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Era una tarde perfecta, tan ideal que merecía ser retratada. O al menos así lo sintió Laru Sansón, una joven tucumana que quería obtener la postal perfecta junto con la mascota de un amigo a quien conocía hace años. Sin embargo, el desenlace no fue esperado: la perra de raza ovejero alemán -llamada Kenai- le mordió todo el rostro. La adolescente fue asistida rápidamente, pero como consecuencia de las heridas tuvo que recibir más de veinte puntos de sutura.

En menos de un día, la publicación superó los 200 mil likes y recibió miles de comentarios. Varios de los usuarios preguntaron si era la primera vez que le sucedía algo así, y qué iban a hacer con Kenai luego de este hecho. Ante la cantidad de preguntas en redes, Laru se encargó de aclarar: “No sacrificaron al perro gente, tranquilos”. Y, ante un comentario acerca del desconocimiento que el animal le demostró, respondió: “Claramente no es mi perro”.

En Brasil un joven de 20 años salvó a un niño mientras era atacado por un Pitbull luego de que la abuela del pequeño intentara levantarlo del piso para protegerlo. Fue entonces cuando el joven se acercó e hizo todo lo posible por separar al animal del niño. Durante angustiantes segundos, hubo una pelea entre el perro y el hombre hasta que por fin pudo quitárselo de las fauces subiendo al techo de un autómovil.

Estos y muchos casos más sacaron a relucir las dudas más frecuentes: ¿se pueden prevenir los ataques de perros? En este contexto Infobae consultó a dos expertas en adiestramiento para comprender el lenguaje físico y las señales que transmiten los caninos cuando están molestos, estresados o incómodos ante una situación.

“Los perros son sujetos sociales, igual que nosotros, y su comportamiento deriva de su experiencia, de la relación que van conformando con su entorno, y sus acciones son consecuencia de las herramientas que heredan y que van construyendo, sumado a los estímulos externos que se le presentan en cada situación”, dijo a este medio Lucía Dominguez, educadora canina y fundadora de @patitasencasa.

“Muchas veces los perros, por el vínculo que tienen con nosotros, aprenden a tolerar ciertas cosas que para ellos naturalmente son conductas invasivas (como los besos y los abrazos). Por eso es importante no tratar a todos los perros como si fueran los nuestros, ya que estos pueden reaccionar de forma totalmente distinta”, Fiorella Sampietro, directora de la escuela Instinto Adiestramiento.

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De este modo, los perros tienen un repertorio de lenguaje amplio a la hora de comunicar sus estados de ánimo. Enfocándose en la agresión, existen diversas señales mediante las que los perros informan sus intenciones y que pueden ayudar a anticipar una mordida; algunas son menos evidentes, pero si la persona está atenta se pueden detectar. Esta son:

  • Conductas de desplazamiento: rascarse, olfatear el suelo (empiezan a mostrarse inquietos o nerviosos).
  • Señales de calma: correr la mirada, lamerse los labios, bostezar, moverse lentamente.
  • Signos de estrés: sudor en las patas, temblor, jadeo intenso, pupilas dilatadas, ojos muy abiertos.

Hasta acá, estamos a tiempo de darle espacio y revertir la situación. Sumado a esto, hay algunas señales mucho más evidentes:

Focalización: si el perro mira fijo, ya no emite señales de desplazamiento y calma, es probable que se esté preparando para el ataque. A través de las señales previamente mencionadas hizo todo lo posible por correrse de esa situación, pero no lo logró. Al no lograr neutralizar la amenaza, se siente acorralado y se enfoca en la misma, listo para atacar. En este punto probablemente cierre la boca (deja de jadear) y se permanezca inmóvil con la vista fijada en su objetivo.

Preparación para el ataque: gruñe y muestra los dientes, baja las orejas, eriza los pelos del lomo, la amenaza está cada vez más cerca y, a través de estas señales, lo único que hace es avisar que está a punto de atacar. El próximo paso probablemente será la mordida.

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Dicho esto, podemos afirmar que un perro que muerde casi siempre es previsible, solo hay que saber leer las señales. En la mayoría de los casos, la agresividad en perros puede anticiparse.

“El problema está en que si esto se repite en el tiempo los perros comienzan a aprender que lo único eficaz para salir de esa situación es morder, por lo que cada vez empiezan a ahorrarse más y más las señales de calma y amenaza, y proceden directamente a morder”, enfatizó Sampietro.

Además de conocer e identificar todas estas señales, es importante cumplir con una serie de normas básicas para evitar la agresión:

• No tocar un perro desconocido sin preguntar ni un perro que esté atado, ya que puede sentirse amenazado.

• No tocar un perro desconocido mientras esté comiendo o descansando.

• No manipular un perro por la fuerza .

• Nunca invadir el espacio personal del perro ni reducirle los espacios.

• Nunca acercar la cara a la de un perro desconocido.

• Nunca abrazar un perro: lo que para nosotros es un signo de afecto, para ellos es una invasión.

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Por último, si un perro presenta síntomas de agresión, o tiene una conducta nerviosa constante, es importante no pasarlo por alto. Lo que está haciendo es darle a entender al humano que algo está fallando, y que no es un perro equilibrado, por ende no es feliz. “Mi recomendación ante estos casos es siempre acudir a una persona especializada que sepa analizar el caso y pueda asesorar y trabajar con el perro para solucionar el problema”, enfatizó Dominguez.

“Es muy importante hacer una correcta socialización con nuestro perro en sus primeros 4 meses de vida, en donde tenga siempre buenas experiencias tanto con personas como con otros animales. Por otro lado, siempre acudir a un adiestrador especialista en modificación de conducta que trabaje con métodos positivos al ver cualquier indicio de agresión en nuestro perro. El tratamiento temprano es fundamental para que el problema no llegue a mayores”, concluyó Sampietro.

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