Jey Mammon y la cuarentena: “Me da un poco de miedo perder el vínculo con el sexo”

En dialogo con Teleshow, el humorista analiza el costo emocional que tendrá la pandemia, habla del vínculo con “Estelita” y reflexiona sobre la posibilidad de ser padre: “No me niego. Antes era un no rotundo”

tschapiro@infobae.com


“El streaming es algo que llega para instalarse por mucho tiempo, porque el teatro va a ser lo último en volver”, advierte Jey Mammon, a horas de subirse a un escenario virtual: este domingo a las 20 horas presenta su show Jey Mammon, sus personajes y canciones, con entradas disponibles por Ticketek. No obstante, asume que le costó aceptar la propuesta a tono con la nueva normalidad. “Extraño hacer un espectáculo y poder compartirlo con la gente”, confiesa, en diálogo con Teleshow.

Aun en plena pandemia, el humorista goza de un excelente momento profesional. Es una de las figuras del Cantando 2020, forma parte de la mesa de Polémica en el bar y está al frente de su propio ciclo de lunes a viernes por la pantalla de América, al término de Animales sueltos. “Es una manera de irte a dormir sin volver a contar los muertos”, explica Mammon, que cada medianoche entrevista a distintas figuras todas las noches, bajo la piel de su entrañable personaje, Estelita.

—Ella es prácticamente una personalidad en sí misma, con vida propia. ¿Quién gana más plata: Jey o Estelita?

—Están parejos. Me pasa algo con el personaje de Estelita, no con el resto. Estoy grabando a través de ella, y en medio de la grabación, yo no estoy; es ella. Que la luz, que la cámara, que los gatos... Incluso, Estelita pide disculpas porque en la previa de la nota es ella. Me pasó con el jurado del Cantando, me hablaban a mí a través suyo, y dije “¿Qué es Estelita?”. Y entendí que es el concepto de drag queen. Con todo respeto a la movida drag queen, porque tengo admiración por todas y todos los que trabajan y hacen cosas espectaculares, pero es esto: no estoy interpretando, no estoy actuando, no soy un transformista, sino que Estelita tiene vida propia.

—¿Te da culpa que te esté yendo tan bien en un momento así?

—Siempre hice terapia y ahora lo hago a través de la nueva normalidad, y ese es uno de los temas. Te da culpa, y también te da bronca. Tiene que ver, más allá de la pandemia, con una construcción que viene de hace rato. Lo que puede generar culpa es que se genere justo en este momento. Particularmente el proyecto de Estelita, el streaming y también Polémica en el bar son espacios necesarios en esta pandemia. Uno puede decir: “Yo no necesito de Jey Mammon”. Okey. Pero hay gente a la que el humor que le doy, le hace bien para transitar esto. Recibo mensajes: el programa de Estelita no tiene un objetivo de sanar, pero sé que sana. No es el antídoto para cualquiera, hay quien puede decir: “Me parece una estupidez”. Pero hay gente a la que le hace bien.

—¿Alguna vez te trató mal algún famoso?

—No. Y si sucedió, no lo tomé como tal. Todo esto es virtual. Obviamente, puedo entrar, y hasta se me transfigura la cara porque hay momentos donde uno se confunde, pero cuando lo pensás un segundo, esto de realidad no tiene nada. Entonces, no me incomoda ni me molesta ni me enoja nada. Somos todos personajes.


—¿Y con Estelita nunca nadie se enojó?

—El que entra sabe adónde entra. También, hay personas que no es que las respeto más pero no necesito ir por ciertos lugares, hasta a mí me da cosa. Graciela Borges; no es que hay cosas que no le pregunto porque no me interesan, pero la honra de tenerla del otro lado… ¡Yo qué sé! De repente se arman charlas hermosas. Pepito Cibrián. Natalia Oreiro no fue para descostillarse de risa de principio a finm, pero fue una nota hermosa. Se pueden transitar climas distintos a través del personaje.

—¿Cómo te encontró la cuarentena? ¿Estás enamorado?

—No, me agarró en un muy mal momento la pandemia. Es un garrón estar solo en esta cuarentena. Lo bueno es que no soy solo sino que estoy solo, y eso está buenísimo. Además, tengo la posibilidad de salir bastante por el trabajo. A la vez, no genera alegría salir. Es importante que lo sepan porque, por un lado, está la libertad de salir, y por el otro, no está bueno. Hay una mezcla. Más allá de eso, el hecho de encontrarme con los dos gatos acá es malísimo. Las citas ni que hablar: verte con alguien que nunca te viste, lo que sea genera es muy raro. Me da un poco de miedo perder el vínculo con el sexo. Esto va a tener un costo emocional en muchos sentidos.

—¿Estuviste chateando por redes sociales?

—Sí, por supuesto. Ahora estoy en una instancia en la que digo “no”, porque es frustrante. Analizás mucho el encuentro y te figurás que lo vas a tener, decís: “Bueno, ya fue, nos encontramos”. Empezás a construir una charla para que suceda, y después retrocedés, porque tomás conciencia. No me estoy poniendo en puritano. Me pasan dos cosas. Una que tiene que ver con lo sanitario: no tengo a nadie a quien pueda contagiar y que me preocupe, a mis papás no los veo porque no salen de su casa, pero hay que tener empatía en general. Otra cosa que pesa: a la misma altura, no me gustaría frenar. Quizás en algún momento suceda porque dicen que nos vamos a contagiar todos, pero contagiarte requiere quedarte en tu casa y es parar todo.

