En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el streamer Coscu reflexionó sobre el impacto de la fama, la presión de sostener el éxito y cómo cambió su relación con el trabajo después de convertirse en uno de los referentes más importantes del streaming en habla hispana. Además, habló sobre su deseo de enamorarse, formar una familia y la necesidad de aprender a disfrutar los logros sin vivir atrapado en la búsqueda constante de nuevas metas.
También compartió un profundo análisis sobre la inteligencia, la soledad y los vínculos genuinos en tiempos de hiperexposición, recordó la influencia fundamental que tuvieron sus padres en su vida y explicó por qué considera que ayudar a los demás es uno de los valores más importantes. El episodio completo podés escucharlo en Spotify y YouTube.
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Martín Pérez Disalvo, conocido como Coscu, es uno de los streamers y creadores de contenido más influyentes de habla hispana. Se hizo popular por sus transmisiones en YouTube y Twitch, su estilo espontáneo y su fuerte conexión con las nuevas generaciones. Fue uno de los grandes impulsores del streaming en el país y fundador de la Coscu Army, una comunidad que marcó una etapa dentro del mundo gamer y del entretenimiento digital. A lo largo de su carrera también participó en eventos musicales, proyectos solidarios y competencias vinculadas a los esports, consolidándose como una de las figuras más populares de internet en Latinoamérica.
—Te escuché decir que eras más fan tuyo cuando recién empezabas que de lo que sos ahora. ¿Qué había en ese chico que todavía no la había pegado, no se había vuelto famoso, que sentís que se va perdiendo cuando uno va consiguiendo las cosas que tanto soñó?
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— Para mí lo más valioso que puede tener una persona son sueños, ganas, hambre. Yo cuando empecé no tenía techo y hoy cada vez que puedo, bajo un poco más el techo, porque me doy cuenta que no tener techo a veces es un poco peligroso. Porque veo personas que están “por encima de mí” con respecto a la carrera de streamer y me asusta un poco. Ese chico, digamos que arrancaba hace 14 o 15 años, no le asustaba nada. Tenía todo para ganar.

— Pero ¿qué es concretamente lo que te asusta? ¿Sentís que tenés más para perder o qué es?
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— Tengo 14 años, quiero tener un hijo, quiero tener familia y el stream, y con respecto al hijo que idealizo y que quiero tener, el stream va en contra. En contra digo en un camino en contra. Y no quiero que se malinterprete. Digo en contra porque yo creo que cuando yo tenga un hijo no va a haber más nada, o al menos eso quiero, darle todo mi tiempo, no quiero que sea una segunda prioridad y hoy mi primer prioridad es el stream, siento yo, mi trabajo. Soy una persona que trabaja bastante y la gente va a pensar o va a decir: “No, pero si streamear no es un trabajo”.
Y será una discusión eterna en la cual yo obviamente voy a decir que sí es un trabajo y que te demanda mucho tiempo y mucha energía, mucho estrés también. Pero en ese camino que quiero construir, de formar una familia y demás, quiero que el stream no sea ni el dos ni el tres en mi escala de prioridades. Quiero que sea un hobby y que se mantenga ni siquiera en el podio de las prioridades. Por eso te digo que creo que ese techo empieza a asustar. Y no lo digo solo por el tiempo, lo digo también por la exposición. Creo que este tipo de cosas, que ya son muy importantes para mi futuro, serían mejor no siendo el número uno de los streamers, sino siendo, no sé, top diez.
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Y ahí es donde bajo un poco la expectativa y el techo. Una de las cosas más lindas era que cuando se iba a dormir, yo literal me tiraba a la cama y pensaba: “El stream de mañana va a ser una locura”. Y hoy me pasa que antes de prender el stream estoy nervioso porque digo: “¿Qué carajo voy a hacer?” Ya son 15 años y es más difícil. Hay mucha presión, la gente espera mucho y yo no quiero defraudar a nadie. Entonces, me pongo presión porque quiero hacerlo bien. Pero el chabón hace 14 años nada lo presionaba. Era todos los días: “Hoy la voy a romper”. Porque también todos los días era conquistar algo nuevo. Yo hoy no conquisto nada día a día, solo me siento en donde ya estoy sentado y asentado.
