Luis Miguel, en el show de ayer en el Campo Argentino de Polo (Fotos: Nicolás Aboaf)
Luis Miguel, en el show de ayer en el Campo Argentino de Polo (Fotos: Nicolás Aboaf)

"¡Se escucha bien! ¡Se escucha bien! ¡Se escucha bien!", comenzaron a gritar las más de 40 mil personas que colmaron anoche el Campo Argentino de Polo. Luis Miguel llevaba ya más de una hora cantando en el marco de su ¡México por siempre! tour. Y sus fans estaban extasiados. Pero, entre un tema y otro, él no dejaba de quejarse por el sonido…

Claro, según la serie biográfica de Netflix que se editó el año pasado con su consentimiento, está claro que Luismi aprendió a ser perfeccionista de la mano de su padre, el "malvado" Luis Rey. Y que, por eso, no se permite ni el más mínimo error arriba del escenario. Sin embargo, sin percatarse de ningún problema de audio, su público lo único que quería era seguir disfrutando del show.

Las fanáticas –y fanáticos- del Sol de México habían comenzado a ingresar al predio a las seis de la tarde, aunque en horas de la mañana ya había muchos esperando que se abrieran las puertas de ingreso por los alrededores del lugar. Entre las historias que se escondían detrás de esas vinchas, remeras y globos en honor a su ídolo que los adornaban, estaban las que daban cuenta de los esfuerzos que habían hecho para comprar sus entradas, de los miles de kilómetros recorridos para venir a verlo y de los que estaban allí, después de muchos años, cumpliendo su sueño.

En la previa, los afortunados de la platea Vip pudieron darse el gusto de conocer a César Bordón, el actor argentino que en la serie interpretó a Hugo López, mánager de Luismi, quien se sacó una centena de fotos antes de poder ubicarse en su butaca. Más precavidas, en cambio, Pampita Ardohain y su amiga Barbie Simons se acomodaron en las primeras filas cuando ya estaba por empezar el recital y no había tiempo para tantas selfies.

César Bordón, entre sus fans (Foto: Teleshow)
César Bordón, entre sus fans (Foto: Teleshow)

Finalmente, cuando el reloj marcaba las 21:40 hs., los músicos tomaron sus lugares, se encendieron las luces del escenario y apareció él: Luis Miguel. El cantante, en el más absoluto silencio, se tomó un par de minutos para saludar a sus fans, como si quisiera que gastaran todos sus gritos antes de comenzar a cantar. Pero ellos nunca pararon de arengar. Entonces, él tomó su micrófono y empezó a entonar Si te vas.

Vestido de traje y corbata, con una almidonada camisa blanca con gemelos en los puños, Luismi parecía listo para una boda. Detrás suyo, sus tres coristas, Lauren Margaret Lutostanski, la argentina Paula Peralta y su actual novia, Mollie Hannah Gould, luciendo minivestidos negros y rodete en el pelo, bailaban coreografías con sus brazos acompañándolo. Y dando comienzo, así, a una noche de pura emoción.

Los temas que siguieron fueron Tu, solo tu y Amor, amor, amor. Entonces, las luces del escenario bajaron para que el cantante se luciera con Devuélveme el amor. Fue justo en ese momento, cuando Luismi le empezó a hacer señas con sus manos a la gente de sonido. Y, una vez terminado el tema, salió por primera vez del escenario para tratar de resolver un problema que, en apariencia, solo él percibía.

Al rato, el Sol de México reapareció con uno de sus clásicos: Suave. Pero siguió protestando, golpeando el micrófono para hacerse entender y mirando más hacia el costado del escenario que hacia dónde estaba el público. "¡Vamos Luismi, que se te escucha de diez!", le gritó una de sus fans alentándolo para que volviera a escena.

(Nicolás Aboaf)
(Nicolás Aboaf)

Entonces, sentado en un banquito, el cantante hizo un popurrí susurrado de Por debajo de la mesa y No sé tú, que estremeció al público. Es que, así como su padre le enseñó a ser exigente, sin dudas su madre, Marcela Basteri, le trasmitió esa sensibilidad que él sabe desplegar muy bien en cada letra romántica.

