Rodrigo Vagoneta, la historia detrás de la risa más contagiosa de la TV: “Cuando nació mi hijo pude terminar de coser la herida de mi corazón”

A través del humor recuperó la alegría que había perdido con la muerte de su madre. En diálogo con Teleshow, recuerda su insólita llegada a “VideoMatch” y su momento más difícil, cuando el alcohol llegó a dominar su vida. Con su participación en el programa de Guido Kaczka, su popularidad dio un salto impensado en medio de la pandemia: “El amor del público es mi mayor capital”

priggio@infobae.com
Rodrigo Vagoneta
Rodrigo Vagoneta

Si Rodrigo Vagoneta fuese político, las encuestas dirían que “su imagen está por las nubes”. Alcanza con abrir Twitter por la noche, mientras participa en el programa de Guido Kaczka, para ver su nombre entre las tendencias y leer comentarios como “qué persona del bien Rodrigo Vagoneta”, o “ni empieza a contar el chiste que ya me estoy riendo”. Algunos memes hasta lo piden para una dupla presidencial junto al conductor de El Trece. Pero lejos está del sillón de Rivadavia: desde que tiene uso de la memoria, solo recuerda haber hecho humor, la herramienta que le permitió recuperar la alegría cuando todo parecía perdido.

El público de "Bienvenidos a Bordo" ama a Rodrigo Vagoneta (Foto: Twitter)
El público de "Bienvenidos a Bordo" ama a Rodrigo Vagoneta (Foto: Twitter)

Rodrigo Rodríguez, el hombre detrás de la risa más contagiosa de la televisión, empezó a contar chistes para esconder el dolor tras la muerte de su madre. Muchos lo conocen por su participación en el viejo VideoMatch, haciendo de El alumno de Larry y como integrante del sketch Los Jaimitos. Su trabajo en No hay 2 sin 3 lo llevó a la fama y Miguel Ángel Cherutti le abrió las puertas para una carrera en el teatro. Nunca dejó de trabajar, sin embargo, el lugar que le da Kaczka en Bienvenidos a Bordo lo volvió a poner en el centro de la escena humorística en medio de la pandemia. “El amor del público es mi mayor capital”, asegura, en diálogo con Teleshow.

Una herida difícil de cerrar

Su primer acercamiento a la actuación fue por el trabajo de su padre. Pero fue tras la muerte de su madre que se volcó al humor
Su primer acercamiento a la actuación fue por el trabajo de su padre. Pero fue tras la muerte de su madre que se volcó al humor

“Tuve una infancia triste por la pérdida de mi madre por un cáncer, cuando ella tenía 45 años y yo ocho. El humor me sirvió para tratar de salir de ese dolor tan grande y recobrar la alegría. Era el payaso de la familia y el cómico de la escuela. En los actos siempre preguntaban quién quería actuar y terminaba yo solo haciendo tres o cuatro personajes, representando a todo mi grado, haciendo pavadas. Que te guste la magia de estar arriba del escenario no tiene mucha explicación: en mi caso, primero fue por la necesidad de esconder esa tristeza, pero después creo que se convirtió en un compromiso social por hacer reír”, cuenta el humorista de 48 años a modo de presentación, sobre los primeros recuerdos de su vida en su casa en Caballito.

—La pérdida de tu madre dejó una herida profunda.

—Esas cosas marcan a una persona. Yo me encerraba en el baño cinco veces al día y me preguntaban por qué… Me encerraba para llorar y que nadie me viera. Ahora cuando veo a un chico y le pregunto cuántos años tiene y me dice que tiene ocho, me pongo a pensar: “Yo era así cuando me quedé solo...” En esa época, mi viejo era como un español antiguo, más frío; y mi madre era una dulzura y mi nexo con el mundo, y de golpe se fue. Recién cuando nació mi hijo pude terminar de coser la herida de mi corazón. Años después de lo de mi madre, pasé mucho tiempo solo: me encerraba en mi casa y tomaba la llamada mamadera de alcohol.

—¿Tus problemas con el alcohol estuvieron directamente relacionados con lo de tu madre?