Una vez en la pileta tuve una charla con mi mamá reimportante. Me estaba yendo muy bien, no paraba de crecer y cada día era más grande y tenía más viewers y me pasaban cosas más grandes y mi mamá me agarró y me dijo: “Hijo, ¿hasta cuándo vas a seguir superándote? ¿Cuándo vas a detenerte a abrazar todo lo que lograste?”. Y esa charla me pegó a un nivel que nunca me la voy a olvidar y empecé a mirar lo que tenía. Miré mi casa, mis amigos, miré mi vida y dije: “Wow”. Banco un montón perseguir la zanahoria cuando tenés mucho hambre, pero perseguir la zanahoria sin hambre, creo que ahí hay un problema. Y creo que a mí me lo pudo hacer ver mi mamá, porque empecé a comer todas las zanahorias que había encontrado y me puse un poquito gordito, pero feliz.
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Entonces, creo que el mensaje, más allá del juego que le pongo con la zanahoria, el mensaje es que ojalá todas las personas que fueron logrando a medida que pasó el tiempo cosas que se propusieron, puedan detenerse a disfrutarlas. Yo era un enfermo del trabajo y del éxito y empecé a querer disfrutarme. Fue muy importante todo eso, me relajó y quizás a los viewers, que te ven como… Usain Bolt, siempre tiene que mejorar sus marcas. Entonces, yo en el stream siempre tengo que mejorar y tener más viewers y hacer mejor contenido.
Entonces, entiendo que por ahí para ellos, en lo abstracto, es: “Ese consejo de tu mamá te juega en contra, porque ahora tenés menos viewers, te va peor, sos menos conocido”. Y yo siento que no, que el consejo está bueno, porque la vida es así. Yo fui número uno y cuando lo pienso en profundidad no me, no me pongo mal en no seguir siéndolo. Siento que es parte de la vida y que por suerte a mí me agarra con la posibilidad de digerirlo bien. Sería muy duro y no se lo deseo a nadie que pase eso de querer la fama para siempre o, esa longevidad infinita, esa búsqueda de estar en el mejor momento siempre.
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—Volviendo al Martín de hace 15 años, ¿hay algo que hoy le dirías: “No gastes tanto tiempo persiguiendo esto porque no es tan bueno como parece”? ¿Te pasó de encontrarte con cosas del éxito que desde afuera brillaban más de lo que eran?
—Creo que todo tiene sus contras y sus pros. El Martín nuevo al Martín de hace 15 años le puede decir: “Cuidado con la fama, te trae un montón de amigos que no son amigos”, pero no lo advertiría de eso, porque creo que también te construye como persona el entender eso. Y si te lo dicen, no lo vas a entender. Lo tenés que vivir y experimentar y te tiene que salir ese callo de la herida. Porque también si yo le dijera al Martín de hace 15 años: “Cuidado con la fama, que está sobrevalorada en algún punto. La gente piensa que es lo más increíble. Mirá, sos famoso, te reconocen”.
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Pero como todo, tiene sus cosas malas. Yo anhelo, como cualquier persona enamorarme de nuevo y tener novia, formar una familia, etcétera. Y creo que eso también es algo que la fama condiciona bastante, porque cuando vos tenés fama, plata y esas cosas, por ahí es un poco más difícil encontrar a esa persona incondicional, a esa persona que no te quiere por lo que tenés, sino por lo que sos. Quizás en una vida un poco más,¿cómo lo puedo decir?, normal, se hace un poco más claro el panorama.

—Ahí me atrevo a desafiarte un poco. Yo siento que sí, que puede tener sus dificultades. Pero también tenés mucho más acceso y un mensaje tuyo seguramente sea mejor recibido que el de una persona que no es famosa.
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— Pero ahí tenés otro problema. Porque si las posibilidades son quinientas, mil, vamos a ponerle, ¿cómo sabés cuál es la verdadera? Vamos a poner un ejemplo. Yo quería ser kiosquero en una época de mi vida, estaba obsesionado y yo salía de la escuela e iba al quiosco de Ricky y veía que lo tenía todo ordenado, que le llegaban las figuritas, que tenía un montón, que al hijo le daba figuritas Ricky, las que sobraban, qué sé yo. Me encantaba la idea de ordenar el quiosquito, tener mi kiosquito.
