
La clave para un descanso reparador durante las vacaciones no reside en abandonar toda actividad, sino en encontrar un equilibrio entre la relajación y el movimiento. La evidencia científica destaca que el bienestar genuino proviene de mantenerse activo y planificar actividades satisfactorias, más que de ceder al ocio pasivo. Así lo señala Stacy Shaw, profesora asistente de Ciencias Sociales y Políticas Públicas en el Worcester Polytechnic Institute, quien ha enfocado sus investigaciones en la relación entre el descanso, el aprendizaje, la creatividad y la salud mental.
Con la llegada de las vacaciones, cuando muchas personas esperan desconectar y reponerse del ritmo anual, surgen desafíos particulares. Shaw describe cómo las fiestas, que anteceden los tiempos de descanso en el hemisferio sur, pueden aumentar el estrés, alterar las rutinas y exponer a dinámicas familiares complejas, factores que influyen directamente sobre el bienestar emocional. En este escenario, el descanso efectivo se convierte en una herramienta fundamental para recuperar energías.
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No todo el tiempo libre proporciona el mismo nivel de recuperación. Shaw distingue entre descanso pasivo—como ver televisión o navegar en redes sociales—y descanso activo, que implica actividades físicas, sociales o creativas.
Las investigaciones sostienen que las actividades planificadas y activas otorgan mayores beneficios. Según Shaw, “el descanso más reparador implica actividades activas y organizadas, no simplemente quedarse en el sofá”. Caminar al aire libre, socializar o profundizar en pasatiempos creativos no solo distraen, sino que cumplen una función esencial para el equilibrio psicológico.
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La evidencia apoya esta perspectiva. Shaw cita estudios que muestran que caminar en la naturaleza reduce la actividad cerebral asociada a la tristeza y los pensamientos repetitivos, además de disminuir la ansiedad y el estrés.

Investigaciones adicionales demuestran que actividades como tocar el piano o practicar caligrafía pueden disminuir considerablemente los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés. Incluso, las intervenciones más prometedoras para tratar la depresión se basan en la participación regular en actividades de ocio gratificantes.
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A pesar de estos beneficios, gran parte del tiempo libre suele invertirse en actividades poco satisfactorias. Shaw menciona un estudio que identificó la televisión como la forma de ocio más popular, aunque paradójicamente la menos placentera.
Quienes superaban las cuatro horas diarias de consumo la consideraban menos placentero que quienes la veían en menor cantidad. En investigaciones recientes, Shaw y su equipo observaron que los estudiantes universitarios tendían a buscar distracciones automáticas, como las redes sociales al final del día, pero rara vez se sentían renovados tras estas actividades.
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Para romper estos ciclos, la planificación adquiere un rol central. Shaw recomienda diseñar y programar actividades agradables con antelación, en lugar de dejarse llevar por el estado de ánimo del momento. “Planificar y anticipar el descanso es esencial para que resulte verdaderamente efectivo”, enfatiza.
Establecer un momento para leer en un ambiente tranquilo después de una jornada activa o salir a caminar tras compartir regalos puede marcar una diferencia relevante. Seguir un horario ayuda a contrarrestar la inercia de la inactividad y favorece una recuperación más profunda.
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Incluso así, la llamada “culpa por ocio” puede empañar el disfrute de los días libres. Este fenómeno —que, según Shaw, consiste en una incomodidad por dedicar tiempo a actividades no productivas— se intensifica en vacaciones debido a cambios en la rutina, la alimentación y las expectativas elevadas. La culpa puede disminuir el efecto reparador del descanso y afectar el bienestar general.

Para contrarrestar este efecto, Shaw propone tres estrategias:
- Reducir las expectativas sobre las actividades de la temporada, descartando tareas innecesarias y aceptando que no todo debe ser perfecto.
- Buscar experiencias que permitan una inmersión total, como jugar con niños, practicar videojuegos o salir a pasear, ya que exigen atención plena y apartan las preocupaciones cotidianas.
- Aceptar la culpa si aparece y continuar adelante: aprender a convivir con emociones negativas, especialmente bajo presión, puede ayudar a disminuir los síntomas depresivos.
El descanso durante las vacaciones, concluye Shaw, no es una cuestión de azar, sino de decisiones conscientes y pequeños ajustes en la rutina. Con acciones intencionadas y una actitud flexible, es posible lograr un bienestar sólido en cualquier periodo de descanso.
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