—Un poco pasó por ahí, un vacío… Le doy gracias a Dios que hace una semana cumplí cuatro años sin tomar una gota, estoy muy contento y no tengo deseos ni intención: que tomen los que puedan, yo no puedo. Pero tampoco es que estoy obsesionado, eso se me fue. El alcohólico lo primero que tiene es una obsesión por beber y alejarse de la realidad. Yo vivo mi sobriedad con felicidad: “vivir sobrio”, mirá qué buen título… El 99 por ciento de la gente vive así, pero hay un porcentaje, los alcohólicos, que no viven sobrios. Los drogadictos tampoco, aunque gracias a Dios yo nunca tuve problemas con las drogas. Hay un libro que se llama “Vivir sobrio”, que me lo dieron para leer cuando llegué al grupo de ayuda.

"La Garza" de Vagoneta en el programa de Guido Kaczka (Video: "Bienvenidos a bordo" - El Trece)

—¿Vivir sobrio te cambió la vida?

—Yo me la pasaba tomando whisky todo el día. Pero actuando nunca le fallé a la gente, nunca actué borracho. Mi obsesión era terminar de actuar e ir a pegármela en la barra de algún lugar.

—Aunque nunca actuaste alcoholizado, vivir en ese estado habrá tenido sus consecuencias en el escenario.

—Sí, al principio, cuando estaba en No hay 2 sin 3, volvía a las 8 de la mañana y me iba al canal. Yo tenía 20 años… Las maquilladoras, que me querían todas, me decían “qué olor a alcohol que tenés, Rodri”. Les decía “es que salí ayer” y quedaba ahí…

—El problema es después, cuando no lo podés dejar…

—Cuando sos más grande y estás todo el tiempo pendiente de eso, te saca libertades. Habrán sido tres o cuatro años de tomar en exceso, como si el fernet fuese café. Un ex alcohólico siempre está en recuperación porque la vela se prende donde se apagó. Hace mucho que no voy, pero en el grupo al que iba había una vieja que dijo que estuvo 20 años sin chupar y un día arrancó de vuelta y no pudo parar. Es que el alcohólico lleva el bicho toda la vida. Pero tampoco es que te privan de tomar agua... Gracias a Dios lo erradiqué de mi vida.

De los actos del colegio al salto en “VideoMatch”

Rodrigo Vagoneta, Roberto Peña y Dani Bifulco en el recordado sketch "Los Jaimitos", de "VideoMatch"
Rodrigo Vagoneta, Roberto Peña y Dani Bifulco en el recordado sketch "Los Jaimitos", de "VideoMatch"

Volviendo al relato cronológico, no es casualidad que de niño haya elegido el humor y la actuación como mecanismo de defensa para ocultar su dolor: su padre es actor y desde muy chico Rodrigo se crió como testigo privilegiado de todo lo que sucedía tras bambalinas en los teatros. Cuando terminó el colegio no tenía dudas de qué era lo que quería hacer de su vida y comenzó a estudiar en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático. Allí conoció a varios colegas que hoy en día son reconocidas figuras, y algunas de ellas han sido clave en su carrera: el Turco Naim, Larry de Clay y Dani Bifulco, entre otros.

Por aquel entonces le echó el ojo a VideoMatch y un día se dirigió a los viejos estudios de Telefe, en la calle Pavón, con la intención de presenciar las grabaciones de un sketch de Pachu Peña y Pablo Granados, pero los encargados de seguridad no lo dejaron ingresar. No mucho tiempo después, Rodrigo lograría su cometido “gracias a un queso”, según sus propias palabras.

“Yo estaba haciendo la promoción de unos quesitos disfrazado en un supermercado. Un día me llaman por teléfono y me dicen: ‘¿Podés hacer el queso en VideoMatch?’. Ni pregunté cuánta guita había, dije que sí. Cuando fui, le regalé quesitos a los de la puerta, a los productores, a todos. Al lunes siguiente, que ya no se hacía más la publicidad, fui al estudio como si fuese a grabar otra promo. Saludé a todos ‘hola, ¿qué tal? ¿cómo están?’ y me metí en la grabación del sketch de Los Bergés (en honor a los Bee Gees) de Pachu y Pablo”, recuerda.

“¿Y este quién es?”, fue la reacción de Granados cuando lo vio. “Es un amigo nuestro, es muy buen actor”, le respondieron Dani Bifulco y su hermano, Juan, que trabajaban en el programa. Algunos dirán que es una simple casualidad, pero las casualidades hay que buscarlas: un día, uno de los actores se tuvo que retirar de la grabación por un tema personal. Rodrigo, presente en ese momento, miró a la productora con un gesto como diciendo “acordate que estoy acá”. Y así empezó todo.

