Por Marianela Insua Escalante

Keith Richards, décadas atrás
Keith Richards, décadas atrás

Keith Richards tenía un chofer que se llamaba Patrick. El hombre, de origen belga, ganaba bien como conductor permanente del guitarrista de los Rolling Stones, pero al parecer necesitaba hacer un dinero extra. Así fue como en febrero de 1967 Patrick le vendió al diario sensacionalista británico News of the World la noticia de que en la casa de Keith en Sussex, al sur de Inglaterra, se estaba llevando a cabo una bacanal que incluía drogas, sexo y, claro, también rock and roll.

Los reporteros llegaron acompañados de la policía, que se hizo un festín incautando sustancias prohibidas, y juntos iniciaron una leyenda que a través de los años quedaría en el imaginario popular del flower power. La imagen trascendió, elocuente: Mick Jagger, entre las piernas de la bella Marianne Faithfull, practicándole sexo oral mientras masticaba una barrita de chocolate Mars. ¿Demasiado loco para ser real?

"Lo del chocolate fue una buena historia para demonizarnos. Perfecta. Era tan exagerado, con un retorcimiento tan malicioso de los hechos… ¡Mick Jagger comiendo un chocolate de mi vagina! Era demasiado barato como para que a cualquiera de nosotros se le hubiese pasado por la cabeza. Es la fantasía de un viejo verde, la idea de un policía sobre lo que hace la gente drogada", explicó la cantante más tarde, en Marianne Faithfull. Una autobiografía (editada en Europa en 1995).

Mick Jagger y Marianne Faithfull, en 1969 (Foto: The Grosby Group)
Mick Jagger y Marianne Faithfull, en 1969 (Foto: The Grosby Group)

Por su lado, su amigo Keith Richards narró lo sucedido en su libro (también autobiográfico) Vida (Editorial Planeta). "Después de estar todo el día de ácido, se había ido al piso de arriba a darse un baño, había terminado hacía un minuto y yo tenía una colcha inmensa de pelo, creo que hecha de pieles de conejo, y no tuvo mejor idea que envolverse con eso (…). Cómo terminó la barrita de chocolate Mars formando parte de la historia es algo que desconozco. Había una en la mesa, de hecho había un par porque con el ácido de repente te dan muchas ganas de ingerir azúcar y las golosinas se disfrutan especialmente. Y así Marianne quedó pegada para siempre en la leyenda sobre dónde encontró la policía la barrita Mars".

Por entonces, Faithfull era un objeto decorativo, un ángel con grandes tetas, como la llamó el productor de los Stones Andrew Loog Oldham. Así la lanzó al mundo de la música, más como una imagen que como una voz, aunque desde entonces y de manera intermitente no ha parado de cantar. El tema que dio el puntapié inicial fue "As Tears Go By", ese que compusieron Richards y Jagger encerrados en una habitación, obligados por Oldham a que tuvieran temas propios. Fue Marianne la encargada de ponerle voz y de regalarle al mundo la primera composición de un dúo que sería legendario.

Marianne Faithfull, "As Tears Go By", 1964 (Video: Youtube)

Este 29 de diciembre Faithfull cumple 72 años y han pasado por su vida tantas historias como canciones. Todas se plasman en Negative Capability, el disco que lanzó en noviembre y que contiene toda la experiencia y el talento condensado en 13 temas. Entre los tracks se encuentra "As Tears Go By", que suena medio siglo después bastante diferente de aquella primera versión dulce y virginal. Su voz más cascada y rota tiene ahora mucho más que decir.

El oro

En la década del 60 el cruce de los títulos nobiliarios con el rock causaba sensación. Por eso, Marianne Faithfull le aportaba misterio y glamour a una troupe de artistas de por sí llamativa. En su currículum vitae pesaban los ancestros ya que provenía de una familia bien de Inglaterra y su madre, la vienesa Eva von Sacher-Masoch, descendía en línea directa del noble y escritor Leopold von Sacher-Masoch, el mismo que inspiró el término masoquismo.

Baronesa por herencia y curiosa por naturaleza, Marianne comenzó a mezclarse en la bohemia londinense y así es como conoció a Mick Jagger, quien se convertiría en su pareja y colega. Jagger venía de salir con una súper modelo y no daba puntada sin hilo: sus chicas tenían que ser perfectas combinaciones de belleza y clase. Faithfull tenía eso y, además, talento. Y un espíritu rebelde que la llevaría muy lejos… y la haría caer muy bajo.

La portada del disco “Go away from my World”, de 1965
La portada del disco “Go away from my World”, de 1965

Antes del descenso a los infiernos, Marianne viajó con los Stones por el mundo y fue partícipe de momentos claves para la música mundial. Escribió "Sister Morphine" (Sticky Fingers, 1971) junto a Mick y Keith, y fue ella quien inspiró con sus lecturas a la creación de "Simpathy for the Devil" (Beggars Banquet, 1968), uno de los himnos stones por excelencia.

