"Cuando era chica la palabra travesti me daba cosita. Me recordaba cosas marginales, de la calle, la prostitución, las drogas… Por suerte todo cambió y ahora se dice trans, que es más abarcativo. Y ya no se asocia a algo marginal, oscuro, tabú. Hay una visibilización inmensa en el mundo entero. y se está llevando a lugares de aceptación muy buenos".

Mariana Genesio Peña no quiere revelar su edad y se limita a afirmar que tiene "menos de 38". "Soy muy coqueta, por eso no me gusta decir cuántos años tengo", le confiesa a Teleshow la actriz trans que debutó en televisión con su participación en El Marginal 2.

En la serie, su personaje forma parte del pabellón trans en el cual se brinda el servicio de peluquería en el penal San Onofre. Pero también los Borges (Claudio Rissi y Nicolás Furtado) llevan a cabo los negocios sucios y planean el derrocamiento del Sapo (Roly Serrano).

"Actuando en una compañía de chicas trans fuimos a hacer una obra a la Cárcel de Ezeiza. Había un pabellón trans y a mí me llamó muchísimo la atención que las chicas trans estuvieran en la cárcel de hombres. Me parece espectacular y jugado lo que hizo Underground. Es súper interesante que lo reflejen en la serie y más en esta época, que están apareciendo muchas historias de chicas trans en la televisión. Me resulta educativo porque es una realidad", analiza la actriz, quien está casada con el guionista Nicolás Giacobone, ganador de un premio Oscar en 2015 por el mejor guión original de la película Birdman.

Un lento descubrir. Oriunda de Córdoba capital, Mariana decidió cambiar de sexo a los 18 años cuando terminó el colegio. "En realidad, en la mitad de mi adolescencia empecé a androginarme. No es que tenía el look de un varón, era como una cosa que no sabía bien qué era", recuerda sobre su transición.

"Uno va tratando de adecuar su vestimenta a lo que le sienta cómodo. Yo me dejé el pelo largo, usaba pantalones ajustados y remeras al cuerpo, que marcaran mi figura. Me gustaba todo lo que era femenino", explica Genesio Peña, hablando como una porteña más. Sucede que como la mayoría de sus compañeros y profesores en la secundaria eran de Buenos Aires, perdió "la tonada" de muy joven.

Mariana asegura que la decisión de cambiar de género no surgió de un día para el otro, sino que la tomó de manera gradual: "No es que antes de ser trans era infeliz. Pero era algo que yo quería ser, lo que me faltaba para sentirme cómoda".

Su abuela fue la primera en apoyarla cuando enfrentó a su familia para decirles que a partir de ese momento la llamaran Mariana, o Marian, como le dicen en la intimidad. "Me dejaba hacer lo que yo quería y me sentía muy protegida por ella", destaca.

Estoy tratando de encaminar mi carrera como actriz, dejar de trabajar solo de actriz trans

Con sus padres fue distinto. "A mis viejos fue a los que más les costó. Ningún padre nace preparado para que un hijo o una hija cambie de identidad. Siempre se genera un miedo a que tus padres te dejen de querer o que sientan vergüenza". Y ella, ¿cómo lo vivió? "Para mí no fue algo traumático pero tampoco fue fácil. Me costaba emocionalmente: me sentía con mucha culpa y tenía miedo de que no me pudieran aceptar. Por suerte, (mis padres) lograron ver que podía llevar una vida normal y que podía ser feliz".

Según reconoce, hasta hace algunos años sus papás todavía la llamaban por el nombre que le pusieron al nacer. "A veces se les escapaba, pero era la costumbre".

Otra búsqueda: la vocación. Mucho antes de comprender que quería ser actriz, Mariana estudió seis meses de psicología y dos años de traductorado de inglés: "Abandoné para ir a trabajar a un boliche. Primero fui bartender y a la semana ya estaba arriba del escenario. Me encantaban las plumas, los brillos…".

Así comenzó su incursión en el mundo artístico. "Formamos una compañía en la que hacíamos shows y animábamos todas las noches en el boliche. También hice algunas cositas como modelo", cuenta Genesio Peña, quien declara una sola cirugía: las lolas.

"Por el momento no pienso en otra operación. Estoy conforme con todo mi cuerpo, y casi te diría que las lolas están de más: para realizarme como mujer no necesito ninguna transformación –advierte–. Quizás en un futuro me pueda hacer algún retoque estético, pero no siento la necesidad de hacerme una cirugía para cambiar de sexo. Estoy en un lugar de mi vida en el que me di cuenta de que la feminidad pasa por otro lado, más que por un agregado o una transformación quirúrgica".

Habiendo dejado Córdoba en 2008 para probar suerte en Buenos Aires, el diseñador Roberto Piazza la eligió para que desfile sus diseños. Luego vino el teatro under, con la esperanza de llegar a la Calle Corrientes, allí donde había visto a Cris Miró y Florencia de la V. "Yo pensaba: '¡Qué lindas son!, glamorosas…'. Veía que ellas podían hablar frente a cámara y entonces creí que yo también podría. Quería ser como ellas. Fueron mi ejemplo a seguir".

Polémicas al margen. Mariana está al tanto del enfrentamiento público entre Florencia de la V y Lizy Tagliani por sus diferentes visiones sobre cómo tratar la diversidad de género. Pero asegura que no está ni de un lado ni del otro. "No me siento identificada con ninguna y, al mismo tiempo, me siento identificada con las dos –sostiene–. Y me parece que cada una está en la libertad de poder expresarse como quiere, como le sale y con lo que tiene".

