
Subirse a un escenario es, para Alan Madanes, abrirse al temblor y la emoción de lo desconocido. Los desafíos nunca le resultaron ajenos: a los 32 años, siente que cada personaje es una oportunidad para transformarse y conmoverse de nuevo. Ahora, se prepara para ser el Narrador adulto en Los ojos del perro siberiano, la primera adaptación musical del clásico de Antonio Santa Ana, que llega al Teatro Politeama. En diálogo con Teleshow, Madanes comparte la intensidad de este presente y la ilusión de formar parte de una historia que marcó a tantas generaciones.
Su vida y su carrera están atravesadas por el amor a la música y la entrega total al teatro. La pasión lo llevó a animarse a cruzar géneros y estilos, y a dejar su sello en propuestas de gran exigencia y popularidad: fue parte de Cuando Frank conoció a Carlitos en el Teatro Astral, donde se sumó al imaginario de Sinatra y Gardel, y también de Sandro, el Gran Show en el Coliseo, asumiendo el reto de rendir tributo a uno de los grandes íconos nacionales. Cada experiencia lo obligó a reinventarse y a buscar la verdad emocional en cada nota y cada escena.
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Este 1° de septiembre, bajo la adaptación de Nico Sorrivas y Martín Palladino, y la dirección de Sorrivas y Ceci Miserere, Madanes vuelve a apostar por el riesgo y la sensibilidad.En compañía de un elenco con figuras como Fabio Di Tomaso y Felipe Bou Abdo, Los ojos del perro siberiano lo enfrenta al desafío de narrar una historia de vínculos, silencios y prejuicios, en la que el mayor motor es la honestidad y la entrega. Cada estreno es una invitación a empezar de cero y a dejarse atravesar, otra vez, por la potencia única del teatro y la música.

—¿Cómo vivís la previa al reestreno de la obra?
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—Estamos a tan solo tres días del estreno. Estoy muy contento y trabajando con un equipo increíble. Hoy entramos al teatro para empezar a montar todo. Es una oportunidad hermosa.
—¿Cómo empezó tu pasión por la actuación?
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—Empecé a actuar de muy chico, pero mi primer acercamiento al arte fue la música. Empecé a tocar instrumentos desde pequeño y grabé jingles y publicidades cantando para radio y televisión. Después, de a poco, comencé a estudiar teatro y actuación en la adolescencia. Hace unos diez años que hago teatro profesional, musicales y obras de texto, películas y series. Todo se fue dando de a poco.
—¿Fue una decisión personal o hubo influencia familiar?
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—Mi papá (Lisandro) es músico y aprendí mucho en casa. Mi abuela me llevaba seguido al teatro; era muy teatrera. Por la familia llegó el arte y luego, en la adolescencia, nació mi interés propio por investigar. Me anotaba en cursos de teatro, estuve un tiempo en la UNA y muchos años en la escuela de Nora Moseinco. La música la aprendí casi de manera autodidacta y la actuación la estudié mucho. Apenas terminé el secundario ya empecé a trabajar, así que todo se fue encadenando naturalmente.

—¿En qué momento descubriste que era tu verdadera vocación?
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—La pasión la tengo desde niño. Me gustaba actuar en actos escolares, disfrazarme y jugar a improvisar en mi casa. La vocación se fue consolidando con el trabajo diario, cuando hacer funciones y vivir esa rutina te hacen darte cuenta de que es tu camino. La vocación se desarrolla y uno va aprendiendo con el tiempo, con lo bueno y lo malo del oficio.
—¿Qué momento marcó un antes y un después en tu carrera?
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—Hubo muchos momentos fundacionales, pero hace dos años hice Cuando Frank conoció a Carlitos. Fue la primera vez que hice una temporada tan larga en un teatro grande. La obra tuvo muy buena recepción, la gente la disfrutó mucho y eso hizo que productores, directores y el público me vieran de otra manera. Sobre todo, mucha gente me conoció con esa obra. Fue un antes y un después, le tengo mucho cariño.
—¿Cómo surgió la propuesta de Los ojos del perro siberiano?
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—Soy muy amigo de Juan Pablo Schapira, el compositor de la música y las letras. Trabajamos juntos hace años y hace un año me acercó el proyecto. Me propuso ser el narrador de la historia. Nos reunimos a leer y todo se dio de manera muy genuina. Lo primero que escuché fueron las canciones, que me cantó en el living de mi casa, y me enamoré enseguida. Después se fue armando el elenco y, por supuesto, me leí la novela muchas veces. Es una historia muy conmovedora y estamos todos muy comprometidos.
—¿Qué significa para vos llevar esta historia al teatro?
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—Me gusta mucho leer y también escribo, por eso valoro mucho las historias. Esta novela abre un universo enorme y conmovió a mucha gente. El gran desafío es humanizar todas esas emociones escritas en la novela, ponerles cuerpo, voz y corazón. Nunca me había pasado sentirlo tan claro. Humanizar personajes de una novela es distinto, porque hay muchos fanáticos y es una responsabilidad cumplir con la historia original de Antonio Santa Ana.

—¿Cómo fue interpretar a un narrador adulto que cuenta su propia historia a la distancia?
—Trabajamos mucho sobre la temporalidad de Dante (Barbera), el narrador niño. Fue sencillo porque él es un gran actor y también fue fácil construir el vínculo con Feli, el hermano, a quien ya conocía. Armamos un triángulo de hermanos muy sólido. Es un personaje que está atravesado por muchas cosas de su infancia, pero las cuenta siendo adulto. Lo construí a partir de lo que hizo Dante, fue un proceso muy especial.
—La obra aborda temas como los prejuicios, el VIH y los secretos familiares. ¿Qué te movilizó al interpretar al narrador?
—La mayor responsabilidad fue contar algo que hoy se conoce más pero que, en su momento, era desconocido. Tratamos el tema con mucho cuidado y la novela lo hace desde un lugar sano. Más allá del VIH, la historia conmueve por lo que vuelca en la familia y la forma en que la sociedad discrimina. Tuvimos el asesoramiento de Fundación Huésped, lo que fue muy valioso para nosotros.

