
La práctica de la penetración es sólo una práctica más que puede incluirse o no en cualquier tipo de relación, no sólo heterosexual. Pero existe una tendencia social a valorar la penetración por encima del resto de prácticas que lleva a las personas a frustrarse o desorientarse cuando ésta no aparece y suele ser una consulta frecuente.
Los motivos pueden ser diversos, desde el desconocimiento, el miedo, factores orgánicos o emocionales hasta el simple (y sumamente respetable) deseo de no practicarla. Es frecuente la pérdida de erección a la hora de penetrar, debido a nervios o exigencias, las dificultades en la erección producto de la edad o de patologías orgánicas, la pérdida de erección a la hora de colocarse el preservativo, etc. Otro motivo es por ejemplo la eyaculación anteporta, que se presenta cuando la persona eyacula antes de poder penetrar.
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También puede deberse a dolor en la vulva y la vagina, lo cual es importante no naturalizar ni tolerar, ni mucho menos forzar. El vaginismo es la contracción que se produce en el tercio externo de la cavidad vaginal que impide la penetración ya sea de un pene, juguete, dedo, especulo, tampón, etc., según el caso. Sea cual sea el motivo, es importante realizar la consulta profesional correspondiente.

Es importante respetar que la penetración puede no gustar y que las personas son completamente libres de elegir tener o no penetración. Siempre preguntar y pedir el consentimiento antes de realizar cualquier práctica de penetración.
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Si sucede en un primer encuentro o primeros encuentros, es posible que no sepamos cómo reaccionar o cómo acompañar. Muchas veces, la situación no es un problema, sino que el problema es cómo reaccionamos ante ella.
1- Cuanto más diversifiquemos el tipo de prácticas por fuera de la penetración, menos frustración y exigencia sentiremos en el momento y haremos más rico y diverso el encuentro.
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2- Es importante considerar a la penetración como una práctica más entre las opciones de prácticas y no jerarquizarla por encima del resto, ni exigirla ni ofendernos si no sucede.
3- Si sucede que no hay erección nunca tomarlo como algo personal. No pongas tu autoestima en la erección (ni en la propia ni en la ajena). Es más probable que no se pare por nervios y por miedo al desempeño que por rechazo.
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4- Evitemos los comentarios negativos. Recordá que la sexualidad es frágil y vulnerable, y puede hacer mucho daño a la autoestima de la otra persona. Seamos responsables con lo que decimos, los gestos, el tono de voz, etc.
5- No hay que obsesionarse con el tema. Si hay problemas de erección cuanto más insistamos puede ser peor, porque aumenta la ansiedad. Si hay dolor es fundamental no forzarnos ni forzar al otro, sino escuchar, preguntar qué necesita, y poder guiar, no mantener una estimulación de una zona que duele.
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Ahora bien, repasemos opciones para expandir nuestras prácticas. Lo primero es recordar que el encuentro sexual es una experiencia de cuerpo entero. Las manos pueden tocar desde los pies, la parte interna de las piernas, los glúteos, la espalda, el bajo vientre, los pechos (más allá del sexo biológico) y la cabeza. No sólo realizando un masaje sino ejerciendo presión si buscamos mayor estimulación y que se irrigue bien la zona con sangre. Podés probar qué sucede cuando tocás con las yemas de los dedos o con las uñas, por ejemplo, que generan otro tipo de sensibilidad. Con la boca también podemos ir y mucho más allá de los genitales! Literal, hablamos de besar desde los pies hasta la cabeza, recorriendo todas las zonas erógenas explorando nuevas áreas como las palmas de las manos, las axilas, la nuca.
Y la fricción es nuestra gran aliada. La vulva puede friccionarse contra los glúteos, contra el vientre, contra una pierna, con otras vulvas, o contra el pene colocándolo entre las piernas. El glande del pene podemos friccionarlo entre los glúteos, los pechos, las corvas, la planta de los pies, etc.
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Acordate además que el sexo es un juego en el que podés tomarte la libertad de crear y recrear tu propia aventura. Disfrazarte o a desvestirte de una manera diferente, cambiar de roles, crear un personaje o un lenguaje propio, incorporar juguetes o inventar las reglas del propio juego, lo que sea que te divierta, siempre que sea con consentimiento y empatía.
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