Cómo elegir vinos argentinos según su origen: claves para entender las etiquetas

A los de terruños tradicionales como Mendoza, San Juan, Salta y Patagonia, se le sumaron etiquetas de nuevas de zonas alternativas que se van consolidando año tras año como nuevos orígenes vitivinícolas ampliando así la diversa propuesta del vino argentino

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Las etiquetas argentinas reflejan cada
Las etiquetas argentinas reflejan cada vez más la diversidad de sus orígenes (Imagen Ilustrativa Infobae)

El vino argentino vive una paradoja; mientras ofrece las mejores versiones de su historia, el consumo cae. Claro que esto no es culpa del vino sino de muchas otras variables. Sin embargo, es la calidad y la diversidad la que le garantiza un futuro mejor en el corto, mediano y largo plazo.

Para los enófilos sin dudas ha sido una década ganada, y los podemos comprobar día a día en las copas. Porque la evolución alcanzada por la industria desde los comienzos del milenio permite tener a disposición una amplísima variedad de etiquetas. Y más allá de los precios de góndola; que hay para todos los bolsillos y en todos los estilos; lo más interesante tiene que ver con los lugares de donde provienen los vinos; el “terroir”.

Cabe destacar que esta palabra francesa no tiene una traducción literal, pero se puede decir que es la combinación de un lugar específico, su clima y la influencia humana. Estos tres factores combinados a lo largo del tiempo, conforman miles de culturas que rodean al vino y su larga historia; más de 8000 años. En nuestro país, historia vitivinícola hay mucha, pero este concepto es muy nuevo. Y, por lo tanto, son pocos los vinos que hoy pueden demostrar un terroir en las copas. ¿Cuál es el valor de esto? Que lo único que puede diferenciar a un vino de otro es su lugar, porque todo lo demás se puede copiar: variedad de uva, manejo del viñedo, momento de cosecha, método de elaboración y crianza, asesor enológico, etc.

Pero si la uva proviene de un lugar especial y hay alguien apasionado capaz de interpretarlo, surge el carácter de la zona, que puede llegar a ser único. Es cierto que a veces, la disciplina del “terroir” no permite interpretar sino cumplir. Y se deben hacer muchas cosas para mantener ese delicado equilibrio necesario para que el terroir se exprese en plenitud. Fundamentalmente, respetar el suelo, el clima y la cultura del lugar. Está claro que un lugar puede ir desde una región hasta una parcela, siempre y cuándo tengas características diferenciales que se puedan reflejar en los vinos. Eso explica que, en los últimos años, la mayoría de los hacedores tenga el foco en descubrir vinos con el ojo puesto en los suelos, más que en cumplir con las modas o hacer vinos comercialmente correctos.

La calidad del vino argentino
La calidad del vino argentino creció mientras el consumo interno disminuyó (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la Argentina, está comprobado que Malbec es la cepa que mejor interpreta muchos de esos lugares, aunque el protagonismo de esos vinos no sea el varietal. Como tampoco la madera o el manejo en bodega. Cuánto menos se intervenga en la naturaleza, mejor. Pero para encontrar esos lugares, hay que buscar mucho.

Hasta hace muy poco se hablaba de provincias, ni siquiera de zonas, con Mendoza a la cabeza, seguida por San Juan, más lejos por Salta, La Rioja y Río Negro. Pero hoy, no sólo se amplió el mapa, sino que además se especificaron las zonas. Ya no solo se habla de Luján de Cuyo o el Valle de Uco en Mendoza, ahora se es más preciso en la definición, y en las etiquetas aparecen nombres de Distritos como Las Compuertas, Vistalba, Gualtallary o Altamira, por sólo nombrar algunos lugares de donde surgen grandes vinos. Y si bien las fronteras se han ampliado, incorporando al mapa vitivinícola regiones en provincias como Catamarca, Córdoba, Neuquén, La Pampa, Jujuy y más recientemente Buenos Aires, Tucumán y Chubut, lo interesante es el concepto de lugar; el famoso terruño, que implica la intención de hacer un vino que transmita identidad y sentido de pertenencia a un lugar.

Los vinos que se elaboran en el Valle de Calamuchita (Córdoba) o en la Quebrada de Humahuaca (Jujuy), son apenas dos de los innumerables ejemplos en la actualidad. Porque una vez alcanzado los estándares de calidad, lo que importa es otra cosa. Es poder trascender a través del vino, con el fin último de lograr ser reconocido como único. Y es ahí donde el todo resulta más que la suma de las partes. Porque seguramente el vino estará bien elaborado, pero su magia será más efectiva siempre y cuando el lugar tenga algo especial para ser contado. Y es por ello que hay que celebrar que aparezcan vinos por todos lados. Claro que no es fácil lograrlo, como tampoco es algo que deban alcanzar todos los vinos.

