
Hasta hace unas décadas atrás el amor y el sexo parecían dos formas de vincularse separadas y cada una con sus códigos propios, sobre todo en referencia al compromiso.
Sin embargo, estas diferencias en las que el deseo converge con pautas morales y psicológicas defensivas (“fue solo sexo, sin ningún compromiso”), están siendo cada vez más difusas.
Últimamente la palabra sexoafectivo se suma al lenguaje coloquial para nombrar relaciones basadas en un vínculo que incluye la responsabilidad emocional y la sexual. Este tipo de uniones no tienen nombre (amigovio, novios, pareja, etc.) solo indica la interacción entre personas que se quieren, se respetan y además tienen sexo.
No quiero que sea solo sexo

Pareciera que la hipersexualización que se muestra en las redes está ejerciendo un efecto de saturación, de que el cuerpo erógeno ya no satisface por si solo y que la repetición del acto sexual necesita de otro componente para llegar al placer pleno.
Los jóvenes centennials tienen menos interés por el sexo, sienten que este tipo de vínculos sexoafectivos los representa más que el mero “salgo a ganar, tengo sexo y chau”.
La hiperconectividad así como los estímulos y la accesibilidad a páginas porno, los ideales aún vigentes de belleza, la falsa la imagen de que en las redes todo está bien, la ansiedad por ganar más likes, la influencia de lo externo en el criterio propio, está provocando lentamente el efecto contrario en los vínculos sexuales: encontrar alguna satisfacción, aunque sea breve, en la interacción con el otro.
Los adultos de otras generaciones ven el panorama más complicado. La dicotomía amor/sexo sigue estando vigente ocasionando más de unas decepciones. Se espera una cosa y sucede otra, y así, las demandas, los reclamos, el ghosting, las decepciones, van profundizando la vivencia de vacío.

Las parejas abiertas también tienen que poner en claro que el afecto es patrimonio de la pareja y que con un tercero solo se busca sexo; solo algunas, más cercanas al poliamor, aceptan que el afecto puede ser más democrático, sin jerarquías de amor entre las partes.
Sexo y afecto van de la mano
Así como con el amor no basta para sostener una relación, tampoco el sexo. La libertad sexual (por lo menos en Occidente) comenzó en momentos de mucha represión sobre los cuerpos y las mentes, sobre todo de las mujeres. Y, como un aire nuevo, modificó la relación con uno mismo y con los demás. Se abrió el cuerpo y el pensamiento. Sin embargo, mantener solo la libertad sexual como expresión de sexo libre, hoy en día, no es suficiente.
Escucho en el consultorio a personas cansadas del sexo “mecánico”, genital, apurado, sin escucha, sin comunicación, sin caricias, egoísta, sin otro.
Prefieren no salir, no usar aplicaciones de contacto, o, si las usan, extreman los cuidados en la selección, aun así, no hay garantía de nada. Me juego o me quedo sola/solo. El sexo exprés de otras épocas ya no cumple su cometido: “Para que sea solo descarga, me masturbo, me compro un juguete sexual o espero tiempos mejores”. Las opciones son varias frente a una probable decepción.
¿Cómo convertir el sexo casual en sexoafectivo?

Si bien la palabra sexoafectivo se refiere a los vínculos, su uso se puede extenderse a la búsqueda de sexo ocasional que reúna ambas condiciones.
1- El sexo ocasional sexoafectivo se nutre de la erótica: una salida, un café, una caminata, hablar, saber del otro, preparar el encuentro.
2- Controlar las expectativas: darse a conocer, tener afinidades, gustarse, no son indicadores de continuidad. Solo indican que hay atracción, que no es sinónimo de compromiso.
3- No ir directo a los papeles: el cuerpo necesita tener una participación especial (caricias, abrazos, besos, etc.)
4- Si aparece el deseo de verbalizar lo que se siente, hacerlo. Muchas personas no quieren hablar de la intensidad de la excitación o del afecto que despierta por miedo a que el otro se confunda.
5- No dejar que el otro solo dirija la acción. Es el momento para intervenir y decir lo que gusta.

6- Potenciar la interacción, el ida y vuelta.
7- Intentar que el postorgasmo no sea una despedida inmediata. Quedarse abrazados, hablar, darse un momento de calma.
8- Si no se decidió lo contrario lo mejor es separarse esa noche. No generar ninguna expectativa, tampoco escuchar el desganado “si querés, quédate”.
9- La valoración de lo sucedido no debe ser solo sexual, sino general: “la pasé bien”, “hubo piel”, “me sentí respetada/o”, “fue una linda experiencia”.
10- Recordar lo vivido, recuperar las sensaciones erógenas, fantasear con lo vivido, ayuda a amigarse con la experiencia sexual. Y ha sido eso, un encuentro entre dos personas para compartir afecto y sexo, solo por el hecho de estar juntos y elegirse para ese momento.
* Walter Ghedin (MN 74.794) es médico psiquiatra y sexólogo
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