En un futuro no muy lejano la así llamada 'pareja abierta' puede llegar a constituirse en una opción tan aceptable como otras (Shutterstock)
En un futuro no muy lejano la así llamada 'pareja abierta' puede llegar a constituirse en una opción tan aceptable como otras (Shutterstock)

El ser humano es el único ser del reino animal que no tiene estro, también llamado período de celo. Es decir que su sexualidad no está condicionada por un momento del ciclo temporal, sino que se expresa de manera continua a lo largo de todo el año. Sin embargo, suele ocurrir que el momento de las vacaciones, durante el cual existe menos estrés, sea propicia para la expresión de la sexualidad.

Durante el año laboral, el estrés puede tener un impacto negativo en la sexualidad, disminuyendo la disponibilidad para expresarla. “Las vacaciones suelen ser un momento privilegiado para reencontrarse consigo mismo, con su deseo, y por ende con su vida pulsional y con una mayor apertura al encuentro con un otro. Pero si se espera las vacaciones como el único momento de reencontrarse con su sexualidad, es poner una carga excesiva a un período del año y reencontrarse -paradójicamente- con mayor estrés”. Juan Eduardo Tesone es médico psicoanalista (MN 44190) y evaluó que “no existe una ‘buena sexualidad’, si se entiende la misma como un modelo a seguir, sino que existen diversas maneras de expresarla. Y será ‘buena’ en la medida que la persona pueda vivirla libremente, sin culpas, sin temores, pero en la responsabilidad que le incumbe hacia la otra persona y hacia sí mismo”.

El especialista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) analizó que “la sexualidad humana, a diferencia de los animales, no es un mero producto de los instintos, no es una sexualidad ‘natural’, es una psico-sexualidad que se construye en el avatar de la evolución de la sexualidad de cada persona en inter-relación con su vida imaginaria. La disponibilidad no sólo por el tiempo libre de las vacaciones sino también por una mayor libertad imaginaria es propicia a la emergencia del deseo”.

“Creo que la verdadera vida es la vida cotidiana, y sería una pena descuidar su propia sexualidad y la sexualidad de la pareja por el ajetreado ritmo de la misma. La sexualidad no es tan sólo la vida sexual, sino que es la vida misma en una faceta de su expresión no menor en la vida de una persona -consideró Tesone-. Dejarla postergada para el tiempo de las vacaciones sería relegar la sexualidad a un tiempo muy limitado, perdiendo un placer no recuperable en las vacaciones. Por otro lado se descuidaría al mismo tiempo un modo de consolidar el vínculo a lo largo de todo el año si la persona está en pareja”.

Las vacaciones suelen ser un momento privilegiado para reencontrarse consigo mismo, con el deseo (Shutterstock)
Las vacaciones suelen ser un momento privilegiado para reencontrarse consigo mismo, con el deseo (Shutterstock)

Consultado sobre si el poliamor aumenta en el verano, el licenciado en Psicología Sebastián Girona (MN 44140) destacó que “el poliamor es una decisión de vida, una postura personal frente al amor y las relaciones sentimentales, teniendo en cuenta esto, el verano no tiene la capacidad de que eso aumente, sí, en todo caso, alguien que venía elaborando tomar la decisión de ser poliamoroso puede tomarla durante el verano incentivado por las circunstancias favorables en lo sexual”.

- ¿Es el verano o el momento de la pareja lo que predispone al poliamor?

- El verano o la temporada de buen tiempo primavera-verano no necesariamente predispone al poliamor. El verano sí genera mayor estímulo para que haya más relaciones sexuales. La menor cantidad de ropa que llevamos, dejando la piel más expuesta, el estímulo visual que eso implica y mayor ganas de salir debido al buen tiempo, hacen que se genere mucho estímulo sexual.

- ¿Qué pasa en una pareja que de repente se plantea pasar a ser “abierta”?

- Las parejas que deciden "abrir" su relación y lo hacen exitosamente, entendiendo por esto, sin mayores conflictos, son las que lo hacen o desde el comienzo de la relación o en los primeros meses del vínculo. Si después de cinco años de pareja, uno de los dos propone una relación abierta, muy probablemente pasen otras cosas en esa relación, porque abrir un vínculo que no empezó de esa forma implica una renegociación tan abrupta que seguramente lo va a poner seriamente en riesgo.

- ¿Puede el verano, el calor, la poca ropa promover que la pareja se “redescubra”?

