
Viajar en familia puede transformar una simple escapada en una experiencia inolvidable, según Nora Kurtin, autora de Escapadas en familia, una guía que reúne 30 rutas especialmente pensadas para disfrutar con niños en España.
En conversación con Condé Nast Traveler, Kurtin subraya que estos viajes no solo permiten descubrir nuevos destinos, sino que ofrecen la oportunidad de fortalecer los lazos familiares y crear recuerdos que perduran mucho más allá del regreso a casa.
Tiempo de calidad y aprendizaje
Para Kurtin, el verdadero valor de viajar con niños reside en compartir tiempo de calidad y desconectar de la rutina diaria. “Viajar en familia es una de las mejores experiencias que podemos compartir”, afirma en declaraciones recogidas por Condé Nast Traveler.

La autora destaca que, al salir del entorno habitual, las familias pueden mirarse de otra manera, abrir espacios de conversación sin interrupciones y descubrir intereses comunes. Además, cada escapada se convierte en una oportunidad de aprendizaje vivencial: visitar un castillo puede despertar la curiosidad por la historia, mientras que explorar cuevas prehistóricas ayuda a comprender la vida y el arte de épocas pasadas.
Kurtin sostiene que la flexibilidad adquirida al conocer culturas y costumbres diferentes es una habilidad que los niños incorporan casi sin darse cuenta, ampliando su visión del mundo.
A la hora de organizar un viaje familiar, Kurtin recomienda buscar el equilibrio entre los intereses de adultos y niños, fomentar la participación de los más pequeños y dotar a la escapada de un propósito más allá del destino.
“Un viaje ideal combina tres ingredientes: equilibrio, participación y propósito”, explica la autora en la entrevista con Condé Nast Traveler. Para lograrlo, sugiere adaptar las actividades a la edad de los hijos, evitar sobrecargar los días y reservar tiempo para el juego libre y el descanso.
Involucrar a los niños en la toma de decisiones, como elegir entre un museo interactivo, un parque temático o una ruta por la naturaleza, contribuye a que se sientan parte activa de la experiencia.

Por otra parte, para motivar la participación infantil, la autora sugiere actividades como la fotografía, la elaboración de cuadernos de viaje o la organización de juegos durante las rutas. Dar a los niños una cámara o un celular solo para hacer fotos, proponerles “misiones” fotográficas o animarles a crear un “cuaderno del explorador” donde anoten y dibujen lo que descubren, fomenta su curiosidad y atención.
Retos y soluciones para padres
Viajar con niños también implica afrontar retos específicos. El cansancio es uno de los principales obstáculos, por lo que Kurtin insiste en la importancia de respetar los horarios de sueño y las pausas para descansar, aunque eso suponga renunciar a ciertos planes.
“En un viaje con niños, los horarios de sueño y las pausas para descansar deben respetarse, aunque eso implique renunciar a ciertas cosas”, señala. La autora recuerda una visita a París con sus hijos, donde tras una breve estancia en el Museo del Louvre, dedicaron varias horas a disfrutar del Jardín de las Tullerías, priorizando el juego y el descanso sobre la agenda cultural.
Para evitar el agotamiento, Kurtin aconseja planificar en torno a los ritmos de los niños y dejar margen para la improvisación.
El uso de dispositivos electrónicos es otro desafío frecuente. Kurtin reconoce que muchas veces los adultos piden a los niños que dejen las pantallas, pero no siempre predican con el ejemplo. Recomienda establecer normas claras sobre el uso de celulares y tablets, como limitar su consulta a momentos concretos del día o guardarlos durante las actividades familiares.

Involucrar a los niños en la planificación del viaje y proponer retos, como buscar elementos del paisaje o identificar animales, ayuda a mantener su atención y reducir la dependencia de la tecnología.
Recuerdos familiares y consejos prácticos
Las anécdotas personales también forman parte de la experiencia. Kurtin, de origen argentino, recuerda cómo sus hijos asociaban las “vacaciones importantes” con dormir en el avión durante los viajes transoceánicos. El ritual de prepararles una “camita” con manta, pijama y peluche les ayudaba a sentirse seguros y a disfrutar del trayecto, independientemente de la distancia recorrida.
A lo largo de la entrevista con Condé Nast Traveler, Kurtin insiste en que los recuerdos más duraderos de los niños no suelen estar ligados a los lugares visitados, sino a las sensaciones y al tiempo compartido en familia. Las risas, los paseos tranquilos y las conversaciones sin prisas son los momentos que permanecen en la memoria, más allá de los paisajes o monumentos.

La autora invita a las familias a preparar sus escapadas con sentido práctico, evitando sobrecargarse de equipaje y expectativas. Para ella, la verdadera riqueza del viaje reside en la ligereza: tanto en lo material como en la actitud, permitiendo que la experiencia familiar fluya y se disfrute plenamente.
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