Una profesional en un puesto de masajes en las playas de José Ignacio (Matías Souto)
Una profesional en un puesto de masajes en las playas de José Ignacio (Matías Souto)

Sean Parker es el primer presidente de Facebook, confundador de Napster y accionista de Spotify. Hace unos años, estuvo de vacaciones en Punta del Este. Sus asesores le obligaron hacerse un masaje: querían que de una buena vez se pudiera relajar. Contrataron a Shivaia Sigbaum, una profesional uruguaya que vive en Buenos Aires desde 1983. Fue el primer masaje que le hizo a una persona vestida. Es apenas uno de los exclusivos clientes que tuvo en sus trece años de temporada en el balneario esteño.

Shivaia es una masoterapeuta que trabaja en Punta del Este: no es la única. El servicio que brinda comulga con el plan de los visitantes: descansar, distenderse, recuperar energías. En las playas de la península, fundamentalmente en los mejores días de sol, se instalan en las arenas más blandas -más cerca de la los caminos costeros que del mar- puestos de masajes. Se distinguen a través de carpas con telas blancas y una cama especial en el centro: tienen aromas, música y una masajista a disposición.

Su valor se discrimina por su duración: quince minutos, 20 dólares; veinte minutos, 30 dólares; cuarenta minutos, 45 dólares; una hora, 50 dólares en los puestos de las playas Mansa y Brava. Su costo se duplica en los paradores más exclusivos. Pueden ser descontracturantes, relajantes o de una parte específica del cuerpo, corre a gusto del consumidor. Los turistas pueden contratar el servicio directamente en el puesto, como intervalo de su día de playa o bien convenir con la profesional para un encuentro privado.

Las sesiones pueden durar de 15 a 90 minutos con costos que ascienden hasta 150 dólares (Matías Souto)
Las sesiones pueden durar de 15 a 90 minutos con costos que ascienden hasta 150 dólares (Matías Souto)

Shivaia tiene su espacio en La Juanita, en la zona de José Ignacio. No está sobre la playa, lo tiene en su casa. "No me gusta trabajar en la playa porque no me gusta que la gente esté con arena o sucia. Prefiero la privacidad. Yo les pido que antes se bañen, se purifiquen y recién después se hagan el masaje", precisó. No es una masajista convencional de temporada. Su clientela la contacta por whatsapp y ella coordina la visita. Su costo es superior a los 100 dólares por hora y su servicio es una terapia.

Descubrió su vocación después de haber sido nadadora, de haber estudiado educación física. Conocía la anatomía del cuerpo humano, la disposición de los músculos y los huesos, y pensó: "Me parece que viene por acá". Ya como profesional, su madre le reconoció que de niña cuando jugaba a hacerle masajes le decía: "Mamá, yo te voy a curar".

Aplica el masaje californiano, lo que ella define como "un mimo al alma". La técnica consiste en movimientos rítmicos y envolventes, trabaja con la respiración al compás del movimiento, el contacto corporal y en la integración de diferentes técnicas: masaje relajante, tejido profundo, hamacados armónicos, masaje lateral y para embarazadas, masaje descontracturante, reflexología, estiramiento y drenaje. "Cada persona es diferente y atraviesa estados diversos, por lo tanto el terapeuta debe tener en cuenta estas características para hacer que cada sesión sea única. Es el masaje de naciones", definió.

Shivaia utiliza música, aromaterapia, aceites esenciales, cremas, una camilla amplia y cómoda sobre sábanas
Shivaia utiliza música, aromaterapia, aceites esenciales, cremas, una camilla amplia y cómoda sobre sábanas

Trabajó en un hotel boutique de la zona de José Ignacio donde conoció a sus primeros clientes. Decidió largar su emprendimiento personal. El boca a boca de sus manos llegó a Sean Parker, el primer presidente de Facebook, a la hija de Mick Jagger y a una numerosa cartera de clientes premium: futbolistas de élite, celebridades de primer nivel y políticos argentinos que recurren a su servicio incluso antes de asistir a entrevistas periodísticas.

"Vienen para que les cure el estrés, pero principalmente porque la gente necesita mimos, que lo cuides, que lo atiendas, que le des paz y amor. Y en verano, que es cuando la gente puede parar y se puede dedicar tiempo, se relajan y se entregan. Acá no tiene los problemas que pueden padecer durante el año -explicó Shivaia-. Suelo descubrir dolencias, pero principalmente me conecto con el alma. Muchas veces le pido con respeto dar una devolución de lo que percibí. Les digo: 'esta zona está cerrada, siento que estás angustiado porque sentí ésto'. Tengo mucho calor en las manos, dicen que algo transmito".

Después de cada sesión, a veces llorar. "Me emociono mucho, me conecto, me compenetro mucho con lo que le pasa a la otra persona, absorbo su energía, hago una limpieza. Después tengo que hacerme una limpieza yo porque sino quedó mal. Durante muchos años me enfermaba muchísimo: siempre me pasaban cosas raras como engriparme o levantar fiebre en verano".

Los beneficios del masaje son varios: reduce el estrés y promueve la relajación, alivia la tensión muscular y el dolor en las articulaciones, aumenta la circulación sanguínea, ayuda a mejorar la postura, ejercita la respiración profunda y estimula los sentidos y logra un descanso más profundo. Sin embargo, ella asegura que "el 90% de este masaje es amor, el 10% restante es técnica".

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