- Sí, puede pasar que bajo esas circunstancias tan favorables suceda ese redescubrirse, pero también puede pasar en cualquier momento del año sin necesidad del calor. Dependerá de la pareja y de la conciencia que tengan ambos integrantes de que las relaciones que perduran en el tiempo de buena forma, necesariamente tienen que renovar su contrato implícito de pareja cambiando cláusulas y pudiendo reinventar el vínculo cada cierto tiempo.

“El verano y el sexo suelen ser una sociedad exitosa, hay historias de verano, amores de verano, etc. Digamos que siempre pasa algo en esa temporada. Ahora, lo que puede pasar va a tener que ver con las personalidad de cada uno o con lo que esté pasando cada persona en ese momento de tu vida”, analizó Girona, y concluyó: “Con esto quiero decir que en el verano no nos transformamos en otra persona, en todo caso los rasgos que ya tenemos se exacerban ayudados por las circunstancias”.

Presente y futuro del poliamor

Se necesita mucho trabajo psíquico para construir una pareja y sostenerla en el tiempo, tenga ésta el formato que tenga (Shutterstock)
Se necesita mucho trabajo psíquico para construir una pareja y sostenerla en el tiempo, tenga ésta el formato que tenga (Shutterstock)

“Está en la disposición de los seres humanos la capacidad del poliamor, y su despliegue o no, depende muchas veces de los factores socio-culturales predominantes en el ámbito en que la pareja se desenvuelve y de las etapas de la vida que se transitan”. En su análisis, el médico psicoanalista y psiquiatra Eduardo Drucaroff (MN 46493) aseguró además que “también hay que tener en cuenta la ecuación costo-beneficio de un acuerdo de estas características, ya que no cualquier pareja puede tolerar o recibir bien una propuesta de pareja abierta”.

Lógicamente es más fácil concebir que el amor esté reservado a una sola persona y que si aparece otra u otras, eso tienda a ser “sólo sexo”.

De todas formas vale la pena reflexionar acerca de lo aceleradamente que se están produciendo los cambios en las costumbres aceptables para el consenso conjunto, ya que tan sólo 20 años atrás era mucho más difícil aceptar abiertamente el matrimonio entre personas del mismo sexo -que hoy está consagrado por ley-, o las familias monoparentales por elección, así como 40 años atrás el divorciarse todavía conllevaba cierto estigma.

Y lo mismo vale para el sexo o la convivencia prematrimoniales, y tantas otras costumbres naturalizadas epocalmente.

Por todo eso, el especialista de APA consideró que “tal vez, en un futuro no muy lejano la así llamada ‘pareja abierta’ puede llegar a constituirse en una opción tan aceptable como otras, y la monogamia ser una más de las alternativas posibles”.

Las parejas que deciden
Las parejas que deciden "abrir" su relación y lo hacen exitosamente son las que lo hacen o desde el comienzo de la relación o en los primeros meses del vínculo (Shutterstock)

“Esta tolerancia a la diversidad es un saludable fenómeno creciente en el mundo entero, o al menos en nuestras sociedades occidentales -sostuvo-. La excepción está dada por aquellas otras sociedades donde siguen predominando criterios religiosos dogmáticos e incuestionables”.

Desde ya que la “hipocresía social” es una de las formas intermedias de vérselas con la conflictividad potencial de estas “soluciones” al difícil pero apasionante e imprescindible tema de “los seres humanos y sus formas de estar en pareja”. Soluciones que siempre son parciales, pues las formas perfectas y sin conflictividad desde ya que no existen, o son sólo una “expresión de deseo” o una idealización, que muchas veces conspira contra las formas posibles e imperfectas.

“Se necesita mucho trabajo psíquico para construir una pareja y sostenerla en el tiempo, tenga ésta el formato que tenga o el que sus integrantes hayan acordado más consciente o inconscientemente”, opinó Drucaroff, para quien “cuando estos pactos explícitos o tácitos se resquebrajan y la pareja entra en crisis es cuando, muchas veces y en el mejor de los casos, se deciden a consultar a los psicoanalistas (individualmente o en pareja) y es allí cuando la crisis puede adquirir el carácter de oportunidad para esclarecer los determinantes de todo tipo, que, como la porción sumergida del iceberg, escapan a la visión que la pareja puede tener de sí misma y por sí misma”.

Así es que la reestructuración está en el horizonte como una posibilidad mientras que la separación, lo más pacífica que sea posible, también es lógicamente una alternativa.

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