"Lizy es muy inteligente, tiene el talento de hacer reír y genera algo en la gente que descomprime, que es eso de reírse de uno mismo. Flor empezó su carrera haciendo ese tipo de humor y entiendo que después de 20 años no tiene ganas de seguir haciendo chistes con la maquinita de afeitar…", argumenta Genesio Peña, quien también integró el elenco de Animal, película protagonizada por Guillermo Francella y Carla Peterson.

Tengo las lolas operadas y no siento la necesidad de hacerme una cirugía para cambiar de sexo

Después de una década estudiando actuación y con los distintos trabajos que figuran en su currículum, el sueño de Mariana es ser convocada para hacer otro tipo de papeles, no solo el de una mujer trans. "Estoy tratando de encaminar mi carrera como actriz, dejar de trabajar solo de actriz trans. Ese rótulo es innecesario y ridículo. Hay tantos actores y estrellas muy talentosos que todo el mundo sabe que son gays y jamás se tuvieron que sentar en un living a hablar de su homosexualidad", confía, más resignada que molesta, quien dio que hablar cuando protagonizó una publicidad televisiva que buscaba derribar prejuicios.

"Entiendo que la transexualidad es algo más nuevo y la gente necesita información y educarse en cuanto a cómo tratarla. Pero para mí, la mejor manera de militarla es olvidándose –dice, aportando su propia mirada–. Yo me olvido de que soy trans, no vivo como trans y tampoco agarro papeles que necesariamente tengan que ver con mi transexualidad".

"Me encanta actuar de chica trans, pero me gusta que la historia sea más importante y que el conflicto principal no sea la transexualidad. Querría poder contar distintas historias. Sin renegar de mi transexualidad porque amo ser travesti –aclara–, es una elección mía y fue la solución de mi vida. No lo vivo como un trauma ni como una cruz. Al contrario, para mí es un placer. Pero además de eso, soy otras cosas".

El amor sana, y salva. En marzo de 2009 Mariana se planteó la posibilidad de volver a Córdoba porque su estadía en Capital no había sido como la esperaba. No conseguía trabajo y tampoco le había ido bien en el amor. Fue entonces cuando, mientras tomaba un café en un bar, sintió un flechazo, como en una película romántica.

"¡Suena re cursi pero fue así!", advierte y cuenta cómo conoció al guionista Nicolás Giacobone. "Estaba desahuciada, melancólica, y de repente entra un muchacho de 1.90 que me llamó la atención. Nos miramos, salió, y a los dos minutos volvió a entrar. Se sentó en una mesa cerca de la mía y fue tan incómodo el hecho de que nunca dejamos de mirarnos que se levantó y me preguntó si podíamos tomar un café".

Mariana y Nicolás pasaron horas y horas charlando, conociéndose, contando sus respectivas historias de vida. Se hizo tan tarde que ella tenía entradas para ir al teatro con una amiga a la que le canceló por mensaje de texto: había decidido invitarlo a él. "No hizo falta aclararle nada porque, la verdad, era obvio. Esto fue hace 10 años. Estaba menos sofisticada, sin maquillar y hasta despeinada", recuerda quien se define como "una persona simple que se redescubre día a día".

"Por eso me llamó más la atención. No tenía la intención de levantarme a nadie. Apareció cuando menos lo esperaba", confía, y como para terminar de darle crédito a la idea del flechazo, dice: "La primera vez que abracé a Nico sentí que estaba en mi casa, que había encontrado mi lugar y que estaba enamorada".

La actriz decidió quedarse en Buenos Aires. Se mudaron juntos y en 2015 se casaron, después de que ella obtuviera su documento de mujer. "Apenas salió la ley salí corriendo a cambiarme el DNI. Fue lo mejor que me pasó en la vida". Pero más allá del amor, el matrimonio se produjo "por cuestión de papeles" cuando al guionista le salió un trabajo en Estados Unidos.

"No fue algo muy romántico, la verdad, sino que era más fácil estar casados", explica Mariana, que no tiene el deseo de ser madre. Y esa es también una decisión de pareja. "Estamos en la misma línea de pensamiento. Nos encanta nuestra vida con nuestro perro. Nos gusta viajar, no tener horarios… Tener un hijo implica una responsabilidad inmensa y no me siento preparada para eso. Me estresa el solo hecho de pensar en poner el despertador para llevarlo al colegio".

En 2015 Mariana acompañó a Nicolás a la entrega de los premios Oscar. Después de recibir la estatuilla por Birdman, asistieron a una exclusiva fiesta organizada por la Academia de Hollywood a la que solo ingresan las celebrities. 

El guionista se sentó a comer, y la actriz fue a la pista a bailar junto al primo de Giacobone, el reconocido guionista Armando Bó, y su mujer. "De repente siento que me empiezan a mirar de manera tensa y noté que algo estaba pasando. Me doy vuelta y estaba Mick Jagger sacándome a bailar", cuenta Mariana, quien no se perdió la oportunidad de aceptar la propuesta del líder de los Rolling Stones.

"Bailamos en el medio de la pista y todos nos miraban. Hasta que en un momento se puso medio cariñoso. Se me arrimó bastante, yo me puse nerviosa y salí corriendo como si fuese La Cenicienta. ¡Una tarada! Fui a buscar a Nico y lo primero que le dije fue: '¡Mick Jagger me quiso chapar!'. Él se rió, y me dijo que por lo menos le hubiera dado un pico".

Fotos producción: Christian Bochichio

Agradecimientos: Ezequiel González, de Fabio Helen Salón

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