De la devoción al horror: Julia Calvo y el arte de protagonizar Misery en el teatro

En una entrevista exclusiva con Teleshow, la actriz cuenta cómo se preparó para el papel de Annie Wilkes, los matices de una villana inolvidable y la importancia de reflexionar sobre la salud mental desde el escenario porteño

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Entre textos y miradas, Julia Calvo explora la psicología de Annie en la nueva versión teatral (RSFotos)
Entre textos y miradas, Julia Calvo explora la psicología de Annie en la nueva versión teatral (RSFotos)

Antes que enfermera, antes que salvadora, Annie Wilkes es mucho más que un simple personaje del género de terror: es una lectora capaz de convertir la admiración en amenaza. En el universo de Misery, su figura emerge como algo más que la mujer que rescata a un escritor accidentado: es la guardiana feroz de una historia que considera propia, la fanática que no negocia ni olvida. Aislada en una casa perdida entre la nieve, sostenida por una lógica inquietante y una ternura perversa, Annie lleva el cuidado al extremo del control y convierte la devoción en obsesión. Ese universo, cargado de tensión y de ecos psicológicos, se prepara para saltar de la página a las tablas, con Juan Gil Navarro y Julia Calvo como la icónica dupla destinada a perturbar y fascinar a nuevas generaciones de espectadores. En diálogo exclusivo con Teleshow, Calvo revela el vértigo y la fascinación de ingresar en la mente de una villana tan temida como profundamente humana.

En el barrio porteño de Villa Crespo, dentro de una habitación donde la luz tenue se cuela entre los libros y los pósters teatrales, Julia recibe a este medio. Afuera, un sol tímido no logra disipar el frío; adentro, la actriz irradia entusiasmo, contagia energía y anticipa, con cada gesto, la pasión con la que asumió el desafío de estrenar el próximo 18 de junio bajo la dirección de Manuel González Gil. El ambiente parece un eco del universo de Misery: cálido y a la vez cargado de una tensión latente, como la calma antes de la tormenta. Lejos de abordar la obra como un compromiso más, Calvo se sumerge en Annie con una entrega total, sabiendo que el rol exige transitar emociones extremas, contradicciones y el vértigo de poner el cuerpo y la voz que supo prestar en grandes ficciones televisivas como arriba del escenario.

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No es un reto menor. En esta adaptación, donde se entrelazan la obsesión, el terror psicológico y el debate sobre salud mental, Wilkes se instala como el eje del relato, la figura que inquieta y magnetiza a partes iguales. En ese clima que bascula entre la calidez y la incomodidad, muy parecido al que reina en las grandes historias de suspenso, Calvo comparte su mirada sobre la obra, los matices de su proceso creativo y las preguntas que la acompañan en cada ensayo. Cuando la puesta llegue al Teatro Metropolitan, en plena calle Corrientes, el público será invitado a sumergirse en una experiencia que promete tanto vértigo como reflexión, con una apuesta renovada, lista para desafiar los límites entre amor, locura y devoción.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Calvo encuentra un momento de calma y reflexión en el patio de una casa en Villa Crespo, lejos del bullicio del teatro

—¿Qué te sorprendió o qué te llamó la atención de este personaje tan icónico del género de terror?

—Cuando me convocaron, lo primero que me apareció fue la leyenda. No había visto la película ni la obra, pero recordaba el evento de su estreno con Alicia Bruzzo y Rodolfo Bebán, el cartel negro con esos ojos. Pensé que tenía que abordar algo que suponía por dónde iba. Ya en los ensayos, me relajé, me conecté con mi compañero, escuché al director, y la experiencia tomó una temperatura más cálida y hermosa de transitar.

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Al principio me pregunté si lo iba a poder hacer, pero cuando te apoyás en los otros y ellos en vos, todo se vuelve más amable. Es un género en el que nunca había incursionado a este nivel, el terror psicológico. Sí interpreté villanas y personajes muy oscuros, casi sádicos, pero no desde el género. Así lo fuimos entendiendo y abordando juntos con Juan y Manuel. Hay tiempos, ríos subterráneos, y la técnica es importantísima.

—¿Qué fue lo primero que se te vino a la cabeza ante el personaje de Annie y su historia?

