
Cuando Arsen Tomsky recuerda la noche de Año Nuevo de 1997, lo hace con una sonrisa. Aquella madrugada, en la gélida Yakutsk, la ciudad más fría del mundo, se encontró peleando con tres desconocidos por un taxi. Terminó con la nariz rota y su abrigo destrozado, pero esa experiencia sembró una idea que cambiaría su vida. “Desde el primer día, fue una historia de luchar contra la injusticia”, afirma el fundador y CEO de inDrive a Time. “Eso es lo que realmente me motiva, porque en mi vida he enfrentado muchas injusticias”, enfatiza.
Desde esa pelea hasta convertir inDrive en la segunda aplicación de movilidad más descargada del mundo, la trayectoria de Tomsky es una historia de resiliencia y de un enfoque radicalmente distinto sobre cómo se puede hacer negocio sin perder de vista un impacto social.
Un origen marcado por la desigualdad
Creció en Yakutsk, en el noreste de Siberia, donde las temperaturas pueden alcanzar los -60°C. Pero el frío no era su única adversidad. Su hogar estuvo marcado por la violencia doméstica, sufría un tartamudeo severo que lo hacía blanco del acoso escolar y tenía pocas oportunidades para emprender.
A esas dificultades, se sumaba la falta de transporte en su ciudad. Los taxis, controlados por carteles, subían los precios de manera desproporcionada en invierno, lo que llevaba a frecuentes enfrentamientos entre pasajeros. Para Tomsky, la pregunta era inevitable: ¿por qué simplemente tomar un taxi podía ser tan difícil y peligroso?
El nacimiento de inDrive

En 2012, cuando los taxistas de Yakutsk aumentaron sus tarifas un 50% de la noche a la mañana, un grupo de estudiantes creó un blog donde pasajeros y conductores podían negociar tarifas. En poco tiempo, 50.000 personas de una ciudad de 280.000 habitantes lo estaban usando.
Tomsky, que ya dirigía Sinet Group, la principal firma digital de la región, vio el potencial del modelo y se acercó a los estudiantes con una propuesta de negocio. Así nació inDrive en 2013, cuyo nombre original significaba “Independent Drivers”.
A diferencia de Uber, DiDi o Grab, inDrive no asigna automáticamente conductores a los pasajeros. En su lugar, los pasajeros ingresan su origen y destino, y los conductores pueden ofertar por el viaje. “Los humanos dictan los precios, no los algoritmos”, explica Tomsky.
Para los conductores, el modelo es particularmente atractivo. Mientras que en otras plataformas no pueden ver el destino ni la tarifa antes de aceptar un viaje —y son penalizados si rechazan carreras— en inDrive pueden seleccionar viajes según su conveniencia. Además, las comisiones son más bajas, empezando en 0% y aumentando gradualmente hasta alrededor del 10%.
De Yakutsk al mundo
Desde su remoto inicio en Siberia, inDrive se expandió a 888 ciudades en 48 países y fue descargada más de 200 millones de veces. En 2021, la compañía recaudó 150 millones de dólares en una ronda de inversión, alcanzando una valoración de 1.23 mil millones y convirtiéndose en un unicornio. Desde entonces, sus ingresos se multiplicaron por seis y logró rentabilidad según EBITDA.

Sin embargo, Tomsky tiene objetivos más ambiciosos: “En 2025 seremos rentables netamente”, afirma. Pero para él, el éxito financiero no lo es todo.
Redefinir el capitalismo
Tomsky no oculta su desconfianza hacia el poder de las grandes tecnológicas. Considera que empresas como Meta, X, Facebook y OpenAI ponen las ganancias por encima del bienestar social. “Si el principal enfoque de estas compañías tecnológicas es generar ingresos, eso podría no ser seguro. Podría ser realmente peligroso”, advierte.
Aunque no descarta una eventual oferta pública de acciones (IPO), su objetivo es demostrar que una empresa puede ser exitosa con un enfoque menos materialista. “Si tenemos éxito, creo que muchos otros emprendedores y empresas seguirán nuestro ejemplo”, señala. “Y si algunos de ellos logran el éxito, tendremos una buena oportunidad de inventar un nuevo tipo de emprendimiento tecnológico que cambie la trayectoria del capitalismo moderno. Ese es mi objetivo”, completa.
Una expansión con estrategia
Para evitar represalias de grandes competidores, inDrive optó por enfocarse en mercados desatendidos, como ciudades pequeñas en Asia Central, África y América Latina. Entre sus primeros destinos figuraron Astana (Kazajistán), Arusha (Tanzania) y Uberlândia (Brasil), una ciudad con un nombre irónicamente asociado a su rival más grande.

Cuando intentaron entrar en grandes mercados, los resultados fueron mixtos. En 2018, inDrive probó suerte en Nueva York, pero cerró operaciones en pocos meses debido a fraudes con tarjetas de crédito. En 2023, llegó a Miami, donde ha sido rentable, aunque sin planes inmediatos de expandirse en EE.UU.: “Es un mercado muy costoso”.
Salir de Rusia, por principios y seguridad
Con la invasión de Ucrania en 2022, Tomsky tomó una decisión radical: cerró todas las operaciones de inDrive en Rusia y permitió que más de 1.000 empleados se reubicaran en Chipre o Kazajistán. Incluso renunció a su ciudadanía rusa y adoptó la kazaja.
“Antes de esto, pensaba que podíamos cambiar la vida en Rusia poco a poco, a pesar de ser un estado muy corrupto. Pero cuando comenzó esta guerra, fue un gran impacto. No podía creerlo y decidimos irnos de inmediato”, explica.
Desde entonces, regresar a Yakutsk no es una opción para él. “Hice algunas declaraciones contra la guerra y ahora no es seguro para mí volver a mi ciudad natal. Es muy triste”, admite.
Más allá del transporte: proyectos con impacto social
Tomsky está canalizando la mayor parte de su fortuna en iniciativas sin fines de lucro. Lanzó una universidad en Kazajistán, un programa de formación en TI en África y un proyecto cercano a su historia personal: Ayta.AI, un software que ayuda a personas con tartamudeo a sonar naturales en videollamadas.

“Nuestro próximo paso probablemente sea hacer un dispositivo portátil para que las personas con tartamudeo puedan usar esta tecnología cuando vayan a comprar un café”, adelanta.
Su visión del futuro es clara: la humanidad se está moviendo hacia una nueva realidad digital. “En los próximos 100 años, daremos pasos graduales en esta dirección. Ahora somos criaturas en cuerpos de monos y no vivimos tanto tiempo. Para realizar completamente el potencial de la mente y el alma, algunas personas irán a este universo digital, y la IA acelerará y orquestará este proceso”, reflexiona.
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