
El término parece confuso. Hasta ahora, una gran mayoría de personas entiende de qué se trata la metrosexualidad. Los hombres heterosexuales caracterizados por un evidente interés por el cuidado de su aspecto y un estilo de vida sofisticado fueron agrupados debajo de ese mote que revelaba a fines del siglo XX una nueva arista de la masculinidad, hasta entonces supuestamente despojada de ese tipo de cuidados, adjudicados estereotípicamente solo a hombres homosexuales o a las mujeres.
Sin embargo, esa distinción (luego extendida a todos los hombres sin distinción de preferencias sexuales) acuñada en 1994 por el periodista Mark Simpson en el periódico británico The Independent -representada entonces por referentes como David Beckham-, queda actualmente obsoleta. En mayor o menor medida, los hombres urbanos prestan gran atención a su estilo, su indumentaria, su peinado y hasta su piel, ya que también recurren a tratamientos estéticos.
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Fue por eso que Simpson, especializado en temas que atañen a la masculinidad y en temas socioculturales, volvió a crear un neologismo para agrupar a los hombres que -representados hoy por figuras como Cristiano Ronaldo- llevan más allá el culto a su masculinidad y su vanidad y, más que por su ropa, ahora se preocupan por sus cuerpos. El término surge de la unión del término sportsman (deportista) y la pornografía. Por ello las poses erotizadas y el culto a la musculatura.
Presenciamos entonces, según el padre del término, una segunda etapa de la metrosexualidad dos décadas más tarde. Los cuerpos esculturales, las barbas, la depilación del vello corporal, los peinados modernos, piercings, tatuajes y hasta escotes pronunciados son características recurrentes en esta novedosa estética masculina que rinde culto a la prolijidad pero a la vez intenta recrear un aspecto "descuidado".
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Por otro lado, un complemento fundamental de esta nueva masculinidad es el deporte. La modelación de los cuerpos en el gimnasio y la sexualización de los cuerpos de deportistas de alto rendimiento son recurrentes. Sin embargo, como adelantó Mark Simpson al acuñar el término y a diferencia de la corriente metrosexual, la "spornosexualidad" es descrita como la estética que adopta un hombre heterosexual con una intención "homoprovocativa", es decir, que busca la adoración homosexual, una técnica de marketing conocida como "gaybaiting". De hecho, todos los componentes que la conforman recrean el atractivo de la pornografía gay de los años 70 y 80.
Para el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin, los cambios actuales en la imagen masculina migraron "del ropaje a la desnudez, del estilo feminoide a la jactancia viril, de la conquista al autoerotismo brutal".
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Además de la recurrente presencia de este estilo en la publicidad, también se da en la televisión, donde tanto las celebrities ya consagradas como los de aparición fugaz la recrean constantemente. Los músculos tonificados, los bronceados y los tatuajes ya no son particularidades, sino más bien generalidades.
Los cuerpos son las grandes estrellas pero la indumentaria también importa. Los jeans ajustados, las remeras largas de cuellos estirados, los trajes al cuerpo y los trajes de baño cortos reinan. El diario El País destacó que esta tendencia está instalada en la televisión y en los realities españoles. En Argentina no es diferente, las principales figuras del espectáculo responden a esta masculinidad.
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"Siempre he pensado que los gays y los modernos son los que se hacen primero con las tendencias. El resto se ríe de ellos, pero termina por llevar las mismas prendas cinco años después", aseguró la estilista Cris Quer a El País. "Venimos de la moda de vestir hiperceñidos y ahora abrazamos la estética oversize, procedente de Rusia, y los asiduos al gimnasio parecen no enterarse y adoptan ese furor por la segunda piel. Pero créeme: la moda es cíclica y en unos años volverán a invertirse los papeles y se pondrán de nuevo el chándal. Este proceso responde a esta idea de que los gays y los hipsters son los primeros en atreverse con lo nuevo, con las últimas tendencias".
La tendencia en auge es esa, el cuerpo como personaje principal, la indumentaria en función de su protagonismo y los peinados y tatuajes como acompañantes perfectos. La publicidad, la televisión y las redes sociales dan prioridad a esta vanidad masculina. Resta esperar, según los especialistas, para ver si la moda evoluciona hacia la comodidad o sigue su camino hacia la estética, la erotización y la exaltación del cuerpo.
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