
El virus de la influenza afecta anualmente a mil millones de personas en todo el mundo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La gripe es altamente contagiosa y puede ser especialmente grave para los grupos de riesgo: personas mayores de 50 años, personas con inmunocompromiso, personas gestantes y personas quienes acrediten obesidad, diabetes, enfermedades respiratorias, cardíacas, trasplantes, entre otras. Cada año provoca entre 3 y 5 millones de casos graves y entre 290.000 y 650.000 muertes a nivel global.
La vacunación antigripal anual es la mejor herramienta para reducir las complicaciones, hospitalizaciones, secuelas y muertes causadas por el virus de la influenza, un patógeno que se caracteriza por cambiar cada año. La inmunización ayuda a proteger a las personas vulnerables y a disminuir el impacto en el sistema de salud.
Durante el Flu Forum, un encuentro anual que reúne a los principales expertos del país para discutir las novedades sobre la influenza, los especialistas abordaron el concepto de “immunoimprinting”, o impronta inmune, y su impacto en la respuesta del sistema inmunológico al virus de la gripe.

El doctor Jorge Geffner, inmunólogo y director del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA (INBIRS) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó: “Este término refiere a la calidad de la respuesta inmune generada después del primer contacto con un virus, ya sea por vacuna o por una infección natural por el virus ´salvaje´. Es la memoria inmunológica frente a un virus y cómo este primer contacto condiciona y limita la respuesta posterior.”
Este concepto, conocido previamente como “pecado original antigénico” y descrito por primera vez en 1960 por Thomas Francis Jr., postula que la huella inmunológica del primer contacto con el virus de la gripe influye en la eficiencia de la respuesta inmunitaria futura.
La efectividad de las vacunas frente al “inmunoprinting”

Durante la pandemia de gripe A/H1N1 de 2009, se observó que los adultos mayores tenían una respuesta inmune más robusta debido a su exposición previa a cepas similares que circularon antes de 1957. Sin embargo, la efectividad de la respuesta fue menor en las personas de 30 a 40 años, cuyos sistemas inmunitarios no habían encontrado cepas similares antes.
“Si tenemos un primer contacto con un virus influenza A y a los dos años contactamos nuevamente con una cepa mutada, aunque nos vacunemos contra ese segundo virus, la respuesta sigue siendo más eficiente contra la cepa original”, ejemplificó Geffner.
Para contrarrestar esta impronta inmune inicial, las vacunas deberían ofrecer una inmunidad amplia que proteja contra una variedad de cepas estacionales y pandémicas de la influenza.

“La efectividad de la vacuna antigripal claramente se ve afectada por el “inmunoimprintig”, pero también depende del nivel de compatibilidad o macheo entre el componente de la vacuna y el virus circulante. Cuanto más cercano sea el macheo, mayor será la eficacia”, especificó Geffner.
En Argentina, existen vacunas desarrolladas con tecnología tradicional de producción en huevo y otras con tecnología de cultivo celular. “Existen técnicas usadas para la fabricación de vacunas que dan un pasito adelante. Cuando se producen vacunas en huevo, el virus se adapta y puede cambiar. Las vacunas producidas en líneas celulares limitan esa variabilidad y logran un mejor macheo”, explicó el inmunólogo.
Esta mejora en la producción incrementa la eficacia de la vacuna antigripal, que puede reducir el riesgo de consultar al médico por influenza entre un 40 y un 60 por ciento en temporadas donde los virus de la vacuna coinciden con los virus en circulación.
La importancia de la vacunación en cada etapa de la vida

La vacuna antigripal es parte del Calendario Nacional de Vacunación en Argentina y es gratuita y obligatoria para ciertos grupos: mayores de 65 años, personal de salud, embarazadas, puérperas hasta 10 días después del parto si no se vacunaron durante el embarazo, niños de 6 a 24 meses, y personas con factores de riesgo como obesidad, diabetes, enfermedades respiratorias, cardíacas, inmunodeficiencias, enfermedades oncohematológicas, trasplante, y personas con insuficiencia renal crónica en diálisis.
El doctor José Montes, médico infectólogo y director médico de CSL Seqirus para Argentina y Latinoamérica, subrayó: “A medida que crecemos, nuestro sistema inmunológico cambia y esto hace que tengamos susceptibilidades distintas a las infecciones, incluyendo la influenza, y que debamos considerar vacunas específicas para cada etapa de la vida.”
La vacuna adyuvantada, disponible de forma gratuita para adultos mayores de 65 años, mejora la respuesta inmunitaria del organismo.

“La posibilidad de tener una vacuna con adyuvante que potencie la respuesta inmunogénica y mejore la efectividad es una alternativa interesante para proteger a una población que, por la edad, tiene una respuesta decreciente a las vacunas,” afirmó el doctor Pablo Bonvehí, jefe de infectología del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) y miembro de la Fundación Vacunar.
Por su parte, el doctor Matías Manzotti, presidente de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría, destacó el impacto de la influenza en las personas mayores: “Por un lado, puede requerir hospitalización y, por otro, aumentar el riesgo de eventos asociados como problemas cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. También aumenta la probabilidad de sobreinfección bacteriana y neumonía, afectando la funcionalidad física posterior y la capacidad de llevar a cabo actividades diarias sin ayuda”.
Para fortalecer el sistema inmunológico, además de las vacunas, los expertos recomiendan una buena alimentación, ejercicio físico, mantener un peso saludable, dormir lo suficiente, no fumar y evitar el consumo de alcohol en exceso.
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