—Me disfrazaron y me dieron un saxofón. El instrumento funcionaba, que es algo raro, ya que por lo general esas cosas de utilería no sirven. Pero yo sabía tocar, así que Pablo arrancó con el piano y yo lo seguí con el saxofón hasta que me equivoqué e hice un sonido muy feo. Pachu me empezó a correr por todo el estudio con una chancleta, fue muy gracioso. Cuando terminó Pablo miró a la productora y le dijo: “Llamen a este pibe que me hace reír”.

En el papel del "alumno" de Larry de Clay tuvo su primera participación en el piso de "VideoMatch" con Marcelo Tinelli (Video: Telefe)

—Después pasaste a ser “el alumno de Larry” en el piso de “VideoMatch”.

—Sí, un día me dicen que el gordo Larry estaba buscando a un pibe flaquito para hacer de su alumno en el vivo con Marcelo Tinelli, y cuando estábamos por salir al aire Larry me dice: “¿Pensaste un chiste? Porque seguro que te va a pedir que cuentes uno”. Yo no sabía contar chistes, era actor de conservatorio. Entonces, en el programa, le dije a Marcelo: “Había un tipo arriba de un faro y pasó otro y le dijo: ‘¿Qué hacés ahí arriba?’ Y le contestó: ‘Vi luz y subí’”. Tinelli me mira con cara de “no me podés estar contando esta pelotudez”. Entonces le expliqué el chiste: “Porque hay un farol, y el tipo está arriba, y hay un dicho que dice ‘vi luz y subí’”. Terminó el programa y Marcelo seguía riéndose. Ahí empecé a estar en el vivo. Después, con Roberto Peña y Dani Bifulco nos dijeron que pensáramos ideas para un verano, y así nacieron Los Jaimitos, que fue un éxito. Y más adelante me llevaron a No hay 2 sin 3.

—¿Por qué decidiste irte de “VideoMatch”?

—Porque era estar en el banco de la Selección o estar en Ferro pero jugar todo el partido. Y a mí me gusta jugar… Obviamente tengo los mejores recuerdos del programa.

Vagoneta en “Ricos y Mocosos”, de “No hay 2 sin 3” (Video: El Nueve)

—Y en “No hay 2 sin 3” la rompieron.

Ahí me hice famoso. La gente empezó a comentar mucho sobre Vagoneta y sobre mi personaje en Ricos y Mocosos. Después hice un programa para chicos, Corazón de monstruo, en Canal Nueve, que duró dos meses. Ahora todos están acostumbrados a que les levanten el programa, pero en ese momento lo sufrí, fue doloroso. Más adelante me invitaron a participar en el programa A la manera de Gerardo Sofovich, y me contó el productor que (Sofovich) le dijo: “Contratalo al flaquito porque es simpático”. Estuve un año y medio trabajando con él.

—¿Y cómo llegaste al teatro?

—Miguel Ángel Cherutti me llevó al teatro de revista y me devolvió la teatralidad. Durante cuatro temporadas fueron cambiando a todos los integrantes del elenco menos a mí. “Vos sos cábala”, me decía Cherutti. También me llamó Panam y estuve varias temporadas con ella y Carlitos Balá. Lo de Cherutti fue una escuela y mucho de lo que aprendí ahí lo uso en mi show, La risa loca, que lo hago hace como ocho años y es uno de los espectáculos más vistos.

Caracterizado como "Mike" en "Ricos y Mocosos" (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)
Caracterizado como "Mike" en "Ricos y Mocosos" (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)

—¿Cómo nació el personaje de Rodrigo Vagoneta?

—En No hay 2 sin 3 había un sketch que se llamaba Informate, en el que Pablo y Pachu hacían de conductores, y yo era el columnista que daba recomendaciones de ocio para hacer el fin de semana. Por eso, Pablo me puso “Vagoneta”. Al principio mucho no me gustaba, pero hoy lo amo.

—¿Te inspiraste en alguien para hacerlo?

—Yo hacía mucho clown, y me gustaba hacer de un pibe que cree que sus chistes son lo mejor que hay en el mundo. Entonces Pachu me dijo que hiciera eso y, para ponerle un poco más de gracia, que salude diciendo “hola chicos”, como hago yo. Entre Pachu y Pablo me ayudaron a armar el personaje.

El humorista junto a Pablo y Pachu en “Informate”. En este sketch nació Rodrigo Vagoneta (Video: "No hay 2 sin 3" - El Nueve)

—¿Siempre pudiste vivir de la actuación?