El terroir se consolida como
El terroir se consolida como el principal factor diferenciador en la industria vitivinícola (Imagen Ilustrativa Infobae)

Porque el carácter de lugar está atado al nivel de calidad, pero no en todos los vinos se puede reflejar. Por ejemplo, a los de todos los días no se les puede pedir además de ser agradables y expresivos, que expresen su origen. Pero cuando se empieza a hablar de varietales o blends, incluso de segmentos más accesibles, sí se puede esperar un carácter distintivo que sea propio de una zona. Así, a grandes rasgos, en la Argentina se perciben los vinos del NOA muy expresivos y con más concentración, los de la Región de Cuyo más equilibrados en sus aromas y sabores, y los de Patagonia más frescos y delicados.

En definitiva, el origen del vino es muy importante. Y si bien en la Argentina no hay muchas restricciones respecto del origen de las uvas para la concepción de un vino, comienzan a hacerse famosas las IG (Indicaciones Geográficas), que nacieron con la intención de proteger los atributos diferenciales de los vinos de un lugar específico. Pero falta mucho para que el consumidor pueda llegar a detectar esos atributos en los vinos y determinar sus elecciones en base a ellos. Mientras tanto, los lugares siguen ganando protagonismo en las etiquetas, tal como sucede en las del Viejo Mundo, donde la mayoría de los vinos se reconocen por sus zonas y no tanto por marcas y variedades. Un dato a tener en cuenta; cuanto más preciso sea el origen de las uvas, mayores serán las pretensiones del vino. Esa es la razón por la que emergen cada vez más vinos de viñedos (Single Vineyards), vinos de parcelas únicas o vinos de subzonas que, si bien siempre existieron, recién ahora aparecen en las etiquetas.

¿Cuáles son los orígenes del vino que más se destacan en las etiquetas?

Según datos actualizados del Observatorio Vitivinícola Argentino, las hectáreas de viñedos locales en 2024 quedaron por debajo de las 200.000 (199.919 Ha); 56% uvas tintas, 19% de blancas y el resto de rosadas. Mendoza lidera la producción (142.785Ha), seguida de San Juan (39.684Ha), La Rioja (7010Ha), Salta (3700Ha), Catamarca (2694Ha), Neuquén (1499Ha) y Río Negro (1287Ha). Luego, las provincias con menos de 500 hectáreas de vides plantadas son: La Pampa (322), Córdoba (244), Buenos Aires (186), Tucumán (145), Chubut (117), San Luis (103), Jujuy (73), Entre Ríos (57), Santiago del Estero (17), Misiones (13), Santa Fe (7) y Chaco (2). Es decir que ya hay viñedos comerciales (que producen vinos) en 19 provincias.

El Malbec se posiciona como
El Malbec se posiciona como la cepa que mejor interpreta los distintos terruños argentinos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por otra parte, se sabe que lo único que no se puede emular en un vino es el origen, ya que cada viñedo es único. Es por ello que cada vez más las referencias a lugares son protagonistas en las etiquetas. Las fronteras del vino argentino se ampliaron, incorporando nuevos terruños, como Neuquén o Chapadmalal en la costa argentina. También desafiando los límites de la naturaleza como en Chubut o la Quebrada de Humahuaca en Jujuy, que lanzó su propia ruta del vino con la particularidad que puede ser recorrida con el Tren Solar. Pero no se trata solo de dominar condiciones extremas, sino de descubrir lugares con características propias que puedan ser embotelladas. Y más allá que los hacedores sigan siendo protagonistas y descubridores de estos tesoros bebibles, hay que empezar a recordar ciertos nombres que empiezan a sonar y tenerlos presentes a la hora de elegir un vino.

Mendoza

El origen de la uva siempre fue una variable muy importante para el productor, porque permite otorgarle al vino un carácter único. Recientemente, la Denominación de Origen Controlada Luján de Cuyo, que existe desde 1989, renovó autoridades, su reglamento y, por primera vez, sumó nuevas bodegas. Recordar que esta denominación surgió de la mano de viticultores y vinicultores de la región con el fin de proteger, promover y difundir el encepado tinto característico constituido mayoritariamente por la variedad Malbec. Y, en esta nueva etapa, se incluye el desarrollo de un plan estratégico para posicionar al Malbec de Luján de Cuyo con más fuerza en el mercado local e internacional y abrir la posibilidad a que más productores y bodegas puedan sumarse a la D.O.C. en el futuro.

Por otra parte, el Valle de Uco se sigue luciendo. Por la ruta 40 hacia el sur, a menos de una hora de Mendoza, se encuentra un escenario ideal para el vino, es por ello que se instalaron allí muchas de las bodegas más impactantes en los últimos años. Sus suelos diversos, aluvionales por desprendimientos; y más pedregosos y sueltos cuánto más cerca de las montañas están; son además ricos en carbonato de calcio y con la pobreza orgánica que requiere la vid. Y si bien hoy el Valle de Uco ya es un nombre confiable para todo consumidor, tiene varios rincones claves que van ganando fama. Compuesto por tres departamentos (Tupungato, Tunuyán y San Carlos), con algunas sub zonas destacadas.