—Me subyugó. Annie y el escritor, más allá del género y lo que propuso Stephen King, hablan de una problemática muy actual. No es solo la relación fan-ídolo, sino la salud mental, que puede atravesar a cualquiera: madre, esposa, hija, hermana. En este caso la relación es con su ídolo, pero para mí es importante hablar del descuido social, de la negación de la salud mental, de la esclavitud emocional. Nos conmueve mucho. Con Juana charlamos sobre todo esto y nos pega porque nos sentimos parte de una sociedad atravesada por estos temas. Ojalá la obra haga reflexionar, sobre todo a mi generación, que vivió la opresión, el encierro, la falta de libertad.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Entre plantas y luz natural, la actriz se prepara para encarnar un personaje que invita a la introspección

—¿Sentís que es una forma de llamar a la reflexión y poner temas que hoy en día tal vez no están tan presentes?

—Ojalá ese haya sido el motivo central de Stephen King, lo pienso yo. Creo que él buscó hacer terror psicológico, pero algo debió movilizarlo. En el montaje de Manuel y en los textos, me surge esa pregunta: ¿por qué quiso escribir esto? ¿Por qué exponer este tema en otra época? Está lleno de intrigas interesantes y eso me encanta.

—Cuando te metés en la psicología de Annie, ¿la ves más como villana o como víctima?

—A veces termino un ensayo y me pongo a llorar. Los chicos me cargan, pero no puedo creer que exista gente así, porque existe gente así.

—¿Te pasó alguna vez una situación similar, aunque sea en menor escala?

—Mucho más leve, pero sí. Tiene que ver con la cercanía que da la cámara o la pantalla. Una vez, en un locutorio, una señora me saludó como si me conociera. Me dijo: “Entrás a mi casa todas las noches”. Estaba haciendo Soy gitano. Fue una sorpresa y una conmoción, porque entendí que para ella yo era parte de su vida cotidiana. Por suerte, mis personajes han sido muy queridos y eso ayuda a que la gente también me quiera. Pero esa línea entre la ficción y la realidad es muy fina.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
De la ficción al día a día: Julia y Juan Gil Navarro llevan el vínculo entre Annie y Paul Sheldon a un encuentro íntimo en Villa Crespo

—¿Cómo manejás esa línea tan fina entre la ficción y la realidad?

—No sé si es solo separar la ficción de la realidad, sino entender que el actor tiene su ámbito laboral y su vida personal. En el caso de Annie, ella admira al escritor, se devoró sus novelas, pero en algún punto quiere que él sea suyo, y ahí se cruza una línea peligrosa. Además, él mata a su personaje favorito y para ella es algo personal. Cuando mataron a mi personaje en ATAV, en la calle me decían: “¿Cómo van a matar a la mamá?” A esta le pasa algo similar. Porque ella es fanática del escritor, pero sobre todo de ese personaje.

—¿Cómo construiste el personaje a nivel psicológico y corporal?

—Con un compañero como Juan y la guía del director uno puede trabajar con tranquilidad. Además, Manuel hizo la obra antes, la conoce y seguro se hizo muchas de las preguntas que nos hacemos ahora. Lo construí porque mi compañero me daba la derecha y porque el trabajo fue en equipo.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Un rincón cotidiano de Buenos Aires se transforma en espacio de intercambio creativo para los protagonistas de Misery

—¿Cómo fue reencontrarte con Juan? ¿Qué te aportó ese vínculo en escena?

—Nos conocimos en Soy gitano, donde tuvimos un duelo de bruja a diablo en cámara. Después compartimos Las alegres mujeres de Shakespeare y Las brujas de Salem. Tenemos un código de trabajo y nos llevamos muy bien. Eso es lo más importante.

—¿Te sorprendiste alguna vez en un ensayo haciendo algo que no esperabas?

—Al principio pensé que era un personaje trágico, pero descubrí que hay momentos de mucho humor. No es que busque ser graciosa, pero aparece y lo dejamos ser. Todavía no llegamos a la parte técnica más física, pero sé que me voy a encontrar con situaciones nuevas. Es muy corporal, muy intensa, y cada vez que termino un ensayo, termino agotada.

