Laurita Fernández sigue forjando una gran carrera. Protagonista de Sugar -como en la calle Corrientes, también es la más vista en Mar del Plata- y con muchos proyectos para el 2019, tiene además gran apoyo en las redes. Pero también detractores, sobre todo en los talibanes adolescentes para los que todo es blanco o negro. Aquí virtudes para amarla y defectos para odiarla, según de qué lado estés.

Razones para amarla
1) Su talento, ante todo. Más allá de su perfil mediático, tiene mucho más que eso para sostenerse y crecer. Es una gran bailarina y además se perfila como actriz y conductora, vende marcas y eso la hace completa.

2) Su carisma. Laurita es fresca, tiene una sonrisa que compra todo. No tiene el descuido de estrellas más consagradas y además es bella, sabe lookearse y producirse. Ningún detalle está librado al azar en su envase y en su personalidad arrolladora.

Laurita Fernández junto a Federico D’Elía y Vico D’Alessandro en “Sugar”
Laurita Fernández junto a Federico D’Elía y Vico D’Alessandro en “Sugar”

3) Su versatilidad. Puede conducir un programa de radio en la primera mañana; enfrentar la peleas del Bailando como jurado y saber hacer devoluciones que construyen porque sabe de lo que habla, o protagonizar un musical con solvencia a la altura de sus antecesoras, Griselda Siciliani y la mismísima Susana Giménez.

4) Está de moda. Es hábil para posicionarse y se mueve como pez en el agua para estar cerca de la gente correcta. Constructora de su imagen, la mejor marketinera de sí misma. Las marcas la quieren, los eventos la buscan y todos quieren una tapa con ella. En ese sentido, está rodeada por los mejores. Mauricio Catarain maneja su carrera y le filtra campañas, presencias y notas. Mejor asesorada, imposible.

5) Su futuro. Promete. No parece ser una chica que esté pasando "su cuarto de hora" o sus "cinco minutos de fama". Se ha formado para estar donde está. Al encabezar  un musical con semejante liderazgo de taquilla, seguramente hay otro proyecto esperando para ella y si además de ser mediática corta entradas, bingo para ahora y muchos años más.

Razones para odiarla
1) Está agrandada. Todos los que la rodean afirman que no saluda, que es displicente en el trato y pone una distancia que no la favorece. Solo sirve para que sus enemigas tengan fundamentos para atacarla. Les da el gusto. Mirar a todos por arriba del hombro la aleja de la humildad de los grandes.

Laurita Fernández en el “Bailando 2018″(Foto: LaFlia )
Laurita Fernández en el “Bailando 2018″(Foto: LaFlia )

2) Su perfil escandaloso. Más allá de su versatilidad, en algún momento Laurita Fernández deberá decidir si quiere ser una estrella teatral de taquilla o una chica que se pelea en el Bailando con cualquiera.

3) Su fama de "roba novios". Sus relaciones siempre han sido con galanes que estaban con otras relaciones hasta que ella apareció. Feferico Hoppe -productor de Tinelli– abandonó a una bailarina llamada Barbie Realy para salir con ella. Federico Bal comenzó su relación con ella aún saliendo con Barbie Vélez. Y su última pareja, Nicolás Cabré, cortó con otra bailarina, Yasmín Corti, quien denunció que tenía una relación con él cuando apareció Laurita, justo cuando la bailarina pensaba blanquear la relación con el galán.

Nicolás Cabré y Laurita Fernández (Verónica Guerman / Teleshow)
Nicolás Cabré y Laurita Fernández (Verónica Guerman / Teleshow)

4) Sus continuas negaciones. Ella nunca fue. Los hechos a la larga confirman los rumores previos sobre la bailarina, que se encarga de negar. Tampoco admite sus enemistades. Ningunea a Lourdes Sánchez o Mica Viciconte cuando la encaran, pero todos saben que las odia, como a muchas otras de su círculo. Lo mismo ha hecho con sus romances hasta que fue el momento oportuno de blanquearlos.

5) Su facilidad para ganarse enemigos. Le pasa a toda la gente a la que le va bien, o crece demasiado rápido. Todos la odiarán por eso, pero Laurita no parece demasiado interesada en bajarles el perfil a esas enemistades, y termina provocándolas peor. Hoy lo sostiene porque está en un gran momento y nada la complica, pero cuando las nubes acechen sobre su cielo -siempre pasa- serán demasiados esperando su caída.

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