Por ejemplo, de los trece distritos que componen Tupungato, Gualtallary y San Pablo son los más afamados. Mientras que en Tunuyán se destacan Los Árboles, Los Chacayes y Vista Flores. Por su parte, dentro de San Carlos, La Consulta es la estrella del momento, más precisamente Paraje Altamira y el Cepillo.

Las etiquetas mencionan cada vez
Las etiquetas mencionan cada vez más distritos y subzonas específicas (Imagen Ilustrativa Infobae)

A su vez, El oasis sur mendocino está de vuelta de la mano de viejos conocidos y jóvenes hacedores enfocados en transmitir el carácter de ese terruño. Expertos en suelos, como Guillermo Corona, sostienen que San Rafael es una región grande; la única que va de Oeste a Este; con zonas muy aptas, mucha historia y antiguos viñedos.

San Juan

San Juan está de vuelta, con nuevos vinos que nacen en sus valles de altura; algunos extremos. Estos flamantes vinos provienen de valles como Pedernal, Calingasta, La Ciénaga, Ullum, Zonda, Tulum e Iglesia. Pero es el Valle de Pedernal, el que se ha consolidado como el terruño más prolífero en cuánto a novedades vínicas. En este valle, que supera los 1300msnm, hay diversos suelos que proponen una gran diversidad de vinos. Y, lo que permite que eso llegue a las copas, es el mayor conocimiento del lugar, a partir del estudio, tanto del suelo como del clima.

Patagonia

Es un nombre que trasciende al vino y su gente. Su naturaleza imponente y su ancestral inmensidad atrae millones de turistas. Y es tan grande, que el vino patagónico ocupa una mínima parte de su terruño. Tanto el Alto Valle de Río Negro como el flamante Valle de San Patricio del Chañar tienen mucho vino para mostrar al mundo.

Historia con viejas viñas de Malbec y Pinot Noir que se salvaron de ser erradicadas durante la crisis, y actualidad con proyectos biodinámicos, que buscan expresar naturalmente rincones únicos de la mejor manera posible. A pesar de las condiciones y dificultades que supone elaborar vinos en Patagonia, por su clima extremo y distante de la civilización vínica, siguen surgiendo vinos sorprendentes.

Allí, todos los productores trabajan con el mismo objetivo, aunque distintas recetas; mostrar al mundo y compartir lo mejor que puede dar el terruño patagónico.

La combinación de clima, suelo
La combinación de clima, suelo y tradición define la identidad de cada vino (Imagen Ilustrativa Infobae)

Salta

Los vinos de Cafayate conquistan paladares desde hace más de doscientos años con su carácter y personalidad de altura. Pero lo que antes era rústico y potente, hoy es elegante y fresco, sin perder esa fuerza que tiene el valle.

El secreto está en los flamantes valles de altura salteños y sus pequeñas localidades (Molinos, Tacuil, Colomé, Payogasta, Cachi, Amaicha y Colalao del Valle). Desde allí, todas las bodegas forman parte de una verdadera revolución, tanto las grandes consagradas como las enfocadas en pequeñas producciones. Con un marco es imponente, son los nuevos tintos y blancos los que deslumbran a la prensa internacional y a consumidores del mundo entero. Ya sea con varietales o blends, los hacedores del norte también le van encontrando la vuelta a cada uno de sus terruños. Y si bien tienen menos chances que sus colegas mendocinos (simplemente por una cuestión de superficie plantada), queda claro que la puntería la tienen bien afinada. Los vinos salteños de hoy siguen siendo los más fuertes y concentrados, expresivos y cargados del país, pero todo eso llega a las copas en armonía. Y pasan por boca sin aristas y con profundidades refrescantes, propias de vinos más lindos.

Buenos Aires

En Chapadmalal, a sólo 12 km del mar, se elaboran vinos y espumosos de clima oceánico. Muy cerca de allí, en Balcarce y sobre un terruño rodeado por el Sistema de Tandilia (2200 millones de años), se producen blancos y tintos de alta gama, en un paisaje único. También nace exponentes más al sur, cerca de Bahía Blanca y en los alrededores de Sierra de La Ventana.

Por otra parte, desde 2004 volvieron a plantarse viñas en San Nicolás de los Arroyos, un terruño nacido en 1886 y que en 1986 había tenido su última vendimia. Y hay muchas más novedades en la provincia bonaerense, que ya cuenta con el viñedo más cercano a CABA; en Campana (Km65 Ruta 9). Y la novedad es el flamante emprendimiento enoturístico que se inauguró este verano en Madariaga, a minutos de Pinamar.

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