Ricky Maravilla recuerda el consejo que le dio a un Rodrigo Bueno adolescente, que cambió la vida del ídolo cuartetero

Figura histórica de la movida tropical con aquel hit "¿Qué tendrá el petiso?", que todavía suena en toda fiesta que se digne de ser divertida, el cantante repasa con Teleshow su dura historia de vida. Desde la infancia cargada de carencias en su Salta natal a los inicios difíciles en Buenos Aires, llegando al éxito y sus consecuencias. Pero también, un encuentro casual con el Potro cordobés que modificó el destino

Luis Ricardo Aguirre es el verdadero nombre de Ricky Maravilla, la legendaria figura de un género musical que alegra la vida en cada rincón del territorio nacional.

Lleva más de tres décadas arriba de los escenarios. Viene de una familia muy humilde que no tenía para comer y en varias ocasiones tuvieron que dormir en la calle. Sin embargo, su fuerza de voluntad lo hizo salir de Salta para conquistar el mundo con su música. El cantante salteño continúa más vigente que nunca y en esta entrevista cuenta su historia.

—¿Cómo fue tu infancia?

—Cuando tenía siete años le prometí a mi madre ser ingeniero o aviador. Vivíamos en la pobreza, mamá era empleada doméstica; a ella no le gustaba que lo dijera. Perdí a mi padre teniendo dos años de edad, entonces, no lo conocí a papá. Conocí un papá imaginario que siempre cuando lo necesitaba o cuando estaba en algún apuro así, algún chico que me quería pegar, le decía: "¡Pará!, que va a venir mi papá, ¿eh?".

—¿Te hizo falta en tu vida la figura paterna?

—Totalmente. Y hoy en día lo tengo presente en cada acto, en cada cosa que quiero realizar. Siempre le hablo, siempre le digo a papá, y mamá, obviamente: "Papá, ¿qué te parece que haga estas cosas?". Y es como que siento algo que dice sí, o no.  Me acuerdo de muy chiquito allí donde estaba empleada mamá. Las casas de al lado eran todas casas de señores de mucho dinero, entonces el Día de Reyes yo ponía mis alpargatitas y bueno, esperaba el regalito. Al otro día yo tenía un autito chiquitito de plástico, y los demás vecinitos tenían bicicletas, pelotas, trenes eléctricos… Y yo llorando le decía: "Mamá ¿por qué los Reyes son tan injustos que no me regalan a mí esas cosas? ¿Por qué me traen un autito? ¿En qué me porté mal? ¿Soy malo?". "No, no, para nada", me decía. "Vos sos muy bueno, lo que pasa que los Reyes a veces no traen para todos, no pueden. Pero algún día se van a acordar de vos y te van a traer un gran regalo". Y así me crié, con esa esperanza de algún día.

—¿Les costaba el alimento día a día?

—Sí, totalmente. Yo recuerdo que mamá me solía dar cuando hacía crema de arvejas, porque el patrón siempre tomaba su crema de arvejas y lo que quedaba allí, en la ollita, yo lo raspaba y lo comía con todo. Mamá me daba eso, entonces. Recuerdo que ahí fue cuando le prometí ser ingeniero o aviador para salir del estado de pobreza. Le prometí estudiar, terminé la primaria, entré a la secundaria en el ENET número 7, General San Martín, industrial: me recibí de electrotécnico y técnico en comunicaciones. Seguí ingeniería para ser ingeniero en electrónica, y al tercer año se me cruzó esta bendita carrera artística.

—¿Cómo fue ese momento?

—Para costearme los estudios formé con mis compañeros de estudio, primero, un grupo folclórico y ahí íbamos a las peñas. Pero en esa época estaban muy fuerte Los Chalchaleros, Los Fronterizos; nosotros éramos una gotita de agua, entonces no teníamos mucha fuerza. Y por ese entonces estaba de moda mucho lo melódico, y ahí fue que integramos un trío melódico, canté boleros, todo de esa época.

—¿Siempre con la ilusión de ser una estrella?

