POR Paola Florio
Cuando Clara quedó embarazada de Matteo no podía dormir, así que se pasaba las noches leyendo foros de maternidad y buceando en grupos de Facebook. Un día se animó a participar y se llevó una sorpresa: interactuar con otras embarazadas y madres le daba bastante tranquilidad.

Cuando su hijo nació, redobló la apuesta. "Cuando nació, los primeros seis meses la pasé horrible, lloraba todo el día, me sentía sola, incomprendida por el mundo, sobre todo, juzgada porque el mundo entero habla de maternidades ajenas. Hablaba con mis amigas sin hijos y me decían exagerada, hablaba con mi familia y tampoco me entendían. Con las únicas que me sentía en sintonía era con las madres de Facebook, pero sentía que no me alcanzaba, que necesitaba salir de la virtualidad y compartir aunque sea un mate", cuenta hoy, cuatro años después.

El mayor problema es que las juntadas eran todas en Capital y ella es de San Miguel y con el nene tan pequeño no se animaba a viajar tanto. Entonces se propuso armar una tribu propia: aprovechó una "teteada masiva" que se organizó en distintos puntos del país y en la plaza de su barrio encontró a sus futuras compañeras de ranchada.

"Con algunas mamás nos conocíamos porque vendo accesorios para bebés (Chingu bebito), así que hablamos mucho y salió la necesidad de armar una tribu. Propuse mi casa como punto de encuentro y difundimos en Facebook. La primera juntada fue el 30 de julio de 2016. No conocía a ninguna a de las que venían, muy pocas se conocían entre sí.

Tampoco sabía cómo iba a resultar, si pegaríamos onda o no. Pero ese día fue ¡espectacular! Entre mates y bebés gateando, caminando, gritando y llorando por la casa me sentí feliz y comprendida. Hicimos un grupo de Whatsapp y hablábamos todos los días, todo el día. Se tocan todos los temas, circulábamos información, nos ayudábamos entre nosotras, nos apoyábamos cuando creíamos no dar más", cuenta emocionada. Las juntadas se hicieron semanales y hoy, sus hijos son amigos. Toda la experiencia fue positiva por completo.

Un proverbio africano dice que "para criar a un hijo hace falta una tribu entera". Y, en tiempos de individualismo, ¿por qué no probar?

Mejor, acompañada

Para Valeria Weil, puericultora especialista en crianza de la ACADP (Asociación Civil Argentina de Puericultura), es mejor criar un hijo rodeado de otras mujeres.

¿El motivo?

"La necesidad que surge en esta nueva etapa de contención, sostén, ayuda y apoyo. Pasamos por situaciones donde no nos reconocemos, nos sorprendemos de nuestras emociones; y resulta muy aliviador poder compartirlo y atravesarlo acompañadas. El espejo que suele darse con otra mujer o madre ante el maternaje es muy valioso, nos cuestiona y enriquece. Es la posibilidad de replantearnos muchos mandatos y elegir qué camino queremos tomar, y brindar", asegura.

Para muchos, la tribu sigue siendo su familia. Lo cierto es que estas nuevas generaciones de abuelos trabajan jornada completa (aún después de su jubilación), salen, pasean, y ya no son los abuelitos que se quedan a tejer frazadas y a cuidar nietos mientras miran telenovelas. Y, aunque así fuera, a veces un consejo dicho en el seno íntimo no nos rebota como lo hace una charla con una extraña pero que está pasando por lo mismo que nosotras.

Y otro punto en contra que tenemos los padres de esta era es que trabajamos demasiado y muchas veces no sabemos ni quiénes son nuestros vecinos (la antigua tribu).

Para eso, la tecnología nos acerca, pero con eso no siempre alcanza. Mucho menos para una primeriza que pasa sus días junto a un bebé que todavía no habla, pero lo necesita todo.

En esa soledad aparece un deseo gigante de hablar, de desahogarse, de compartir vivencias y de resolver dudas, y qué mejor para eso que un grupo de pares.

Que vivan relativamente cerca, que estén pasando por lo mismo y que sean capaces de recrear, como les salga y con lo que puedan, lo que alguna vez supo ser la tribu. Porque las sociedades cambian, pero ciertas necesidades persisten. Y es ahí donde las prácticas sociales pueden reinventarse en un camino diferente, tal vez como prueba de que seguimos siendo seres humanos, que necesitamos una palabra, aliento, contención y de que, al fin y al cabo, no todo está perdido.

Formá tu propia tribu
No hace falta ser un as de las redes sociales ni una experta en relaciones públicas para entrar en contacto con otras mujeres. Los grupos de crianza en tribu pueden empezar en un espacio formal, con la asistencia de diferentes profesionales, pero también cada madre puede formar su propia tribu.

¿Por dónde empezar? Seguro conocés a muchas madres en la guardería, en el jardín, en algún curso o charla a la que asististe (una fuente de contactos es el curso de preparto, donde vas a compartir espacio con otras mujeres con fecha de parto similar a la tuya). Mujeres con hijos de edades similares a los nuestros abundan, sólo hay que pegar onda, tener intereses similares y comprometerse a este viaje de amor y compañerismo.

Un punto importantísimo: un grupo de crianza sólo funciona si se respeta la confidencialidad y no se juzga. Las personas que allí asisten se desnudan, expresan momentos muy íntimos, sus mayores temores, hasta dicen cosas que no se atreven a decir en público. Los demás, escuchan, entienden y guían desde su experiencia y el afecto, pero no juzgan, eso, nunca. "Es imprescindible saber de quién rodearnos; no siempre la supuesta red funciona como tal; hasta podría ser todo lo contrario.

En esa situación, urge que la madre busque una verdadera red de apoyo con la cual compartir la crianza de ese hijo. Por suerte, cada vez están surgiendo más grupos de este tipo a los cuales concurrir", explica la especialista.

Que la experiencia no se transforme en negativa dependerá de nosotras. Antes de abrir las puertas de una casa, por cuestiones de seguridad, siempre es conveniente saber algo más de las otras personas. En el caso de las que asisten, al menos la primera vez y hasta saber quiénes conforman la tribu, se recomienda compartir los datos y la ubicación del lugar al que va a acudir con su bebé a otra persona de confianza por si algo llegase a pasar. Con tan solo tomar las medidas de seguridad básicas, no existen impedimentos para conocer a otras familias con las cuales compartir este recorrido que, por momentos, se vuelve una montaña rusa de emociones.

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