Qué reflejan las cifras del vino argentino

El análisis de las estadísticas más recientes publicadas por las entidades que conducen la industria vitivinícola del país, no solo anticipa el rumbo de los vinos, sino que insinúa cómo será el consumo y el comportamiento del mercado

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El análisis de resultados permite anticipar tendencias en la oferta y precios del vino en Argentina (Freepik)
El análisis de resultados permite anticipar tendencias en la oferta y precios del vino en Argentina (Freepik)

Analizar cualquier resultado permite inferir cómo será el futuro próximo. Y eso, en el ámbito del vino, es muy importante porque arroja una pauta clara de cuáles serán los vinos disponibles para el consumo y, en alguna medida, también de cómo se comportarán los precios.

Como el vino nace en la viña, tener en claro la superficie de viñedos que hay en la Argentina, su evolución y cuáles son las variedades -gracias al consumo, crecen o al menos se mantienen- da la pauta de los vinos que serán protagonistas en las góndolas a lo largo de todo el año. Según el Departamento de Estadísticas del Observatorio Vitivinícola Argentino, el viñedo nacional se ha mantenido bastante estable desde 2002 (206.195 hectáreas repartidas en 25.846 viñedos) a 2025 (196.198 hs. en 20.945 viñedos).

Y si bien esto refleja una caída de apenas el 5% en cuanto a la superficie total, con su consecuente impacto en la producción, el mercado no lo ha sentido tanto. Esa merma se ha producido en las uvas destinadas a los vinos de consumo masivo y calidad más básica, los cuales fueron reemplazados por vinos importados. Varios grandes productores se vieron obligados a importar vinos, principalmente de Chile, porque los costos de producción local resultaron más altos que los costos de importar esos productos.

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La superficie de viñedos en el país bajó un 5% desde 2002, con impacto principalmente en vinos de consumo masivo - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El resto de los vinos -varietales, reserva, media y alta gama- no sufrieron ninguna contracción. Si se observa la caída en cantidad de viñedos, el porcentaje es de casi el 20%. Esto quiere decir que hay menos productores vitícolas: gente que no pudo seguir sosteniendo su unidad de negocio productiva y tuvo que dedicarla a otro rubro, entre ellas el real estate, ya que el terreno para urbanización está más valorado que para producción agrícola. Sin embargo, esto no repercutió en menos producción. Y, en todo caso, no afectó el precio final de los vinos, ya que la oferta es bastante elástica y se movió al ritmo del consumo.

Otro dato curioso, que justifica la diversidad actual y la que se viene, es la superficie por provincia. Ya hay viñedos plantados en 19 de las 23 provincias. Claramente las tradicionales representan casi el 98% del total, con Mendoza a la cabeza (posee más del 70% del total país), seguida por San Juan (39.860ha), La Rioja (7010ha), Salta (3700ha), Catamarca (2694ha), Neuquén (1499ha) y Río Negro (1287ha). Si se considera en forma conjunta estas últimas dos y Chubut (117ha), Patagonia pasaría al quinto puesto del ranking, que tiene a la Región de Cuyo como gran protagonista, siempre seguida del NOA. No obstante, lo más atractivo es ver cómo el mapa del vino argentino se empieza a diversificar. Y claramente no es por el lado del volumen sino de la calidad.

Vino copa de vino botella de vino
El número de viñedos disminuyó casi 20% en dos décadas, reflejando una reducción de productores y cambio de uso de la tierra Fuente: Freepik

Más allá de que la calidad es una obligación y no un valor agregado, el atributo diferencial por excelencia de los vinos es su origen. Es lo único que no se puede copiar. Se pude intentar emular un vino plantando las mismas variedades, utilizando manejos del viñedo similares —como el riego y la poda—y cosechando en los mismos momentos, incluso aplicando técnicas de vinificación y criaza idénticas. Pero será imposible hacer dos vinos iguales, si estos difieren de su origen. Es que los suelos, influenciados por el clima, de cada lugar, son diferentes y aportarán cosas diferentes a los vinos. Esa diversidad, determinada por el entorno y también por la interpretación de quienes elaboran el vino, suele ser difícil de percibir para muchos, pero constituye el factor clave.