—¿Creés que la obra puede dejarle algo a las nuevas generaciones?
—Sí, totalmente. El teatro es una oportunidad para reflexionar. Las mejores historias no dan respuestas, sino que abren preguntas. Esta obra invita a pensar sobre el modo en que miramos al que tiene un problema o es diferente. Las nuevas generaciones pueden enseñarnos mucho. Es una obra que puede atraer tanto al público habitual del teatro como a quienes nunca asistieron.
—El teatro musical está en auge y vos sos parte de esa escena. ¿Cómo vivís este fenómeno?
—Me enorgullece ser parte de este momento del teatro musical, siento que pertenezco a una comunidad. Aunque también trabajo en otros ámbitos, las disciplinas se fueron mezclando y terminé haciendo muchos musicales, aunque no era mi sueño inicial. El teatro musical hoy ofrece muchos estímulos para el espectador, compite con la tecnología y las pantallas. Hay nuevas generaciones con mucha pasión y eso hace que la industria crezca.

—¿Qué te deja trabajar con chicos en el elenco?
—Lo que más disfruto es ver la pasión con la que trabajan. Tienen una capacidad increíble para abordar temas difíciles y nunca dejan de ser niños jugando, aunque se lo toman muy en serio. Me ayudan a no perder el niño interior que me llevó a actuar. Aprendo mucho viéndolos y construimos juntos los personajes con mucha libertad.
—¿Cómo recordás tu paso por Cuando Frank conoció a Carlitos y qué te dejó ese personaje?
—La respuesta del público sigue sorprendiéndome. Que te digan que les gustó lo que hiciste es un regalo. La preparación fue intensa, trabajé mucho el acento e intenté acercarme al universo de Frank. No buscábamos el hiperrealismo porque la obra es poética, un universo inexistente para cantar tangos en inglés y realzar la figura de Gardel. Mi trabajo fue también por el lado del humor. Con Oscar (Lajad), que es un gran compañero, construimos mucha química. Me permitió ponerle el cuerpo y la voz a emociones argentinas. Me marcó mucho esa obra y sé que voy a volver a ese personaje.

—También interpretaste a Sandro en Sandro, el gran show. ¿Qué significó para vos ese desafío?
—Fue un desafío enorme. Disfrutamos mucho hacer esa obra el año pasado. Con Nacho (Pérez Cortés) éramos los dos Sandro. Él era una especie de alter ego, una interpretación más fiel, y yo tenía que encontrar mi propia versión. Por su parte, Nacho, más allá de ser un gran intérprete, es un artista con mucha emoción e ideas propias. Me encantó trabajar con él. Mi desafío era ser lo más yo posible para el personaje, porque la historia trataba sobre el ascenso de un artista que quería ser Sandro pero no lograba serlo, porque Sandro es único. Al final de la obra, mi personaje lograba sacar su propio artista de adentro. Durante toda la obra tenía que ser un poco Sandro y me volví obsesivo con la preparación, veía todos los días la canción “Penumbras” y la cantaba muchas veces. A veces llegaba cansado a los ensayos porque había estado en casa practicando. Fue un proyecto muy divertido y justo ahora se cumplieron 81 años desde el nacimiento de Sandro.
—Después de estos personajes tan distintos y ahora con este nuevo proyecto, ¿cambiaron tu manera de trabajar?
—Sí, creo que estos desafíos me dieron herramientas nuevas. No llego a los ensayos con una idea cerrada, me gusta construir en el proceso y trabajar con los directores. Antes era más estructurado con el texto y ahora me permito aprenderlo con el cuerpo, en los ensayos. El entrenamiento de estar en varios proyectos a la vez me dio más libertad. Valoro cada trabajo, incluso los que me generaron dudas, porque todos forman parte de mi camino.

—¿Qué sueño profesional te queda pendiente o te gustaría animarte a hacer?
—Cuando me preguntan por sueños, suelo decir que los tengo, pero muchos se cumplieron, otros se olvidan y algunos son imposibles. Hoy, mis metas más concretas tienen que ver con la música. Estoy preparando mi primer disco, me lleva tiempo y esfuerzo, pero deseo terminarlo y presentarlo pronto. Son sueños más cercanos y posibles, y eso me incentiva a seguir.
—¿Tenés una fecha para lanzar el disco?
—Empecé este año pensando que lo iba a terminar antes, pero el teatro me ocupó mucho. Espero avanzar en septiembre y octubre; si no está para fin de año, será a comienzos del año próximo. Es algo que quiero terminar.

—¿Qué te gustaría que el público descubra de vos en Los ojos del perro siberiano?
—Me gustaría que vean una sensibilidad distinta. Soy un actor que pone mucho cuerpo en la actuación y busco siempre la sensibilidad de los personajes. En esta obra quisiera mostrar una emoción diferente, algo del dolor y la tristeza, como dice el texto, “la tristeza cosida a los pies”. Ojalá el público se conmueva con la historia y con el trabajo de todo el elenco. La obra tiene músicos en escena, un ensamble increíble y hasta títeres. Todo se hizo con mucha pasión y respeto por la novela.
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