
Se denomina eyaculación precoz (EP) a la falta de control de la respuesta eyaculatoria en forma persistente o recurrente en respuesta a una estimulación sexual mínima, antes, durante o poco tiempo después de la penetración, y fundamentalmente, antes de que el hombre lo desee.
Esta incapacidad para posponer el orgasmo, con independencia del tiempo que tarde en eyacular, es lo más relevante. El hombre está impedido de proseguir con los movimientos del coito con altos niveles de excitación hasta “dejarse ir” (Helen Kaplan).
La EP más frecuente aparece en la adolescencia con las primeras experiencias sexuales, influye la urgencia eyaculatoria en la masturbación. Es común que los jóvenes que empiezan a masturbarse lo hagan con ansiedad (por la presencia familiar cercana) y se acostumbren a hacerlo de esta manera, como un acto de descarga rápida. Es frecuente que el joven en ese medio familiar reciba mensajes que revelan que los demás sospechan que se masturba y lo viva como con culpa, no como un acto íntimo y placentero.

También existen formas de EP secundarias, luego de un período de latencia eyaculatoria aceptable pierden el control. En estos casos hay que tener en cuenta situaciones estresantes con altos niveles de ansiedad que pueden provocar el síntoma.
La mayoría de los hombres con EP duran poco tiempo en la penetración intravaginal, pero controlan en el juego previo y la masturbación. Este tipo de eyaculadores precoces tienen altos niveles de ansiedad y conductas evitativas (evitan tener relaciones sexuales). Y cuando se animan a tener un encuentro erótico están pensando que van a eyacular rápido (lo que finalmente sucede).
Sin embargo, hay hombres que tienen bajos niveles de ansiedad y eyaculan por igual en la penetración como durante los juegos eróticos, en estos casos, son extremadamente sensibles a las caricias y a todo lo que sucede al principio del juego erótico. Quienes no presentan problemas en los juegos eróticos, no resisten los empujes del coito, sobre todo el fuerte estímulo es significa para el pene el calor y la lubricación vaginal. Además, si la pareja muestra expresiones de excitación (gemidos, movimientos, etc.) se dispara la eyaculación, provocando la queja por no poder expresar que están disfrutando y por no llegar al orgasmo porque el hombre terminó antes.

Hay eyaculadores precoces que controlan la eyaculación cuando se masturban, sin embargo no pueden cuando están teniendo sexo casual y mucho menos cuando están en pareja. La estimulación del nervio dorsal del pene es más intensa con los movimientos de la masturbación, sin embargo la ansiedad por satisfacer a la pareja precipita la eyaculación. En estos hombres la creencia de complacer a la pareja (cumplir) es un pensamiento marcado a fuego como condicionante sexual.
Por lo general los hombres con este problema dedican poco tiempo a los juegos eróticos por la ansiedad de penetrar, y cuando penetran eyaculan rápidamente, lo cual lleva al malestar vincular y a incrementar el conflicto. Muchas veces, para atenuar el conflicto, las parejas se “acomodan”, es decir, “se adaptan” para encarar el problema, ejemplo:

—Reducen al mínimo el juego, las fantasías, las poses.
—Dentro de este contexto de urgencia el hombre estimula a la mujer para que tenga su orgasmo y luego se masturba.
—Postergan los encuentros sexuales.
—Tienen encuentros sexuales fuera de la pareja para “probarse”.
—Muchos hombres se masturban antes porque creen que de esa manera van a controlar mejor.
—Otros hombres toman ansiolíticos o alcohol o usan marihuana para bajar la ansiedad.
En todos los casos esta disfunción está sostenida por “la exigencia que impone pensar que el coito es lo más importante de la relación sexual y que todo lo que se haga previamente es para llegar a la genitalidad”. Esta “regla” heteronormativa y coitocentrista ha regulado las prácticas sexuales desde siempre, siendo una de las causas principales de los problemas sexuales.

El encuentro sexual tiene como objetivo el disfrute, el placer, las sensaciones y fantasías que despiertan excitación y la relación con el propio cuerpo y con el cuerpo del otro. En un vínculo sexoafectivo se mueven fuerzas de placer: hacia uno mismo y hacia la otra persona. El dinamismo erótico debe encontrar ese equilibrio simultáneo: “me complazco, te complazco, nos complacemos juntos”.
Walter Ghedin, (MN 74.794), es médico psiquiatra y sexólogo
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