—La música para mí fue un hobbie, y mi profesión era ser ingeniero en electrónica. Entonces la música era un divertimento porque resulta que cuando era jovencito, 17, 18 años, iba con mi compañero a un baile. Mi compañero era flaco, alto, carilindo, y yo estaba al lado; entonces él sacaba a bailar a una chica y salía la chica a bailar, yo sacaba a otra chica y no me daba cinco de atención porque era petiso.

—¿Qué fue lo más difícil de tu carrera?

—En mi inocencia de chico yo sabía lustrar botas en la plaza 9 de Julio, de Salta. Vendí diarios. Cuando llegamos aquí, a Buenos Aires, no nos aceptaban en los hoteles porque no querían chicos, entonces mamá dice, afligida: "Hijito, me parece que vamos a tener que dormir en la estación Retiro". "Y bueno, mamá, yo te cuido toda la noche, yo te cuido…". Y tal es así que pasamos una noche en la estación y al otro día de vuelta salimos a buscar.

—¿Y qué pasó cuando empezó a venir el éxito? ¿Cómo se pasa de no tener nada a ser una persona pública, reconocida por lo que hace?

—Y… fue muy difícil porque uno no estaba acostumbrado a manejar una cantidad de dinero. Entonces siempre había alguien que trataba de sacarte algo, de prometerte inversiones que después… Pero yo siempre fui cauto, siempre escuchaba un consejo, no sé de dónde lo escuché, que me decían: "Nunca pongas todos los huevos en una sola canasta, siempre pone en distintas canastas, porque se cae una y te quedan las demás". Así que yo ponía un poquito acá, un poquito allá, un poquito acá…

—¿Sentiste que te traicionaron muchas veces?

—Sí, sí, me traicionaron. No muchas veces, pero sí me traicionaron. Había una inmobiliaria de una tal Graciela que también me hizo poner un dinero y después nunca me entregaban los boletos, nunca me entregaba la compra, que se había realizado. Todo mal, en la confianza; yo soy una persona muy confiada también.

— ¿Y en algún momento tuviste problemas con las adicciones, con el alcohol?

—Tuve muchos ofrecimientos, sí, porque en este ambiente, bueno, en todos los ambientes, en las oficinas, siempre hay alguien que de repente te insinúa. A mí se me insinuaban. Y no, no. A mí me ha costado muchísimo esfuerzo llegar a lo que soy hoy, estar en televisión, en la radio, sonar en las confiterías, en los bailes, como para tirar por la borda todo eso en algo que yo día a día, hora a hora, minuto a minuto escucho que es malo. Y entonces, ¿por qué voy a tomar lo malo? No entiendo cómo el ser humano es tan contradictorio. Yo conocí a un médico eminente, director de un hospital, que fumaba a rabiar, fumaba y fumaba. Un médico, digo, ¿cómo puede ser que con su inteligencia, con su sabiduría y sabe que eso le hace mal y va a justamente…? Y falleció a causa del cigarrillo.

—¿Cómo era tu relación con Rodrigo Bueno?

—Tengo una anécdota muy bonita con Rodrigo. Resulta que allá por el año 91, 92, me ofrecieron hacer un programa de televisión en Mar del Plata. Y cuando en una oportunidad estaba yendo para el programa, allí en la playa, lo veo en las escalinatas, así sentadito, a Rodrigo, con su novia de ese momento. Siento que me chistan, giro así y lo veo a Rodrigo: "Vení, Ricky, vení". "Hola, ¿qué hacés, Ro, cómo estás?". "Bien, bien, bien. Te hago una pregunta: ¿cómo se hace para tener éxito?", me dice Rodrigo. Y le digo: "Mira, el éxito es una bendición. Tenés que lucharla y tenés que lograrlo, proponerte una meta y no bajar los brazos. Pero es algo que vos lo tenés que tener allí, enfrente tuyo, y lo tenés que lograr. Va a haber muchísimas piedras en el camino, se te van a caer cosas: no se hace algo, no vas a firmar un contrato. No importa, seguí intentando".