Annie Wilkes.
Kathy Bates como Annie Wilkes en la versión fílmica de Misery (Amazon Primer)

En los últimos tiempos alternaste proyectos muy variados: MasterChef, Ellas son tango, Margarita¿Cómo encontrás el equilibrio entre personajes cálidos y uno tan disruptivo como Annie?

—Pensé que iba a poder hacer otras funciones mientras ensayaba, porque ahora vuelve Ellas son tango y tenía la posibilidad de hacer algunas funciones mientras ensayaba. Pero hoy te digo que no hubiera podido. Es de mucha demanda y está buenísimo. Pero primero dije: “Ay, yo hubiera querido ir a cantar”. Igual seguimos con las chicas conectadísimas.

Pero está bueno también eso, saber dónde desapegar tranquilo y soltar por algo nuevo que además me demanda mucho y está buenísimo. Y hablando del reality, tenemos un chat con los chicos y me decían: “Julia, avisá cuando Misery, te queremos”. Porque recibí la noticia estando en MasterChef. Me decían: “Boluda, eso es genial”. Walas me dijo: “¿No viste la película? Es tremenda”. Y cuando la leí por primera vez ya tenía todo el CD ese, y es tal cual me lo dijo Walas. Es tremendo.

—¿Te asustaste alguna vez por la exposición que genera mostrar tu vida personal en los medios?

—Sí. Recuerdo que una vez, para un programa en Israel, me pidieron un mensaje para un niño fan de Casi Ángeles. Cuando vi cómo mostraban mi casa, sentí que había expuesto de más mi espacio personal. Hoy soy mucho más cauta. Es muy común querer mostrarse más humano, pero la exposición tiene consecuencias. Todavía hoy me preguntan por el Martín Fierro que me robaron hace 25 años. A veces uno quiere contar una cosa y termina quedando marcada por otra.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
En la quietud del barrio, la actriz explora emociones y movimientos, lejos de la vorágine de los camarines

—¿Sentís que mostrarte más cercana o más humana puede ser un arma de doble filo?

—Sí. En MasterChef era yo, no un personaje, y la gente en la calle me decía: “Cómo nos reímos con vos”. Pero muchas veces estaba llorando. Es una situación rara y difícil de manejar.

—¿Qué te dicen los fans que te haya quedado grabado y que tal vez uses en escena?

—Muchas cosas que me dicen los fans las uso. Cuando me dicen: “Ay, me muero”, yo les respondo: “No, no se muera”. Pero hay que entender que el personaje está atravesado por una salud mental frágil, y eso puede llevar a cualquier lado.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
La actriz aprovecha la luz de la tarde porteña y comparte un momento de calma y reflexión previo al gran estreno de la obra

—¿Sentís que hay una responsabilidad social en cómo se abordan estos temas desde el arte?

—Sí, hay que cuidar mucho eso. Los que damos el material, ya sea el escritor o el actor, tenemos esa responsabilidad. Y también la sociedad. Hay que estar atentos, sobre todo con los jóvenes. Hoy en día, las familias, específicamente los padres, no tienen en quién sostenerse como en el pasado. A mí me sostuvieron mi mamá, mi papá y un póster de Robert Redford.

—¿Qué es lo que más te gusta del teatro hoy?

—La posibilidad de vivir una historia por un tiempo, de contar un cuento y de sentir cómo lo recibe el público. Me encanta el silencio, la expectativa, la risa, el llanto, pero sobre todo transitar la función. Ahora que estamos haciendo pasadas, todo el tejido de la obra aparece y siguen surgiendo cosas.

Entrevista a Juan Gil Navarro y Julia Calvo
Entre tazas y guiones, Calvo se prepara para causar furor con un personaje icónico del terror (RSFotos)

—¿Qué te gustaría que el público se lleve de la obra?

—Me gusta que el público reciba una historia y que le pase lo que le tenga que pasar. El mensaje de salud mental o cualquier otro estará en cada espectador, como lo estuvo en mí. Siempre me pregunto, junto a Juan, qué es lo que alimenta la locura del personaje. Hoy las redes achican la distancia entre el artista y el público, y eso puede resultar peligroso. Hay público que solo quiere escuchar historias y otros, como Annie, quieren comulgar con el otro. El trabajo de uno no permite que te invadan.

Crédito: RSFotos.

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