Y si yo hubiera sido kiosquero, te juro que ya estaría casado, totalmente enamorado y ya tendría hijos. ¿Por qué? Porque dentro de mi panorama tendría, vamos a poner un ejemplo, dos pibas que me gustan de la facu, una piba del barrio que conozco y entre cinco o diez haría, viste, como un equilibrio, porque no podría pensar en tal, no, tal puede ser la madre de mis hijos. No, no lo pensás. Pero cuando en Instagram te llegan quinientos millones de mensajes que te dicen: “Te vi en tal entrevista y yo voy a ser la madre de tus hijos”, “Yo quiero ser la madre de tus hijos”, “Yo soy de tal signo y somos tal para cual”. ¿Y sí sí? ¿Y si no? Entonces, ¿dónde vas a invertir el tiempo? ¿O a quién le das ese lugar?
No a nadie, prefiero no dárselo a nadie porque me voy a estresar y porque va a ser difícil elegir. ¿Y si elegí mal y perdí todo este tiempo? No sé, siento que ese pibe de la vida simple, este que te estoy describiendo que yo quería ser, teniendo un quiosco, conociendo por ahí un entorno de 20 o 30 personas, sí tiene más fácil elegir. Y tengo miedo de que me funen por decir estas cosas de: “¿Quién se cree que es? ¿Cómo va a tener menos chances?” Pero realmente si lo mirás en profundidad, para mí es real lo que digo.
—También es un síntoma de época. Hoy todos estamos muy metidos en lo nuestro y hay un mensaje constante de “amate”, “vos solo podés”, “no necesitás a nadie”. Siento que estamos muy ensimismados. Y cuando escucho tu rutina —15 horas streameando— pienso que, para que algo entre en tu vida, también tiene que haber espacio. ¿Sentís que hoy ese espacio no está?
— No, yo soy un desastre. Yo quiero que esté ese espacio, pero le tengo un poco de fobia o miedo, mejor dicho. Entonces quiero tener a alguien, pero no hago nada por tener a alguien. Con la rutina que yo mismo me impongo, es muy difícil que suceda. Es un tema para terapia (risas).
— ¿Quién es la persona más inteligente que conocés? No necesariamente tiene que ser que conocés, puede ser una persona que admirás por su inteligencia.
— Mi papá. Mi papá era una locura. Era brillante. La inteligencia mucha gente la confunde con una persona culta o una persona que se sabe comunicar. Y la inteligencia es un conjunto de cosas. La inteligencia obviamente tiene muchas descripciones o definiciones. Tampoco soy un experto, pero me encanta esa palabra y me encanta el significado de esa palabra. Y me encanta cómo a muchas personas las engañan con esto de “soy o no soy inteligente”.
La inteligencia básicamente es la habilidad para resolver lo que sea en la vida, ya sea tuya o de otra persona, resolver es ser inteligente. De la forma que puedas, con los recursos que tengas y que puedas. Hacer un chiste rápido es ser inteligente. Pero la supervivencia también depende de la inteligencia. Hablar con seguridad sobre algo y sobre todo cuando das datos, te hace ver como una persona inteligente, porque está mal el concepto de inteligencia. Inteligente es un pibe que con nada hace todo. Inteligente es un pibe que no tiene herramientas o que la vida no le ha dado herramientas y ha logrado cosas increíbles. Y a mi papá lo puse como ejemplo porque a todo esto que vengo hablando, él lo reunía todo.
Y también era una persona que escuchaba mucho y cuando hablaba se callaban todos. Estoy hablándote de reuniones familiares, pero fue uno de los mejores médicos de nuestro país, tenía una especialización muy difícil también, era inmunólogo, fue a dar charlas a Francia. Esas cosas que también te cuentan y decís: “¡Ah! Era re inteligente”. Pero eso no determina quizás si era re inteligente, ¿se entiende? Por ahí estudiaba mucho y estudiar no es ser inteligente.

— ¿Que tipo de inteligencia sentis que tenes mas desarollada?
— Considero que tengo inteligencia emocional y me considero una persona inteligente. Imaginate que una de las cosas que creo que más me ha hecho o más me ha mostrado como una persona inteligente a mí es contrastar un poco con el chiste fácil de decir: “Este es un estúpido, dice ‘buenardo’ y, y la pegó”. O sea, que una persona pueda crear palabras es algo zarpado. A veces no caigo. Y también, como te digo. Hay muchas palabras, pero a mí me joden mucho. Ahora me da vergüenza decirlo. Me joden mucho con: “Che, boludo, vos impusiste palabras en el vocablo, en el lunfardo argentino”. Y no solo argentino, porque “buenardo” lo dicen en Chile, en Uruguay.
