En una nueva edición de El Puente, el ciclo de entrevistas de Infobae conducido por Julieta Puente, el doctor Fabio Nachman (MN 96066) abordó el SIBO, una afección digestiva que en los últimos años comenzó a mencionarse con frecuencia, pero sobre la cual aún circula información parcial o errónea que hay que detectar.
Por lo tanto, el gastroenterólogo definió con precisión de qué se trata, cómo se diagnostica y cuál es el abordaje real para este cuadro que, según aclaró, no es crónico y sí tiene cura.
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Qué significa SIBO y cómo se manifiesta
El término SIBO es una sigla en inglés que refiere a la expresión Small Intestinal Bacterial Overgrowth, traducida como sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Según explicó Nachman, se trata del aumento anormal de bacterias en una zona donde normalmente su concentración es muy baja. Este desbalance puede alterar el proceso digestivo, dificultando la absorción de grasas y promoviendo la fermentación de azúcares e hidratos de carbono”.
Los síntomas más frecuentes asociados al SIBO son:
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- Distensión abdominal
- Gases
- Diarrea
- En algunos casos, dolor intestinal.
“No todos los casos de molestias digestivas son SIBO, pero cuando hay fermentación y distensión, las bacterias siempre están implicadas. Lo importante es ubicar dónde ocurre el problema: si en el intestino delgado o en el grueso”, detalló.

Cuándo se produce el SIBO y qué lo provoca
El intestino delgado tiene mecanismos naturales para evitar que proliferen bacterias: el movimiento intestinal coordinado y una anatomía conservada. Cuando estas defensas se ven alteradas por alguna causa, puede instalarse el SIBO. Entre los factores de riesgo que el médico identificó se encuentran:
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- Cirugías abdominales previas que modifiquen la anatomía del sistema digestivo
- Enfermedades crónicas, como la diabetes o patologías del tejido conectivo
- Trastornos motores del intestino
“El intestino tiene que moverse y limpiarse. Si eso no pasa por alguna razón médica, las bacterias se acumulan donde no deberían”, explicó.
Diagnóstico y errores frecuentes
Nachman también habló sobre el diagnóstico del SIBO. “El test de aire espirado que se utiliza para detectar SIBO tiene bajo rendimiento diagnóstico. Ni siquiera los expertos a nivel mundial se ponen de acuerdo sobre qué parámetros utilizar. Por eso, muchas veces se realizan diagnósticos erróneos”, advirtió.
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Además, señaló que existe un fenómeno creciente de sobreinformación. “Muchas personas buscan explicaciones a sus síntomas y terminan aferrándose a un diagnóstico mal fundado. Lo esencial es evaluar bien la historia clínica, los antecedentes y luego complementar con estudios”, sostuvo.

Con respecto a una cura, la respuesta del médico fue clara: sí, el SIBO tiene tratamiento y no es una enfermedad para toda la vida. “Se cura con antibióticos, y los efectos se notan desde las primeras dosis. Pero si la causa que lo provocó no se corrige, puede volver a aparecer a los pocos meses. No es que el paciente lo va a tener siempre, pero puede haber recaídas si no se atiende el problema de base”, afirmó.
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El rol de la dieta: herramienta, no solución
En los últimos años también se volvió habitual vincular al SIBO con la llamada ‘dieta del SIBO’, basada en evitar alimentos fermentables, como azúcares complejos. Nachman diferenció entre el valor diagnóstico de estos regímenes y su real efecto. “La dieta sirve para explorar intolerancias alimentarias, no para curar el SIBO. Las bacterias no desaparecen por dejar de comer determinados alimentos. Solo se elimina con medicación”, puntualizó.
También explicó que los efectos de los alimentos pueden variar según su preparación. “No es lo mismo una papa hervida recién hecha que una que se enfría y se recalienta. Se modifican los azúcares que contiene y eso puede generar síntomas diferentes, como más gases o incluso diarrea. Por eso, la personalización es clave y siempre debe estar guiada por un médico o nutricionista”, dijo.
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Para Nachman, el SIBO existe y se conoce desde hace más de un siglo. Sin embargo, enfatizó que no debe banalizarse ni transformarse en un comodín para explicar cualquier síntoma digestivo. “Hay que dedicarle tiempo al diagnóstico, conversar con el paciente y no quedarse solo con un estudio aislado. No todos los que tienen malestar abdominal tienen SIBO”, concluyó.
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