
Blasina y Asociados, una de las principales consultoras de desarrollo de agronegocios en Uruguay, realizó un estudio para el diario El Observador, en el que enumeran y analizan las variables que sumaron presión al sector, que lleva días manifestándose en diferentes puntos del país.
La firma explica que es necesario mirar la historia y evaluar las ocasiones en las que la inflación superó largamente a la trayectoria del dólar y cómo afectó al sector.
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Según explican en el trabajo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Uruguay – que tiene una base 100- cerró el 2017 en 172,86. La base 100 son los precios de diciembre de 2010, por lo que la inflación desde ese entonces ha sido 72,86 por ciento.

Y así, la inflación produce el aumento en el precio promedio de los bienes que consume toda la ciudadanía -alimentos, vivienda, educación, vestimenta, etcétera-. Pero para los productores también suben los costos salariales y la energía, fundamental para la producción agropecuaria.
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Blasina y Asociados detalla que "el problema de los exportadores" es que el precio de sus productos tienen dos componentes: el precio en sí, determinado por los mercados internacionales o la capacidad propia de venta, y el tipo de cambio, "que multiplica ese precio por los pesos que se obtengan por cada dólar exportado".
"Y aquí se da el principal causante de generalizada asfixia: mientras el IPC y presumiblemente el costo en general subieron el mencionado 73%, el componente dólar de los precios subió 43% en estos siete años", clarifica.
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En este racconto histórico publicado en el diario El Observador, se explica que hasta el primer trimestre de 2016, los productores esquivaban la crisis: "Primero por los altos precios y porque, cuando bajaron, la moneda local ajustaba compensatoriamente. Bajan las materias primas, baja la moneda del país exportador, los exportadores obtienen más moneda local por dólar obtenido en el exterior".
El estudio explica que en Uruguay los productores tuvieron un esperanzador efecto compensatorio del dólar hasta febrero de 2016: "Desde entonces la inflación en dólares, la trayectoria divergente de precios dolarizados a la baja y costos rígidos hacia arriba ha ido sofocando a los exportadores, los productores y los industriales que procesan las materias primas".
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Blasina y Asociados recuerdan que ya van 20 meses consecutivos de inflación en dólares superior a 10% por año: "Vamos rumbo a dos años de suba de costos superior holgadamente a 10% con ingresos estables. Y la percepción de que no hay marcha atrás es la que causa un nerviosismo cada día mayor".
Como explicaban, a esto se le suma el factor energético. Entre 2010 y 2017 el gasoil subió un 59% y, aunque el combustible sube algo menos que la inflación del período, lo que quita competitividad es que el petróleo Brent subió apenas 2%. "A los productores les resulta cuesta arriba competir con quienes tienen una traslación más transparente y veloz de las subas y bajas", apuntan.
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"En síntesis, el doble desfasaje dólar/IPC y precio de la energía local/precio internacional o precio de los vecinos tiene a los productores contra las cuerdas", resume el trabajo.
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