—¿En ese momento no era conocido?

—"Estoy grabando", me dice. "Grabé lo que a mí más me gusta, salsa y temas centroamericanos. Anteriormente grabé algunos temas así, medio melódicos, y no veo cómo explotaste vos". "Vos sos cordobés, Rodrigo", le digo, "¿por qué no cantas lo que suena en Córdoba, el cuarteto?". Me dice: "Hummm…". Había intentado todo menos el cuarteto. Diez años estuvo girando y no había intentado con el cuarteto. Entonces, cuando empezó a grabar cuarteto ahí fue donde…

—Sé que coqueteaste con la política.

—Sí, te imaginas que en aquel momento en donde cada vez que subía al escenario parecía que uno podía hacer de todo, y estaba todo permitido. Y yo siempre tenía las palabras de mamá que me decía: "Hijito, todo lo que vos veas y todo lo que brilla, no es oro. Tenés que ser cauto, tenés que pisar sobre la tierra. Entonces, si vos ves una gran cantidad de gente que te vitorea todo, tenés que seguir siendo la misma persona, el mismo tipo".

—¿Se puede?

—Se puede, se puede…Porque hoy en día mucha gente me dice: "Ricky, vos, con todo lo que lograste, seguís siendo el tipo sencillo, la humildad está con vos porque me venís a visitar a mí en este barrio pobre en el que yo vivo en un ranchito y vos estás comiendo a la par mía como si nada". Y le digo: "No te da otro nivel el éxito. Me da muchas cosas muy bonitas pero no cambia mi persona. Si yo, cuando no era Ricky Maravilla, venía y tomaba un mate cocido con bollos, acá, en tu mesa, ¿por qué no lo voy a seguir haciendo? Sigo siendo la misma persona".

— ¿Y por qué creés que a muchos les cambia la personalidad con un poco de dinero?

—Porque se dejan llevar por la idolatría, por el ego. Se dejan llevar porque se creen superiores, y no es así. Por eso quise incursionar en la política para poder ayudar a mi gente, a mi Salta, a mi pueblo, pero no me comprendieron, no me comprendieron. En una oportunidad salí a recorrer un barrio muy grande, muy populoso de Salta, que era una villa, y salí con una camionetita que decía "Ricky", y fui casa por casa preguntando qué les parecía si yo me presentaba. Y en varias casas me dijeron: "Ay, señor Ricky, me va a disculpar, pero yo ya le prometí al doctor mi voto y yo soy de palabra". "¿Y por qué le prometió el voto?". "Porque me trajo esa bolsita de alimentos". Y el otro vecino me dice: "Me mandó cuatro chapas que necesito y yo no le puedo fallar al doctor". Y el otro, así… Y yo les decía: "Pero eso es un espejito de color porque después contame cuando gane ese doctor, a ver si vuelve nuevamente…". A los años volví a esa casa: "Y, ¿volvió el doctor?". "Nunca más apareció por acá, y me había prometido que iba a venir", me dicen. Y bueno, hasta que no tengamos una conciencia y una cultura política en nuestro país, lamentablemente vamos a seguir así.

—¿Volverías a intentar?

—No lo descarto. Habría muchas cosas que me tienen que convencer, pero muchísimas.

—¿Por ejemplo?

—Tener un equipo de gente que piense en la gente, que sepa lo que es la necesidad y que venga desde muy abajo. Yo pondría como ministro de Educación a un maestro rural, como ministro de Economía a algún maestro que haya estudiado economía, pero un maestro que esté en el Interior y que sepa realmente cómo es, no a la persona que nunca tuvo hambre, no a la persona que es político porque el padre, el hermano y el tío fueron políticos, pero que vivió toda su vida en cuna de oro y no conoce lo que es la necesidad, la pobreza, el hambre, el estar pensando si los chicos pueden comer o no. Si se criaron en cuna de oro, ¿qué se van a comprometer con la gente que realmente está sufriendo?

—¿Lo decís por el gobierno actual?

—No, no, no. Generalizo.