Pero volviendo al tema, yo no tenía nada y el stream no existía. Yo pegué la camarita y me puse a hablar y empecé a hablar, hablar, hablar, hablar y me empezó a ir bien. Y no existía, no había nadie en Argentina que haga streams de IRL, no existía. Era algo que yo sabía que me iba a llevar a algún lado. Como que lo presentía y estaba obsesionado con seguir creciendo y que sea cada vez más. Eso es inteligencia también, porque no había nada, era la prehistoria, era como hacer fuego en la prehistoria, saltando las diferencias.
Perdón que se me hizo larga, pero amo hablar de la inteligencia, me parece algo enriquecedor para todos lados y algo muy bueno para perseguir. Pero como vos dijiste, algo peligroso. Un dicho que me marcó es que el ignorante es más feliz que el inteligente, 100 por ciento. El inteligente se preocupa por un montón de cosas y el inteligente ve mucho más. El inteligente se para y ve algo con una profundidad mucho mayor a la que lo ve una persona que solo disfruta, ¿viste?
—Creo que lo que querés decir es que el más feliz quizá sea el que menos necesita. Que no pasa tanto por cuán inteligente sos, sino por cuánto necesitás para ser feliz y por la distancia entre tu vida y tus expectativas sobre lo que debería ser bueno.
—Sí. La imaginación también es parte de la inteligencia. La persona que tiene mucha imaginación y es muy rápida imaginando y creando en su mente, también es inteligente. Y también puede saturarse, ¿no? Yo siento que cuanto más tengas en la cabeza, cuanto más materia gris tenés, más elaborado es todo acá adentro (señala la cabeza). Y si vos tenés un cerebro de paloma, para mí es como que, no sé, sale todo como tiene que salir y no hay X+Y+Z, hay X y listo.
—Si hoy pudiera darte la opción y decirte: “Vas a ser la misma persona, pero muchas de las cosas que hoy ves —esas que a veces te hacen bien y otras te hacen sufrir— ya no las vas a percibir igual”. Como que irías por la vida más liviano.
— Y te diría que lo negociemos. O sea, yo te cerraría un contrato ahora mismo de estar tres meses con esa mente y ver cómo me siento. Y si me siento mal, vuelvo a mi mente llena de ruidos, tormentas, pensamientos cruzados, ecuaciones, como te digo, con variables, cálculos. Todo eso pasa en mi cabeza día a día.
— ¿Pero te animas a contarme de qué van esos cálculos o ese ruido? ¿Hay algo específico?
— Sí, obvio. O sea, yo en mi cabeza estoy dibujando todo el tiempo mi futuro, mi presente, tratando de que no me distraiga tanto el pasado. Pienso en lo que viene con el tema laboral, lo que viene con respecto a mi vida, estar o tratar de estar preparado. Y esos son cálculos. Cálculos uno piensa en dos más dos, no es es, pero sí es dónde poner la energía, la atención, dónde no, dónde no perder el tiempo. Usar bien el tiempo es algo a lo que yo trato de abocar la mucha o poca inteligencia que poseo, porque el tiempo es lo más valioso que tenemos.
Entonces, yo por ejemplo, tengo una teoría de que por mi personalidad y mi forma de ser nunca voy a tener urgencias económicas. Urgencias económicas me refiero a que me preocupe la plata. Primero porque yo cuando no tenía plata, como que siempre me las ingeniaba para hacer lo que quería hacer, de una u otra manera, como que siempre fui peleador, de luchar, no de pelearme en la calle. Y eso a mucha gente le estorba la visión, la búsqueda. Y si buscás tener mucha plata en la vida, para mí estás muy errado. Por lo menos para mí, es algo personal. Yo, por ejemplo, tengo plata por consecuencia de lo que busqué.
Obviamente, es un cuento de hadas, no a todos les pasa. Yo cuento mi vida. En mi vida la prioridad no fue tener plata. En mi vida la prioridad fue ser el mejor en lo que hago a un nivel de que no me tenga que preocupar más por otra cosa. Hoy, por ejemplo, no trabajo con mi Instagram porque no lo necesito. Pero si lo necesitara, lo haría. Y eso también me relaja en el sentido de que no estoy utilizando un montón de los métodos que, una persona como yo tiene para generar ingresos. Primero, porque no estoy obsesionado con la plata. Segundo, porque prefiero seguir creciendo y no estorbar a la gente con venta de productos o promoción de productos en una red social como Instagram.
