(Shutterstock)
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POR Malen Lesser
Redescubrir el abrazo, el otro, el propio cuerpo en la danza, las historias
de las letras, el gusto por lo instrumental, la memoria emotiva. Todo esto
puede llevar el tango como terapéutica a la vida de un adulto mayor.

"Realmente el potencial terapéutico del tango es infinito. No se trata sólo de
quienes puedan bailarlo, disfrutar de sus letras o escucharlo. Sirve también
por todo lo que puede evocar desde lo emocional, la estimulación de la
memoria, los vínculos sociales que promueve y la reconexión con el propio
cuerpo, permite resubjetivizar el cuerpo que con el deterioro muchas veces
parece extraño", afirma Mariana Fernández Pando, psicóloga
especialista en psicogerontología. Es coordinadora general de la Residencia para adultos mayores Jardín del Sol y cuerpo profesional de
distintas instituciones, en donde realiza talleres de estimulación cognitiva
y evaluaciones integrales de funcionalidad.

Desde esa mirada, comparte: "La psicogerontología trata al adulto mayor
desde un punto de partida claro: que es posible un envejecimiento
saludable, es decir, activo. Se apunta a una persona independiente, con
objetivos, que se relaciona con su entorno, mantiene o establece redes
sociales y todo esto, más allá de que puede presentar patologías propias de
la edad o no. Esto se contrapone a lo que antes se llamaba la vejez que tenía
que ver con la incapacidad, la dependencia, la enfermedad, la quietud, la
imposibilidad para autovalerse a sí mismo. Y aunque sean dependientes en
las actividades de la vida diaria y haya que asearlos o no puedan hacerse
cargo de sí en su plenitud, siempre hay maneras de seguir apuntando a ello,
respetar sus decisiones, gustos, derechos, ganas, etcétera".

Se trata de cambiar el punto de vista, entonces, como sociedad, como
familias de un anciano o entorno inmediato. "Así es posible pensar una
longevidad saludable que debe estar acompañada por supuesto por los
controles médicos, por cuidar el contenido del pensamiento y los
sentimientos, acompañar con la actitud de mantenerse en movimiento, para evitar el sedentarismo, comprometerse con la buena alimentación y un buen apoyo en redes sociales, siempre apostar al desarrollo personal y el manejo de las emociones.

Por eso, el trabajo que se hace con el adulto mayor en general, por lo menos en la instituciones desde los nuevos paradigmas, es multidimensional e interdisciplinario", subraya la experta.

Así, queda claro que no importa si está en geriátrico o no, ni si posee
alguna enfermedad o no, la actividad y la estimulación son claves para
esta etapa de la vida.

Inclusión de mayores (Shutterstock)
Inclusión de mayores (Shutterstock)

Sin embargo, Taira Peña, desde su experiencia como familiar con un
padre con Alzheimer, aporta: "Hablamos de inclusión sólo en temas como
discapacidad, diversidad sexual, pero nos cuesta hablar de inclusión de
adultos mayores. Si bien apenas fue diagnosticado supimos que hay una
terapéutica interesante que se indica para determinados estadíos de la
enfermedad, de leve a moderado, ya que la actividad social, recreativa y
creativa está indicada, cuesta mucho encontrar lugares que ofrezcan esta
posibilidad en entornos que no sean hospitalarios.

Esto implica profesionales que sepan cómo tratar adultos mayores con problemas de neurocognición y que en determinadas instancias necesiten atención especial, pero que puede darse integrada a un contexto de socialización con otros".

Por su parte, Soledad García admite que con su madre iniciaron
juntas las clases y luego no pudieron continuar, ya que en el geriátrico
donde la internaron no contaban con este taller. "Le hacía muy bien y eso
la entristeció. Al poco tiempo tuvimos que sacarla porque si bien la
trataban bien, no la estimulaba nada de lo que le proponían. Probó con
pintura, hacía la gimnasia que daban ahí, pero el tango era mágico en ella.
Creo que fue algo que disfrutó más de mayor que de joven", señala García.
Si bien es cierto que existe un movimiento que trabaja en pos de la visión
que comparte Pando, también la falta de estos espacios y la facilidad para
dar con ellos es una realidad para muchas familias en un derrotero que no
cuenta con el tiempo a favor.