Es que está claro que, así cómo hubo un antes y un después de la serie para Luismi, también hubo un cambio en la forma en que la gente lo ve a él. La ficción lo humanizó. Y, ahora, el público le perdona hasta los berrinches que le hace a sus sonidistas, como los que demostró mientras hacía el popurrí de Un hombre busca a una mujer, Cuestión de piel y Oro de ley.

Justo en ese momento, empezaron los acordes de Culpable o no y comenzó a gotear, como si el cielo se compadeciera del sufrimiento que llevó a Luismi a grabar esta canción después de descubrir que su novia de la juventud lo engañaba, tal como se refleja en la ficción por él aprobada. Pero el cantante, lejos de pensar en ese viejo amor, de lo único en que se preocupaba era del sonido…

"¡Se escucha bien!", empezaron, entonces, a corear los fans. Y él siguió con su show de la mano de Te necesito, un popurrí de Amante del amor, Más allá de todo, Fría como el viento, Tengo todo excepto a ti y Entrégate, el melancólico tema Hasta que me olvides y O tu o ninguna.

Para sorpresa de sus fans y, seguramente, también motivado por el éxito de la ficción sobre su vida, a diferencia del último recital que dio en 2015 en GEBA, en este espectáculo Luismi incorporó muchos temas de sus primeros años de carrera. La selección incluyó No me puedes dejar así, Palabra de honor, La Incondicional, Separados, Uno más uno, dos enamorados, Directo al corazón y Tu y yo. Y para el público fue imposible no pensar en aquel niño, explotado por su padre, que resignaba su infancia para convertirse en una estrella internacional mientras cantaba estos hits…

(Fotos: Nicolás Aboaf)
(Fotos: Nicolás Aboaf)

Así llegó un momento íntimo, en el que se bajaron las luces y el cantante le pidió al público que alzara las linternas de sus celulares, para batirse a duelo con el saxo de Gregory Alan Vail y demostrar lo impecable de su voz. Entonces, el reloj marcó las 23:10 hs. y Luismi salió del escenario, para regresar en mangas de camisa y chaleco mientras las chicas le gritaban: "¡Flaquito!".

Entonces llegaron los boleros, que marcaron la etapa más fructífera en la carrera del astro allá por el año '91. El piano de cola del maestro Michael Rodríguez empezó a tocar No me platiques más, La barca, Se te olvida, Contigo a la distancia e Historia de un amor. En el medio, una enorme langosta se posó sobre el pecho del cantante, que siguió adelante como si nada hubiera pasado, quizá sin darse cuenta. Y luego se tomó un break.

De esta manera, llegó el bloque final del show. Vestido de remera negra y chaleco, Luismi reapareció en el escenario para cantar Será que no me amas, frente a un campo repleto que imitaba la coreografía. Y después hizo un repaso de temas viejos como Decídete, Muchachos de hoy, Ahora te puedes marchar, La chica del bikini azul, Isabel y Cuando calienta el sol. En ese momento, comenzó una lluvia de papelitos y el astro se dispuso a patear pelotas playeras sobre la gente. Hasta que llegó el momento de las rosas blancas sin espinas, que el cantante arrojó a la platea mientras los músicos tocaban Vuelve, Eres, Como es posible y Te propongo.

Así, sin "bises", tal como es su costumbre, Luismi dio por terminado su primer recital en Buenos Aires post serie. Fue distinto a los otros. Sobre todo, porque el público lo miró de una manera mucho más compasiva y se remitió a las distintas etapas de la vida del cantante con cada uno de sus temas.

Pero, además, como si la noche no hubiera sido lo suficientemente emotiva, al finalizar el recital la comitiva del artista salió en varias combis. Y, de una de ellas, el mismísimo Luis Miguel se asomó para saludar a sus fans. ¿Si era él o era el doble? A esta altura, poco importaba. Así que más de uno se fue con lágrimas en los ojos, seguro de haberse llevado el saludo de su ídolo de verdad.

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