Tras los acontecimientos de la primera parte, Adonis Creed se ha transformado en campeón mundial de los pesos pesados, la vida le sonríe y ha logrado escalar al lugar en el que brilló su padre. Pero, la aparición de un nuevo retador lo hará trastabillar. Víctor Drago, el hijo de Iván Drago, el boxeador que mató a Apollo Creed en el cuadrilátero lo ha retado. Con la ayuda y el consejo de Rocky Balboa, Adonis se dispone a enfrentar su pelea más peligrosa.

Creed II: defendiendo el legado sigue acrecentando la franquicia ideada por Sylvester Stallone, que aquí vuelve a presentarse frágil, cansado, pero con el mismo carisma y personalidad que lo llevó a ser un héroe del boxeo. El filme luce moderno, con una puesta en escena que conduce al espectador al centro del ring, en medio de peleas brutales y sangrientas en las que cada golpe suena real y doloroso.

Más allá de la realización, la película funciona como un ejercicio de nostalgia para aquellos que en los ochenta disfrutaron de Rocky IV, la entrega más popular de la serie, un filme ambientado en plena Guerra Fría que se convirtió en objeto de culto.

Toparse con Stallone y Dolph Lundgren repitiendo sus míticos papeles resulta emocionante. Dos gigantes, dos íconos frente a frente que aún pueden combatir, aunque no usen puños, sino miradas y palabras.

Obviamente, como ocurre con toda la saga, este filme no es solo sobre el boxeo, sino que versa sobre la culpa, la relación padres e hijos y por supuesto deriva en un camino de redención, que todos los involucrados, a su manera, deberán recorrer.

Si las estrellas veteranas del filme se lucen, lo mismo hay que decir de Michael B. Jordan, que es puro corazón y garra, un actor con muchos matices con el que es fácil empatizar. Pasional, entretenida y sorprendente, parece un broche de oro para la historia del semental italiano, aunque nunca se sabe… por más que del rincón se arroje la toalla, Stallone vuelve… siempre vuelve.

SEGUÍ LEYENDO