—Gracias a Dios tengo una casa, un auto y sigo… Ya está, soy feliz. Como dice Darín: “Me doy una ducha de agua caliente”. No tengo demasiadas pretensiones tampoco. Aunque me gustaría tener una casa en Mar del Plata algún día.

Trabajo en equipo

Con su pareja, Jennifer, y su pequeño Benicio (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)
Con su pareja, Jennifer, y su pequeño Benicio (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)

La cuarentena obligatoria en la Argentina encendió las alarmas de la economía familiar para Rodrigo, al igual que para la gran mayoría de los trabajadores. Sin embargo, fiel a su trayectoria, se las ingenió para seguir generando ingresos a cambio de risas. Incluso, admite que tal vez hasta le va mejor ahora que antes.

En un principio, hacía transmisiones en vivo desde su cuenta en Instagram. También se juntó -virtualmente- con Roberto Peña y Dani Bifulco, y le volvieron a dar vida a Los Jaimitos. Poco tiempo después empezó a sacar provecho al boom de la aplicación Zoom: “En la pared de mi casa escribí con témpera ‘Rodrigo Vagoneta’, le meto unas luces que se prenden y apagan, tengo una pantalla y un trípode. Armé un set de filmación. Así, me sumo a un festejo que puede ser por un cumpleaños o simplemente una reunión familiar. Entro como invitado y me pongo a contar chistes. Antes, me avisan de alguna particularidad de la gente, entonces si el que cumple años es médico le cuento algún chiste de médicos. Cobro cuatro mil pesos y después siempre me llaman agradecidos, se mueren de la risa”.

Su pareja lo ayuda en toda la realización de sus shows por Zoom (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)
Su pareja lo ayuda en toda la realización de sus shows por Zoom (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)

Él disfruta del proceso de cranear, modificar y darle vida a sus chistes, pero sería muy difícil para Rodrigo realizar este trabajo si no fuese por la ayuda de su pareja, Jennifer, quien le da una mano con la producción, la musicalización y todo lo necesario para el show virtual. Se conocieron hace seis años, cuando la joven se acercó a la salida del teatro para sacarse una foto con el humorista, pero él terminó pidiéndole una foto a ella.

“Ahí empezó todo. Vi que nos íbamos llevando bien, me daba paz, tranquilidad y alegría, y hoy por hoy es mi compañera de todo. Ella es chef pero no ejerce, trabaja como ama de casa y está conmigo poniéndole el pecho a todo. Tenemos un hijo, Benicio, mi amor de Dios, que tiene cuatro años, y lo ponemos a jugar en una mesita mientras hacemos los shows por Zoom. Somos muy felices y queremos tener otro hijo”, cuenta Rodrigo sobre su relación con su pareja de 31 años, 17 menos que él.

Si bien desde un primer momento recibió mucha demanda para este tipo de eventos, su llegada al programa de Kaczka le dio un salto inesperado a su popularidad: “Él es fantástico. No hace falta que te diga nada, solo te hace una seña y ya sabés a dónde tenés que ir. Son las horas de vuelo: ya tiene 400 programas al aire del estilo de Bienvenidos a Bordo. Él sabe mucho y yo siempre tengo que estar atento, hace 20 años que estoy en la tele: hay que cumplir con el director, con los cámaras, con el conductor y, por supuesto, con el público”.

Carlitos Balá y Laura Franco, más conocida como Panam, son algunos de los grandes maestros que tuvo a lo largo de su carrera (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)
Carlitos Balá y Laura Franco, más conocida como Panam, son algunos de los grandes maestros que tuvo a lo largo de su carrera (Foto: archivo Rodrigo Rodríguez)

Los proyectos para la cuarentena no se detienen: Rodrigo formará parte del programa especial de humor que realizará Tinelli a través de sus redes sociales y trabajará en la obra de “auto teatro” que está preparando Panam en Pilar. Además, el 1 de noviembre realizará una función por streaming de su show, La risa loca, cuyas entradas ya se pueden adquirir por Ticketek.

Dice que uno de sus momentos de mayor orgullo es cuando le llegan videos de niños imitando el baile de la garza que hace en el programa de Kaczka, y que ser el responsable de sacar una risa en estos momentos tan particulares se siente como “hacer el gol a los ingleses”. Respecto a los motivos de su popularidad, no está muy seguro: “Es que son muchos años… Eso me dijo un día Carlitos Balá”.

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