Durante la mayor parte de la historia de nuestra especie, ha existido la corrupción como una norma social. Se han hecho diversos experimentos para mostrar cuándo las personas están mejor predispuestas a actuar en beneficio del bien común.
Un experimento muy conocido es el que se conoce como el "juego de los bienes públicos". ¿Cómo funciona? 10 personas en un grupo reciben 100 pesos cada uno y pueden decidir cuánto quieren poner secretamente en un pozo común que será duplicado por el administrador.

Es decir, si hay diez jugadores y todos ponen 100, el total será 1.000, se duplicará (2.000) y cada uno recibirá 200. Sin embargo, si una persona no pone nada al pozo común y el resto pone sus 100, esta persona recibirá más dinero (sus 100 originales sumado a la repartición del doble de lo que puso el resto). Cuando se juega más de una ronda, los jugadores notan que no todos están poniendo lo que podrían poner y que algunos se están beneficiando a costa del resto (ya que la repartición final podría ser mayor). Por lo tanto, ellos mismos dejan de aportar la cifra pactada.
La corrupción no es exclusiva de la especie humana, también se han evidenciado conductas corruptas en chimpancés, abejas y hormigas. Entre los seres humanos, tampoco es exclusiva del poder político ni de los empresarios prebendarios sino también de la sociedad que a su medida, la ejerce o, al menos, tolera. Si bien ser corrupto es una decisión individual, en realidad no se trata solo de una conducta singular desviada. El entorno, el contexto, la sociedad, influyen en la corrupción individual.

El informe Mente, Sociedad y Conducta elaborado por el Banco Mundial menciona que en países donde la corrupción es una norma aceptada y no hay castigo ni sanción social para esta conducta, se puede llegar al extremo de que parte de la sociedad no respete e incluso se burle del funcionario honesto. Y no es que el cerebro de esas personas sea diferente, sino que el contexto lo es.
Todas estas circunstancias arriba descriptas no son inevitables, ni los seres humanos somos así fatalmente. Pero sin castigo, ejemplos y sanción social la corrupción puede convertirse en norma establecida.
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