
Natalí tiene 22 años. Se bajó la aplicación Tinder hace dos semanas, y sigue nerviosa porque no sabe qué foto elegir para “matchear” con algún candidato. ¿De cara o de cuerpo completo? ¿Sonriendo o casual? Sin embargo, hay algo que la inquieta aún más: ¿debería incluir su silla de ruedas en la foto o esperar al encuentro con la persona? Y si luego de la cita deciden mantener relaciones sexuales, ¿cómo se sentirá la otra persona?
A pesar de que la situación que vive Natalí es una de las más comunes a la hora de tener que entablar un primer contacto con otra persona y pensar en sexo, se le agrega un componente del que poco se habla: la sexualidad en la discapacidad.
“La sexualidad como tal siempre fue conflictiva, en algunos casos mucho y en otros poco. La gente carga con esa mochila de prejuicios, ideología y miradas ajenas. Imaginemos que a eso le agregamos la mochila de la discapacidad motora”, dijo a este medio el sexólogo clínico Juan Carlos Kusnetzoff en el marco de la charla Sexualidad y Discapacidad Motora- avances en apoyos técnicos, que se brindó a sala llena en el Aula Magna de la UTN BA, donde se mostraron los nuevos apoyos que promueven una relación sexual activa, entre ellos la silla Arrow que permite a las personas con discapacidad motora mantener relaciones sexuales activas.
“La sexualidad y la discapacidad son dos grandes tabúes. De hecho, es algo de lo que no se habla mucho. Hay muy poca información; hay más supuestos e ideales acerca de lo que sucede y hay poco sobre lo real, lo que acontece. Lo cierto es que tenemos que sexualizar la discapacidad. Es fundamental entender que la sexualidad es inherente a lo humano, con o sin discapacidad”, dijo a Infobae Marianela Cicero, psicóloga y sexóloga clínica de la UBA, orientadora en Sexualidad y Diversidad Funcional.

Ni ángeles ni eternos niños
Uno de los grandes mitos es que las personas con discapacidad no tienen intereses, ilusiones, deseos, necesidad de vínculos afectivos, capacidad de enamorarse, capacidad y necesidad de sentirse atraídos y de ser atractivos para otras personas. Pero sus cuerpos tienen capacidad de sentir y de excitarse.
Martín Arregui, fundador del Proyecto Alas, tuvo un accidente automovilístico cuando tenía 24 años que lo dejó paralizado de los miembros inferiores. Actualmente está casado, tiene una hija y busca contribuir a mejorar la calidad de vida sexual de hombres y mujeres con discapacidad: “Creo que el primer golpe e inquietud cuando te encontrás con esta situación es la de preguntarse: ¿qué voy a hacer con mi sexualidad?”.
“Hay poca información sobre el tema, de hecho, creo que en rehabilitación no se menciona el tema. Para mantener relaciones sexuales con lesiones medulares hay varios caminos. El más conocido era el de una inyección determinada que permitía la erección. Sin embargo, había que tener mucho cuidado. Por suerte llegó la bendita pastilla azul. Por otro lado, no hay cifras oficiales pero son muy pocas personas con discapacidad las que pueden eyacular. Pero existe una dosis que permite hacerlo. Yo la utilicé para tener a mi hija y funcionó, pero todas estas cosas las fui aprendiendo sobre la marcha", confesó Arregui.
En el caso de las mujeres, Natalí explicó que uno de los problemas más frecuentes para aquellas con una discapacidad motriz es la incontinencia. Sin embargo, las soluciones más comunes son la aplicación de toxina botulínica, extraer un pedazo del intestino o la ampliación vesical. “La sexualidad involucra el olor, los fluidos, y puede resultar muy incómodo esto de tener una incontinencia, por eso muchas optan por estos métodos o simplemente ir al baño mil veces antes de estar con la otra persona”, confesó.
“Fui manejando y explorando a partir del accidente mi sexualidad con las parejas que he tenido. Aprendí a conocerme de nuevo porque con las lesiones medulares hay más y menos sensibilidad en distintas partes. Exploré y conocí qué cosas me excitan, qué me hace sentir bien. Generalmente uno se vuelve más visual y en mi caso descubrí que si hago disfrutar a mi pareja ayuda a que uno mismo esté más erotizado”, dijo Arregui.

Con una participación activa en el momento previo al acto sexual, se convertía en pasivo cuando estaban en la cama. Sin embargo en el camino comprendió que su realidad era diferente a la que conocía antes del accidente, pero siempre tuvo algo en claro: no gozar no era una opción. Con o sin silla de ruedas, Arregui, de espíritu inquieto, buscó la manera de satisfacer sus necesidades. Ideó diferentes sistemas de apoyos técnicos para una vida sexual más activa, creativa y plena, para hombres y mujeres con discapacidad motora y/o movilidad reducida.
“Es muy importante que la persona se sienta parte en la relación sexual, no sólo para uno mismo sino para ambas partes. Poder ser parte en la previa pero en la cama también es vital para la pareja, y hoy está comprobado que la persona con discapacidad puede sentir y disfrutar igual”, enfatizó Arregui.

De acuerdo a Kusnetzoff, cuando hay un problema sexual hay baja autoestima y eso roza con la depresión: “La baja de valor que uno tiene en relación al cuerpo cuando se presenta algo de índole sexual se empieza a mezclar con las sensaciones de lo que la gente opina sobre nosotros mismos. Y todo esto se ve aún más ampliado cuando se trata de una persona con algún tipo de discapacidad”.
Natalí confesó: “En mi caso particular, tuve muchos encuentros sexuales gracias a las aplicaciones, compañeras mías también y no necesariamente con personas con discapacidad, que es otra creencia, que estamos únicamente con personas con discapacidad”.
La figura del asistente sexual
Aunque hoy no está regulado en la Argentina, en el mundo existe la figura de asistente sexual, que es una persona que brinda apoyo para poder acceder sexualmente al propio cuerpo o al de una pareja. La persona asistente no es alguien con quien tener sexo, sino alguien que apoya para tener sexo. La persona asistida decide en qué y cómo recibe apoyo; esa es su forma de autonomía para explorar su cuerpo o para masturbarse. “En Argentina se está intentando regular el tema, mientras que en Europa ya se encuentra la figura”, aseguró Cicero.
“Es un mito que las personas con discapacidad no tenemos deseo sexual, todos lo tienen y nosotros también. Estaría bueno derribar los mitos y barreras sobre este tabú y empezar a pensarnos como mujeres que sentimos”, enfatizó Natalí, quien además brindó su testimonio en primera persona para describir la relación entre la sexualidad y la discapacidad en mujeres.
Y Arregui concluyó: “Hay muy poca información sobre la sexualidad para las personas con discapacidad, pero tanto para los que nacen con una como para los que sufren un accidente, hay que encontrar esa cosquillita que nos vuelve locos, conocerse, quererse y aceptarse. Uno no puede sentirse deseado si no se quiere y acepta a uno mismo”.
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