Si se habla de vinos con atributos, de media o alta gama, el consumidor quiere vivir “la experiencia”. Y lo que a fines del siglo pasado eran los vinos finos, y a comienzos del milenio pasaron a ser blends y varietales, hoy son los vinos de lugar. Por eso, las 244ha de Córdoba, las 186ha de Buenos Aires, las 145ha de Tucumán, las 117ha de Chubut, las 103ha de San Luis, las 73 de Jujuy y las 57ha de Entre Ríos adquieren más dimensión de la que realmente representan. En primer lugar porque, al ser superficies tan pequeñas, todo está bien hecho, aunque muchas veces con viñedos experimentales.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Argentina cuenta con viñedos en 19 de las 23 provincias, aunque Mendoza concentra más del 70% de la superficie cultivada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con recursos humanos y buena tecnología se están logrando vinos muy interesantes en lugares únicos, y hasta hace muy poco impensados para el vino argentino, como la Costa Atlántica y la Quebrada de Humahuaca. Estos vinos producidos en las flamantes zonas argentinas adquieren notoriedad porque además de ser originales hablan de “nuevos paisajes”. Es más por causalidad que por casualidad que en estas nuevas zonas el enoturismo sea casi tan importante como la producción vitivinícola ya que las bodegas entienden que ahí está su gran ventaja diferencial.

Viñedo
La Patagonia se consolida como región productora, superando otras provincias tradicionales gracias a Chubut, Neuquén y Río Negro Freepik

Si se habla de variedades, a simple vista, el ranking de las más producidas no muestra muchos cambios, con el Malbec liderando ampliamente con más de 47.000ha (23,9%), seguida de la Bonarda (16.774ha) y Cabernet Sauvignon (12.727ha), entre otras cepas conocidas.

El dato que hay que tener en cuenta es que hay algunas variedades muy plantadas que antes solo participaban en vinos comunes y hoy se lucen en blancos y tintos con pretensiones: Pedro Gimenez (8412ha), Criolla Grande (11.695ha), Moscatel de Alejandría (1713ha) y Criolla Chica(307ha). Esto ha ampliado la oferta, especialmente en los segmentos medios de precios, que ya no están dominados exclusivamente por las variedades tradicionales.

Volviendo al tema de las cantidades, y tomando los últimos tres años, se puede observar que en 2023 se cosecharon 14.548.583qa (poco más de 1450 millones de kg), en 2024 hubo un incremento interesante (casi 32%) y se llegaron a cosechar 19.190.346qa, mientras que en 2025 también se superó el último registro en un 3,74%, representando un total de 19.907.888qa.

Queda en evidencia que el mercado está bien abastecido en cantidad, calidad y diversidad. Y que el mercado consume lo que la industria produce.

Vista panorámica de extensos viñedos verdes en hileras onduladas, con montañas nevadas al fondo y un cielo azul claro con sol radiante.
La diversificación geográfica del vino argentino crece, enfocándose en la calidad más que en el volumen (Imagen Ilustrativa Infobae)

Es cierto que surgen tendencias y modas (más pasajeras) y que las bodegas aprovechan para incrementar su porción del mercado, pero la realidad es que esos cambios son lentos y que el consumidor toma lo que le ofrecen. Si el consumo cae y las ventas de las bodegas no son las que esperaban se nota que la culpa no es del vino sino del contexto.

El Observatorio Vitivinícola Argentino destaca que el volumen de despacho al mercado interno en 2025 fue de algo más de 750 millones de litros, cuando en 2019 casi llegó a los 950. Sin embargo, la explicación del ajuste está en los vinos más accesibles, lo que demuestra que se toma menos que antes, pero de mejor calidad.

Una conclusión similar se puede sacar si se miran las exportaciones de vino de los últimos años. En 2002 no se alcanzó los usd70M, y diez años después se superaron los usd900M, significando un gran éxito para el vino argentino. Ya en 2022, las exportaciones cayeron a poco más de usd816M y, desde entonces, no dejan de retroceder.

Acá son más variables las que impactan. Por un lado, en el mundo suceden los mismos cambios de hábitos y costumbres. La novedad del Malbec ya pasó y eso explica gran parte del freno en las ventas internacionales. Sin embargo, en un mundo competitivo, la especialización será la clave y ahí la Argentina tiene una gran chance.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El origen del vino se consolida como atributo diferencial, imposible de replicar fuera de su zona de producción (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá de la gran experiencia que supone viajar al país desde cualquier lugar del mundo para recorrer las regiones vitivinícolas es la originalidad la que seguirá captado la atención de los nuevos consumidores, sin importar su edad. Por eso, la diversidad que ofrece el país sigue siendo su gran valor agregado y eso explica la consolidación de regiones y variedades emergentes. Primero se dan a conocer en el mercado interno, luego intentan salir a conquistar el mundo y a ayudar a torcer el rumbo de los números. Si bien la mayoría se muestran en rojo, no reflejan el verdadero estatus del vino argentino.