"Los talleres gratuitos de PAMI o los que ofrecen en clubes barriales pueden ser una opción, fuera de lo institucional", propone la licenciada y, por supuesto, habrá que acompañar y con un entorno atento esta etapa transcurre de la mejor manera.

"Los síntomas como abulia, desgano, insomnio, falta de apetito, accidentes como caídas, etcétera, suelen aparecer luego de una viudez o jubilación, por eso es importante trabajar en prevención; todos los talleres de estimulación,
dentro de los cuales está el tango, están pensados desde ahí".

 

Independencia, vínculos positivos y autorreconocimiento
Los talleres funcionan como facilitadores para la independencia.
Estimulan la vinculación con pares, la creatividad, afianzan las redes
afectivas y de contención, y lo maravilloso es que cada uno participa
desde su nivel de deterioro.

"Hay personas con movilidad reducida que apenas puede moverse mediante andador, que asiste a clase de tango y ahí baila – relata la especialista-.

Pero siempre es importante participar; aunque sea escuchando es una manera de formar parte y aportar al grupo. Cada uno desde donde puede.

En el caso específicamente del tango, rememoran ciertos momentos de su vida, sensaciones y esto hace que trabajen con la memoria a largo plazo.

Hay personas que están totalmente desorientadas en tiempo y espacio y a través del tango recuerdan situaciones vividas o pueden cantar las letras a pesar del deterioro que presentan o las fallas de memoria que puedan tener", puntualiza la especialista.
Otra de las claves es que en el baile se pone en juego el propio cuerpo.
"Reconocerlo, identificarlo, identificarse con las limitaciones que van
teniendo en ese momento les permite recrearse una imagen corporal, un
cuerpo que muchas veces fue sentido como algo extraño porque otro lo
tiene que lavar, movilizar y necesitan todo el tiempo una supervisión del
otro en muchos casos.

Este espacio entonces, sobre todo para las personas que no se pueden movilizar o pueden hacerlo poco y son llevados por el profesor, les permite subjetivizar su propio cuerpo, reconocerlo como propio.

Así, crear una nueva imagen corporal que los ayuda a movilizarse o
a subjetivizar esta nueva etapa de su vida. Compartir con otro combate la
tristeza, la abulia, la falta de apetito. Con tan sólo tener el proyecto de
esperar su próxima clase para encontrarse con sus compañeros ya es un
objetivo, un estímulo", explica.

Romper con prejuicios

En ese vínculo con los otros hay mucho de la solución a estas patologías
que aparecen en la vejez. Estigmatizar o colocar en el lugar de inválido o
incapaz de valerse por sí misma a la persona parece ser el inicio de
muchos problemas. Si en cambio se intenta que dentro de la situación
personal de cada adulto sean lo más independientes posibles, tengan
todos sus derechos y puedan sentir que se desarrollan a nivel personal,
todo irá mejor.

Por supuesto, los talleres y clases serán una herramienta invalorable para generar espacios positivos. "El tango les resulta familiar, conocido, amable y los tenemos que rodear de esas sensaciones, aparte de darles otros elementos en esta etapa de su vida. Valorizar sus sentimientos,
sus conocimientos, sus gustos, las historias que puedan surgir a partir del
universo tanguero y estar atentos a cualquier recurso que pueda ser una vía
de apertura, comunicación franca y alegría en estos ámbitos de cuidado y
contención de mayores. Como por ejemplo, que permite y estimula duelos,
permitiendo la resignificación, la continuidad del pasado con el presente,
promoviendo así la vivencia de continuidad de historia de vida".

Una mirada necesaria y urgente en plena cultura del descarte y la
sobrevaloración de la juventud.

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