ampliar la capacidad de los laboratorios forenses y avanzar hacia marcos regulatorios basados en grupos de sustancias y no en listas cerradas.

El “tuci” no es, en rigor, una droga nueva, sino el síntoma de un mercado que ha aprendido a vender fórmulas cambiantes bajo etiquetas estables. Mientras los sistemas de control sigan diseñados para perseguir sustancias individuales, seguirán un paso por detrás de un producto que se reinventa en cada laboratorio clandestino.

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