Y tercero, porque siento que todo eso que vos invertís en vos mismo, en el caso mío, que es influencer, figura pública o lo que sea, hace que no te paguen en el momento. Pero esto que construís en paralelo, que son tus redes sociales, por poner un ejemplo, tienen un valor tácito, pero tienen un valor. Por ejemplo, si me decís: “¿Vendés tu Instagram a dos millones de dólares?”. Te digo que no. Literalmente te digo que no, porque siento que el valor tácito de mi Instagram es mucho mayor a ese. Y que si el día de mañana me pongo a trabajar al cien por ciento con mi Instagram, genero mucho más que esa cifra.
Yo le hablo a la gente que me cree y que me quiere. El que no me cree y no me quiere va a decir: “Este es un pelotudo, este se piensa que la vida es color de rosas”. Pero yo sé que hay pibes que les llega lo que les digo y que espero que cuando tengan que tomar una decisión en la vida, no la tomen con respecto a urgencias económicas. Obviamente, hay que partir de la base de que yo fui un privilegiado y que no todos son privilegiados. Pero fervientemente creo hace mucho tiempo y lo que le digo siempre a la gente en mi stream. El pibe que prende la cámara para pegarla, ser famoso y tener plata, no la pega nunca.

—¿Qué cosas fuiste descubriendo de tus padres? ¿O qué cosas se te aparecen hoy y te hacen decir “cuánto esfuerzo”? Tal vez cosas que ahora podés valorar y que en su momento, por ser chico, se te escapaban.
—Yo soy así gracias a mi papá y a mi mamá. Mi papá no estaba nada encima, pero si yo lo necesitaba, estaba ahí siempre. Y con respecto a los esfuerzos, mi mamá también. Toda una vida dedicada. Por suerte todo lo que tengo lo tengo porque mis padres asumieron la responsabilidad de tener hijos y lo pudieron realizar no solo responsablemente, sino apasionadamente. Creo que ahí hay una clave muy importante en cuanto al desarrollo personal de los que vienen después, que es el tiempo, la atención, la contención que le puede llegar a dar su familia en los años que más lo necesita esa persona.
Por eso yo, como te digo, aparte de ser un privilegiado en lo material, fui un privilegiado en cuanto a la contención familiar, a la familia que tuve, las bajadas de líneas que tuve. Otros quizá carecen de esas posibilidades. La familia te construye como persona. Y el que carece de familia tiene que construir su persona en el barrio, en la calle o con las amistades, o en un club de fútbol, o en un club de básquet, o en cualquier otro lugar alternativo. Pero lo ideal realmente es que tu familia esté ahí, porque si no estás un poco a merced de la suerte.
Que obviamente también podés estar a merced de la suerte con tu familia, porque por ahí tu viejo, no sé, es alcohólico y está reloco, o tu mamá te caga a piñas, porque pasa y porque es una realidad también el hecho de que tus padres por ahí no sean lo ideal o lo que “deberían”. En mi caso es superimportante o fue super importante para la construcción de lo que vino después. Y no hablo de la construcción de lo que hice yo, sino de todo lo que me dieron a mí para que yo pueda ponerme a crear y a construir mi destino, mi camino, mi vida.
—Coscu, tengo la última pregunta, que se la hago a todos los invitados. Más que una pregunta, es pedirte que nos dejes algo que últimamente te haya sorprendido, conmovido o hecho pensar. Puede ser una frase que te repetís, algo que te marcó o lo que sea que sientas: “Esto lo quiero dejar acá”.
—Yo creo que todas las personas somos distintas. Pero si hay algo que siempre me gustó mencionar, que también es algo que heredé, es la importancia de ayudar. Creo que ayudar es una de las palabras más lindas del abecedario por lo que significa y creo que a veces uno piensa en la palabra ayudar y contempla una idea de “yo doy y no recibo nada”. Pero yo le doy una vuelta más y para mí es tan lindo ayudar y la sensación de haber ayudado, de haber sido útil para otra persona, de haber aportado algo en la vida de otra persona, que esa ayuda se transforma en un bienestar.
