
El número de muertos en la devastadora campaña de Israel contra el grupo islamista Hamas en Gaza se dispara. Más de dos semanas después de que los militantes de Hamas orquestaran su atroz ataque contra el sur de Israel, asesinando a más de 1.400 personas en una matanza sin precedentes en la historia israelí, los bombardeos e incursiones israelíes han causado la muerte de al menos 5.087 palestinos en Gaza, entre ellos más de 2.000 niños, según las autoridades locales. Estas cifras aumentarán a medida que Israel intensifique su ofensiva.
Los partidarios de Israel justifican los terribles daños colaterales como un hecho inevitable de un conflicto en el que un enemigo sin escrúpulos opera en zonas abarrotadas de civiles. Los palestinos inocentes, escribió Robert Satloff, director ejecutivo del Washington Institute for Near East Policy, están “atrapados entre el martillo de la atrocidad de Hamas y el yunque de la legítima retribución de Israel”.
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Otros en Israel y en otros lugares han sido incluso menos comprensivos. Tachan a los más de 2 millones de personas que viven en la Franja de Gaza -territorio sometido a un bloqueo económico inmisericorde durante los últimos 16 años- de cómplices de Hamas, que ejerce su dominio en Gaza desde que se la arrebató en 2007 a facciones palestinas rivales.
“Es toda una nación la responsable”, declaró a la prensa el presidente israelí, Isaac Herzog. “Esta retórica de que los civiles no eran conscientes, no estaban implicados, es absolutamente falsa. Podrían haberse levantado, podrían haber luchado contra ese régimen malvado”.
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Una parte fundamental de este argumento radica en lo que ocurrió hace casi dos décadas. En 2006, la entidad política palestina que operaba en Cisjordania y Gaza convocó elecciones. Poco sabían los observadores que sería la última votación permitida por la Autoridad Palestina, dirigida entonces, como ahora, por el Presidente Mahmoud Abbas. Las elecciones se celebraron tras una serie de turbulentos acontecimientos: los años de la segunda intifada, la muerte del antiguo líder palestino Yaser Arafat y la retirada de las tropas y colonos israelíes de la Franja de Gaza en 2005.
Las elecciones dieron una sorprendente victoria a Hamas, que obtuvo el mayor número de escaños con cerca del 44% de los votos. Lara Friedman, presidenta de la Fundación para la Paz en Medio Oriente, que aboga por el acercamiento y la paz entre israelíes y palestinos, observó recientemente que en ningún distrito de Gaza obtuvo Hamas la mayoría de los votos. En la actualidad, los niños representan aproximadamente la mitad de la población de Gaza, lo que significa que sólo una fracción de la población actual del territorio ha votado alguna vez a Hamas.
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Dado el horror de lo que Hamas desencadenó el 7 de octubre, es difícil para muchos imaginar a los islamistas como auténticos actores democráticos en una estructura parlamentaria incipiente. Pero la facción, que surgió en la década de 1980 en Gaza (con cierta ayuda israelí) como una rama palestina de los Hermanos Musulmanes, obtuvo los votos de muchos palestinos cansados de la atrincherada camarilla palestina de Abbas y sus aliados del partido laico Al Fatah.

“En su mayoría, votaban por la oposición y votaban contra Al Fatah: contra la corrupción, contra el nepotismo, contra el fracaso del proceso de paz y contra la falta de liderazgo”, declaró entonces a la CNN Mustafa Barghouti, un político palestino independiente y franco de entonces y de ahora.
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Un espectador llamativo se hizo eco de este análisis. El presidente George W. Bush había presionado para que se celebraran elecciones palestinas, en parte como consecuencia del celo ideológico de su administración por extender la democracia en Medio Oriente por todos los medios necesarios. Cuando se hizo evidente la victoria de Hamas, Bush dijo que la votación reflejaba el desencanto de los palestinos con sus dirigentes actuales, que habían sido elegidos una década antes tras la firma de los acuerdos de Oslo.
“Hubo un proceso pacífico cuando la gente acudió a las urnas, y eso es positivo”, dijo Bush a los periodistas. “Pero lo que también es positivo es que es una llamada de atención a los dirigentes. Es evidente que la gente no está contenta con el statu quo. La gente exige un gobierno honesto. La gente quiere servicios”.
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Dentro de la administración Bush había angustia. Una organización terrorista reconocida que se negaba a desarmar a su brazo armado o a revisar elementos de sus estatutos que buscaban la destrucción del Estado de Israel se había asegurado la legitimidad democrática. “Todo el mundo culpó a los demás”, declaró un funcionario del Departamento de Defensa a Vanity Fair en 2008. “Nos sentamos allí en el Pentágono y dijimos: ‘¿Quién coño ha recomendado esto?’”.
Resultó que Hamas nunca llegó a dirigir el experimento democrático palestino. Las potencias occidentales cerraron temporalmente el grifo de la ayuda a la Autoridad Palestina; Israel reprimió la Franja de Gaza y detuvo a decenas de funcionarios de Hamas, incluidos legisladores electos. El cisma entre Abbas y Fatah en Cisjordania y Hamas en Gaza estalló en una sangrienta serie de batallas que llevaron a Hamas a hacerse violentamente con el control total de la Franja de Gaza en 2007, supuestamente después de que la administración Bush intentara fomentar un golpe de Estado contra Hamas en el territorio.
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Lo que siguió es el trágico curso de la última década, con el movimiento nacional palestino sumido en una crisis, Israel poniendo condiciones de asedio a toda la Franja de Gaza y periódicas erupciones de violencia mortífera por parte de Hamas y otras facciones armadas del territorio que recuerdan al mundo la amenaza perenne que suponen y el precio desproporcionado que paga la población civil de Gaza. Con la bendición de Estados Unidos e Israel, Qatar proporciona un salvavidas económico ayudando a las autoridades de Gaza a pagar cosas como las infraestructuras y los salarios de los funcionarios públicos. Mientras tanto, por medios más encubiertos e ilícitos, Hamas ha recibido ayuda y apoyo iraníes para reequipar sus capacidades militares.
Tras el 7 de octubre, serán aún menos los gobiernos que traten a Hamas como un operador político normal. Pero en los años que precedieron a la guerra actual, los palestinos de Gaza tenían preocupaciones más inmediatas que encontrar los medios para expulsar a la facción armada en su seno. “Muchos gazatíes preferirían no estar gobernados por militantes de Hamas, pero no pueden iniciar sin más una campaña para deshacerse de ellos, no sin correr graves riesgos para sus vidas, sus medios de subsistencia y sus familias. Por un lado, están demasiado ocupados luchando por sobrevivir día a día”, escribió Jonah Shepp en el Intelligencer.
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“Por otro lado, Hamas consolida su poder con un papel preponderante en la economía de Gaza: Es la única organización que puede pagar los salarios de forma fiable, mantiene un control absoluto sobre la entrada de ayuda extranjera y mantiene a Gaza dependiente de Israel en materia de agua y electricidad al negarse a construir infraestructuras en lugar de cohetes”, añadió.
Otros analistas sugieren que el momento también puede exigir una mayor reflexión dentro de Israel. Los militantes de Hamas “son pirómanos, y debemos recordar que los pirómanos buscan un mundo en el que todo arda”, escribió Ben Rhodes, ex funcionario de la administración Obama. “Mientras tanto, la prolongada política del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu de exprimir Gaza, ampliar los asentamientos de Cisjordania y hacer tratos con autócratas árabes no ha proporcionado seguridad, sino que ha llevado a Israel a bajar la guardia mientras Hamas tramaba su ataque”.
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© The Washington Post 2023
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