¿Qué preferís comer una porción de mousse de chocolate ahora o dos en 15 minutos? Aunque te parezca mentira, la respuesta te va a sorprender. Como cada lunes, nos encontramos en “No debí hacer eso”, un espacio donde abrimos la cocina de nuestras decisiones para conocer las razones detrás de cada una de ellas, aprender cuales nos limitan y qué hacer para mejorarlas.
En este episodio, te cuento por qué siempre empezamos la dieta el lunes y cómo cumplir las metas que nos proponemos.
Comencemos con una serie de preguntas: ¿por qué la dieta siempre empieza el lunes? ¿Por qué posponemos eternamente la alarma del celular? ¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy?
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Dentro de nosotros conviven distintos “yos” y tendemos a cargar en el “yo del futuro” un montón de tareas, responsabilidad y esfuerzos, pateando todo lo que no queremos hacer hoy.
El tema es que cuando llega ese “yo del futuro”, y es presente, nos damos cuenta que no podemos hacernos cargo de aquello a lo que nos comprometimos. Entonces, elegimos siempre el placer del hoy por encima de los beneficios de mañana y esto es, una vez más, un sesgo
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Se trata del sesgo del presente (present bias) también conocido como el “aquí y ahora” o el sesgo “carpe diem”. Se trata de la tendencia de nuestro cerebro a privilegiar las opciones que están más cerca de nuestro presente, por encima de cualquier otra del futuro, sin importar que sean mejores.

¿Cómo funciona? La gratificación y los beneficios de elegir algo ahora son concretos, tangibles. Lo puedo sentir en este mismo instante. Por ejemplo, si decido postergar la alarma del celular, siento un placer inmediato: dormir 5 o 15 minutos más.
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En cambio, si me levanto y llego a tiempo al trabajo. Me tomo un buen café en el camino, llego sin correr y sin estrés, es una gratificación más difusa al momento de tomar esa decisión de postergar la alarma.
Otro ejemplo clarísimo es el de procrastinar en el trabajo. Por ejemplo, tenemos un deadline y debemos entregar diversas cosas. Pero, sin embargo, escroleamos la pantalla, abrimos 800 ventanas, entramos a las redes. Nos distraemos y eso claramente en el futuro es más lío, más estrés y más problemas. Pero nos engañamos a nosotros mismos, subestimamos el tiempo real y sobreestimamos nuestra capacidad de resolución.
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El sesgo del presente ya fue estudiando e investigando hace muchísimo tiempo. De hecho, hay una cita de David Hume, uno de los fundadores del empirismo, que dice: “No hay cualidad humana que cause más errores en nuestra conducta que aquella que nos lleva a preferir cualquier cosa del presente, por encima de lo que aparece distante en el tiempo”.
Una explicación de esto es que nuestra visión del tiempo no es tan lineal y tendemos a dosificar el impacto en nuestro futuro, de acuerdo a las expectativas que tenemos.
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Pero una cosa es comparar comerme una porción de Rogel o una ensalada, con la que me voy a sentir mejor mañana porque es más saludable. Acá, la decisión es bastante obvia, pero estoy comparando peras con manzanas. Ahora, otra cosa es comparar peras con peras: comer un chocolate ahora o esperar 30 minutos y comerme dos chocolates.

Lo interesante es que esta comparación se corroboró en un experimento real: el famoso experimento de los malvaviscos.
El experimento se hizo con niños y básicamente consistió en sentarlos frente a un malvavisco o una golosina y que ellos decidan: comerla en el momento, o esperar 15 minutos y comer dos de esa misma golosina.
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¿Cuál era el objetivo? Entender cómo, cuándo y por qué los niños deciden retrasar una gratificación inmediata por un beneficio mayor a futuro. Incluso, a fines de los ‘80 y ‘90 el estudio adquirió notoriedad porque se lo tomó como un potencial indicador de éxito futuro.

Sin embargo, estudios posteriores demostraron que no tiene nada que ver.
Si bien la capacidad de autocontrol es importante para algunas cosas, no determina el éxito de nadie. Aunque este estudio sí demostró algo: el sesgo del presente y nuestra capacidad o necesidad de tener una gratificación inmediata, la mayor cantidad de las veces.
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Un dato más para terminar de convencerte de la importancia que tiene el sesgo del presente: cuando hablamos con nuestro “yo futuro” y somos conscientes de eso, claramente ahorramos mejor, estamos más conectados con nuestro propósito y hasta somos más éticos al momento de negociar. Todas formas de mejorar nuestro bienestar.

Pero, el caso es que no podemos evitar que este sesgo opere el del día a día en la toma de nuestras decisiones. Por eso, te voy a dar tres tips para luchar con esto:
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- Autocontrol: decidir entre una gratificación presente y apostar al futuro nos demanda un montón de energía en nuestro cuerpo y cerebro. Entonces: ayudémoslo. Si estamos a dieta, no pongamos alfajores de dulce de leche y chocolate a la altura de nuestra mano en la heladera. Y evitemos los carbohidratos y cosas prohibidas por el médico a la altura de nuestros ojos. Corrámoslo.
- Mecanismos de compromiso: suena difícil, pero es muy simple. Básicamente, es comprometernos con nuestros objetivos, aumentando el costo de no cumplirlos. Y te voy a dar algunos ejemplos: andá al gimnasio con compañeros del trabajo o amigos, porque si te da fiaca y no querés ir, tenés que asumir un costo social. ¿Querés dejar de fumar? Poné un poco de dinero o algún objeto en algún lugar y no lo toques hasta cumplir seis meses sin fumar. Esto no solo es un consejo, es una evidencia científica de un estudio que advirtió que el 40% de los que se anotaron dejaron efectivamente de fumar.
- Canastas de tentaciones: ¿qué quiero decir? Tratar de mezclar algo que tenés que hacer con algo que necesitás hacer. Por ejemplo, ¿querés ver una buena serie en tu casa? Hacelo, pero mientras haces ejercicio.
Nuestro yo del futuro no se va a salvar. Tenemos que darle una mano. Cada enero, lunes o día de mañana, tenemos una oportunidad para replantearnos nuestros hábitos y elegir nuevos. De eso se trata, de ser conscientes en nuestra toma de decisiones.
*Emmanuel Ferrario es docente universitario de economía del comportamiento, autor del libro “Coordenadas para antisistemas” y legislador de la Ciudad de Buenos Aires.
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