Tan cerca estaba de la banda que los romances internos no tardaron en aparecer. Ella reconoció años más tarde que se acostó con tres Stones y que finalmente eligió al cantante. Después, le fue infiel con Richards. Quizá en plan de fastidiar un poco el ego de Jagger, Faithfull le dijo hace unos años al diario británico The Mail On Sunday: "La noche que pasé con Keith fue la mejor de mi vida. Incluso hoy en día, la tengo muy presente. Creo que fue tan buena y tan memorable porque fue tan solo una vez y se acabó. Todavía somos grandes amigos". ¿Quién habrá sido el tercer Stone?

Más allá de la atracción mutua, también se llegó a barajar una posible venganza por parte del guitarrista. Es que Jagger se había acostado con Anita Pallenberg, novia de Keith por ese entonces, y quien luego sería su esposa. Lo cierto es que Anita ya había sido novia de Brian Jones, y el poliamor, moneda corriente en la década más hippie de la historia. Así que, ¿cuán enojado podía estar el bueno de Keef?

El barro

La década del 70 llegó como la calabaza de la Cenicienta, esa que fue carruaje y ahora ya no es nada. Del brillo de los 60 sólo quedaban cenizas y una Marianne Faithfull abandonada a su suerte. Separada de Mick, sin ganas de cantar, empezó a vagar por la calles de Londres. Durante más de dos años se dedicó a las drogas duras. Heroinómana y anoréxica, poco quedaba de ese ángel rubio que conquistaba estrellas de rock.

En medio de esa oscuridad, perdió la custodia de su hijo Nicholas, fruto de su matrimonio con el galerista John Dunbar. Ya había intentado suicidarse y, esta vez, la heroína era una manera de hacerlo de a poco. París se convirtió por esos años en su nuevo hogar como el de tantos otros hippies que se iban destiñendo de tanto batik, dándole paso a la negrura del punk, que estaba al llegar.

Fue en la capital francesa que el 3 de julio de 1971 murió Jim Morrison. No hubo autopsia, ni investigación exhaustiva. Era un drogadicto para la policía y un dios del rock para la prensa y los fans, como si eso fuera suficiente para explicar una muerte en extrañas circunstancias. "Paro cardíaco", fue la respuesta al interrogante del fallecimiento del músico estadounidense y Pamela Courson, su novia devenida en viuda, la persona señalada por descuidarlo.

Pamela Courson y Jim Morrison
Pamela Courson y Jim Morrison

El líder de The Doors habría tenido una sobredosis de heroína y llegó a especularse con una droga de mala calidad. Es decir, la dosis de siempre pero en un voltaje altamente superior. ¿Qué papel jugó Marianne Faithfull en este policial? El dealer, en esa oportunidad, había sido Jean de Breiteuil, un traficante que solía trabajar con famosos y que, por esos días, estaba conviviendo con ella en París. Cuando los problemas no llegaban a Marianne, ella iba a buscarlos.

Hace unos años, la cantante -que durante la entrega de esa última dosis decidió quedarse en el departamento que compartía con de Breiteuil- le contó su versión a la revista especializada Mojo. "Pensé: 'Me voy a tomar una pocas Tuinal (barbitúricos) y no voy a ir allí'. Y él (por De Breiteuil) se fue a ver a Jim Morrison y lo mató. Lo que quiero decir es que estoy segura de que fue un accidente. Pobre, ¿fue que la droga era demasiado fuerte? Sí. Y murió. Y yo no sabía nada sobre esto. De todas maneras, todo el mundo relacionado con la muerte de este pobre chico está muerto ya. Excepto yo", dijo, arañando con entereza las siete décadas.

Capacidad positiva

Pese a que sus historias siempre hicieron más ruido que su música, Marianne es una de las pocas artistas de los 60 que sigue vigente y sacando discos, aggiornándose y compartiendo con las nuevas camadas. No hay muchas mujeres de su generación que lo hagan y Faithfull ha sabido reinventarse a lo largo de los años, evolucionando, incorporando nuevos sonidos y cambiando su propio estilo. Venció un cáncer en 2006 y sigue dando batalla.

Aunque ya no quiere hablar de los Rolling Stones es inevitable encontrar su marca en ellos y la de ellos en su música de los primeros años. Con el correr del tiempo y sobre todo en Negative Capability, su último álbum, Faithfull es otra y está dispuesta a dejar huella como lo han hecho sus colegas masculinos, con su folk maduro y su fraseo claro.

Marianne Faithfull, "Incarceration", 2005 (Video: Yotube)

También es inevitable para ella, que fue vanguardia, querer trascender de la mano de lo nuevo. Por eso se deja acompañar en este disco por Warren Ellis (de Nick Cave and The Bad Seeds) y Rob Ellis (histórico productor de PJ Harvey). Ya lo había hecho anteriormente acercándose a músicos mucho más jóvenes como Beck, Billy Corgan y los británicos de Blur.

Marianne Faithfull atravesó el siglo XX con todo su esplendor y sus sombras. El siglo XXI la recibió con un cargo de planta permanente en el ministerio del tiempo. Ángel, demonio, princesa y mendiga, impuso a sus cualidades físicas un nombre y un apellido que quedarán por siempre ligados a la historia viva del rock and roll.

Marianne Faithfull
Marianne Faithfull

SEGUÍ LEYENDO