—¿La estás pasando mejor en el Cantando que en el Bailando o son experiencias distintas?

—Son experiencias distintas. Primero y principal: es un reality en pandemia. El jurado está separado, son cajeros del Banco Nación. Es rarísimo todo. El micrófono no se lo podés pasar a nadie. Más allá de eso, es un certamen distinto, la disciplina es otra, los jurados también van determinando la esencia del show. Me gusta cantar y tenía ganas de hacerlo. Me recontra re mil bajé el precio solo diciéndole a Marcelo (Tinelli) que quería estar.

—¿Vos le pediste estar en el Cantando?

—Voy a contar algo que nunca conté. Estaba por hacer el Bailando, ya había dicho que sí, y dije: “Ay no, no quiero”. Sentí mucha culpa en tener que asumir que no. Se lo dije al Chato (Prada): me da la sensación de que ya estaba previendo la pandemia, sentí como que no importaba. Después, con el correr de los días y empezando el Cantando, necesité explicarle a Marcelo por qué no iba a hacer el Bailando. Entonces, le puse por mensaje privado de Twitter y me pasa un número, lo agendo en WhatsApp y aparece la foto de una señora. Le escribo: “Hola Marcelo”. Me dice: “No, soy Eva Gatica”. “Soy Jey Mammon, Eva, disculpame, estoy buscando a Tinelli”. Y me dice: “Ay, Jey, qué gusto conocerte, ¿te puedo llamar?”. “No, estoy buscando a Tinelli, no entiendo nada”. Con lo que me costaba escribirle o llamarlo, pasaban semanas entre cada paso.

—¿Te había pasado mal el número?

—Frente a cada situación que te voy contando me tomaba mi tiempo. Después de dos semanas, le escribo por Twitter. “Escuchame, te escribí pero hablé con Eva Gatica”. Entonces, me pasa el número y había uno distinto, se ve que le chingó en el dedo y me pasó, sin querer, otro número. Después, no solo hablé con él sino que cada vez que le escribo, me contesta. Logré decirle que ahora veía que iban a hacer el Cantando... ¡Fijate todo el tiempo que pasó! Primero era explicarle por qué no iba a hacer el Bailando, y de repente, ya estaban armando el Cantando. Entonces, le dije: “Me gustaría hacer el Cantando”. “Estás en la lista, no sabíamos si ibas a querer”. Y dije: “¡Maldita sea, callate Mammon!” (risas).


—Tus grandes compañías de la cuarentena son tus dos gatos. ¿Cómo llegan a tu vida?

—Cada uno en un momento distinto. García, el más grande, llegó con mi ex. Él, amante de los gatos; yo, no te digo que los odiaba pero nunca entendí al gato. Lo adoptamos, y cuando nos separamos le dije: “Llevatelo”. “No, que se quede acá”. “Mirá, se queda dos días y me encariño”. “Que se quede, te va a hacer bien a vos”. Era un divino siempre, aun cuando nos estábamos separando. García se quedó. Y López estaba en la casa de una vecina de Ernestina Pais, que estaba haciendo radio conmigo. Me mostró la foto y dije: “Quiero uno de esos”.

—¿Te imaginás papá? ¿Te dan ganas?

No me niego. Antes era un no rotundo. Hubo una serie, vi una temporada nada más, This is us, que me despertó... No es que la serie me lo despertó, pero el arte ayuda a generar ideas o a retomar conceptos. En pandemia te re pasa, pero por ahí, me estoy mintiendo a mí mismo. Cada uno se empezó a amparar en los suyos y mi familia es hermosa, pero no vive acá.

—Hay un camino recorrido a la vista, la construcción de la carrera, las experiencias de parejas y eso, quizás, conlleva el deseo de la paternidad. ¿Por qué no?

—No hay que ser tan rotundo, no sé qué me puede pasar en algún momento. A quienes conformamos un colectivo diverso, el colectivo LGBT o IQ, por lo menos a nuestra generación, nunca nos hablaron proyectándonos como madres o padres. Eso hace que uno transite la vida respondiendo: “No, ¿cómo voy a tener hijos?”. De eso se trató la enseñanza. ¿Por qué no me gusta el fútbol? Porque es un mundo que te excluye, es así. Hoy por hoy las cosas están cambiando. Las generaciones de hoy, las ficciones. A nosotros los cuentitos no nos hablaban, nunca nos proyectaban como padres o madres. No lo digo con angustia ni nada, es una descripción, y me parece interesante analizarla como tal para entender por qué está bueno deconstruirnos y avanzar.

—Se te ve bien con vos mismo.

—En algún momento del proceso empecé a ver que todo era posible. No es solamente los hijos, son un montón de cosas. Hoy veo un camino que no tiene final. Siempre hay que seguir transitando y construyendo, así que vamos por más. Quizás triunfar sea laboralmente, pero realmente en la vida también me siento un triunfador, me siento afortunado. Tengo una familia hermosa y sea o no con hijos, vamos siempre construyendo la felicidad.

Seguí leyendo:

Rodrigo Vagoneta, la historia detrás de la risa más contagiosa de la TV: “Cuando nació mi hijo pude terminar de coser la herida de mi corazón”

La tragedia del Challenger, la dramática vida de Serena Williams y el flagelo de las redes: la lista de los mejores documentales para disfrutar y aprender

MAS NOTICIAS

Te Recomendamos