Desde hace un tiempo, muchas personas optaron por seguir la dieta del ayuno intermitente. ¿Pero cómo funciona? ¿Es realmente efectiva?
Esta dieta sostiene que comer durante un corto período de tiempo y ayunar entre 16 y 18 horas diarias puede desencadenar un cambio metabólico de la energía que favorece el descenso de peso. Hay algunos estudios que además refieren mejorar la salud celular y las glucemias.
Pero aún no contamos con metaanálisis o revisiones sistemáticas que son los estudios de mejor calidad en investigación.
¿Se baja de peso? ¡Claro! Si se restringen muchas calorías todos bajamos de peso, sea con la dieta que sea. Pero lo que tenemos que preguntarnos es: ¿Es riesgosa? ¿Propone mejorar nuestro patrón alimentario? ¿Y es sostenible a largo plazo?

Muchos famosos toman esta dieta para bajar esos kilitos de más. En una entrevista, Jennifer Aniston se sumó a la creciente lista de celebridades que se proclamaron amantes del ayuno intermitente. Según contó la actriz de 50 años, tuvo un gran éxito con el plan de alimentación, que requiere ayunar durante 16 horas al día y comer sólo durante un período de ocho horas. “Hago un ayuno intermitente, por lo que no ingiero comida en la mañana -dijo al medio británico Radio Times. Noté una gran diferencia al no comer alimentos sólidos durante 16 horas”.
Un estudio puso a prueba esta modalidad más fácil de acomodar a la vida de una persona que trabaja. “Observamos una reducción del 3% en el peso y un 4% en la grasa abdominal,” dijo a NPR la doctora Pam Taub, cardióloga de la Escuela de Medicina de San Diego, en la Universidad de California. Por ejemplo, si alguien desayuna a las 8 de la mañana, no debería comer nada más luego de las 6 de la tarde. Si le gusta cenar más tarde, tendría que demorar más el desayuno. Lo único importante es respetar que las comidas se realizan dentro de esas 10 horas, y las 14 restantes el cuerpo no ingresa ni una caloría. Lo único que se permite —y, en realidad, se aconseja— es agua, para mantener una buena hidratación.
Claramente, al proponer un patrón diferente al que estamos acostumbrados lo primero que manifiestan las personas son ataques de hambre e irritabilidad con impacto emocional y del comportamiento. Esto sucede porque cuando restringen mucho los alimentos es difícil sostenerlo en el tiempo sin generar el efecto contrario: un mayor descontrol, desinhibición de impulsos y emociones negativas. Y en ciertas personas, se corre el riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria.

Recordemos que la obesidad es una enfermedad que no se “cura solamente cerrando la boca”. Es muchísimo más compleja que eso y necesita un tratamiento integral que incluya educación alimentaria, actividad física, el manejo de las emociones y que contemple también el placer que nos provoca disfrutar las comidas que más nos gustan. No se trata de sufrir y pasar hambre. El hambre es una grave problemática social, no una medida terapéutica para adelgazar.
Mi recomendación es que no empieces una determinada dieta porque tu vecina te contó que le funcionó o una amiga logró bajar 15 kilos de determinada manera. Porque cada persona es diferente y necesita indicaciones específicas y personales ante la problemática del sobrepeso.
Cuidate, investigá, consultá profesionales especialistas y recordá que la alimentación impacta directamente en la salud.
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