Entonces, ahí es donde esta falsa fantasía de recomendarle siempre a mis seguidores que ayuden, que si ven a una viejita en el supermercado le pregunten si necesita algo. Si la ven que quiere agarrar algo, que se ofrezcan como voluntarios a ayudarla, que la acompañen, que le hagan un chiste, que le hagan un comentario. Y no sé por qué siempre hago hincapié también en los más grandes, en los abuelitos, porque siento que es un grupo de gente que nadie ahora y que valen oro. Realmente siento que por ahí para ellos estar diez minutos con alguien hablando vale lo que vale para nosotros una semana.
Y que por ahí lo único que les cambia la rutina es que alguien se detenga, le sonría y le diga algo lindo. Y a mí los abuelitos me dan mucha ternura, abuelitos y abuelitas, porque siento que son indefensos, en su mayoría están, como te digo, esperando estímulos, y que no les ocurren tanto, por una cuestión obvia de que su vida va a dos kilómetros por hora y la nuestra va a 500 y nos olvidamos de que existen y los pasamos por alto. Y ellos hasta se sientan en la vereda a ver pasar a la gente como algo entretenido. Imaginate, lo importante que es contribuir aunque sea un poco en esa rutina. Pero volviendo y dejando el ejemplo de los abuelitos, vuelvo a la idea de favor, que no necesariamente tiene que ser un abuelo y que puede ser una persona cualquiera.
El hecho de estar literalmente en la calle y dejar pasar al otro porque sí, porque quiero invertir dos segundos, que literalmente son dos segundos. Freno, pasa el otro y me encuentro con una “vaga reflexión” de decir: cambie dos segundos por una seña, una sonrisa, un agradecimiento de otra persona y empatizar. Y puede ser en todos los aspectos de la vida. Tenés un amigo que la está re luchando y podés darle una mano que por ahí no te cuesta nada o que sí te cuesta. Quedate con un: cuando lo veas a tu amigo levantar la copa, una copa que por ahí podías haber ganado vos, pero decidiste que la gane un amigo tuyo, quizás hasta te sientas el doble de mejor que si la levantás vos.
Y de nuevo, hablo sobre cómo soy yo. Yo esto lo heredé de mi mamá y ella siempre me dice: “Cagaste, porque te van a pasar un montón de cosas que no vas a querer”. Pero yo cada vez que lo vivo y cada vez que soy así, me doy cuenta que soy así, lo disfruto muchísimo. Y es realmente mi motor o uno de mis motores. Por eso te juro que cuando vos me decís en síntesis algo que le quieras decir a la gente o una reflexión, yo sigo insistiendo y siempre voy a insistir que a veces es muy fácil ayudar a otra persona y ayuda todo el mundo necesita. Entonces, no te digo que te la pases toda la vida ayudando, simplemente cuando podés hacer la pausa y detenerte a pensar en qué puede necesitar alguien a tu alrededor, hagas esa hermosa pausa, lo ayudes y te vuelvas a tu casa sonriendo.
Porque al menos a mí me encanta y lo hago y no me importa que piensen que estoy vendiendo humo. Cada vez que veo un auto parado, a mí me encanta ser de los que frena y le empuja el auto a la persona. Y si es necesario, le digo arrancalo en segunda, ya tengo todos los truquitos. Porque para mí, en un mundo donde todos viven a mil y nadie se detiene a pensar en nadie, que venga una persona, se baje del auto y te diga: “Dale, dale, vos manejá, yo lo empujo”. Es algo super insignificante, pero que la sensación que te deja es super gratificante. Y no forzarlo, porque si no te nace, no te nace. Pero si te nace, explotá esa cualidad, porque eso es alta cualidad. Es un don. Ser generoso es un don. El tener empatía es un don, ser generoso es un don. Yo no soy grande porque soy buen streamer.
Yo me hice grande porque compartí la torta que iba a comer yo solo. Dije: “No, no, acá tenemos que comer todos”. Y lo hice, no gané nada haciéndolo, pero lo hice porque me nació y terminó saliendo increíble porque todos comieron, todos crecieron y el streaming se fue para arriba. Si hubiera sido yo solo comiendo una torta, no se hubiera ido para arriba el streaming, porque yo realmente no soy un buen streamer. Un buen streamer está todo el tiempo leyendo el chat, gritando, comentando, viviéndola. Yo estoy re chill ahí, tiro alguna idea, digo buenardo, digo algunas cosas (risas), pero tengo mucho más de lo que me merezco. La vida me devolvió esa generosidad.
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